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Opinión, Teatro
Interiores

El teatro simbolista de Maurice Maeterlinck

La renovación del género dramático
Luís Martínez González
10:37h Lunes, 30 de noviembre de 2009
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En los años finales del siglo XIX, la literatura francesa se vio enriquecida con varios autores de nacionalidad belga y francófonos que muestran una calidad excelente. Entre ellos, se encontraban, como más destacados integrantes, los novelistas Rodenbach y Lemonnier, el poeta Verhaeren y el también lírico y dramaturgo Maeterlinck.

La filosofía de Hegel -en la foto- influyó poderosamente en la obra de Maeterlinck

La filosofía de Hegel -en la foto- influyó poderosamente en la obra de Maeterlinck

Pero, sin duda, es éste último el más ilustre de todos ellos y uno de los más relevantes miembros de la escuela poética simbolista que fundaran Mallarmé y Paul Verlaine. Maurice Maeterlinck (Gante, 1862-1949) fue, además, un estudioso de la filosofía y la literatura, lo que le permitió conocer en profundidad a Hegel y Schopenhauer y a los autores del Romanticismo alemán –Novalis, los hermanos Schlegel, etc-, cuya defensa del idealismo influiría poderosamente en su obra.

En 1886, se trasladó a París, donde entró en contacto con los integrantes de la escuela simbolista, especialmente con Mallarmé y Villiers de L’Isle-Adam, cuyo magisterio terminaría de configurar su estilo literario. En 1911, le fue otorgado el Premio Nóbel de Literatura.

Maeterlinck es un excepcional poeta, pero, quizá, lo más destacado de su obra sean sus dramas. Junto al gran escenógrafo Constantin Stanislavski, revolucionó el teatro, mediante la introducción del estatismo, es decir, reduciendo la importancia de la acción para transferir el protagonismo a los actores, que son quiénes verdaderamente deben transmitir sus emociones e inquietudes.


En sus tragedias no hay grandes acontecimientos ni héroes. Lo verdaderamente importante es la vida cotidiana, pues ya vivir es, de por sí, suficiente heroísmo. Sus personajes su criaturas que luchan contra la fatalidad, contra el destino. Se trata de dramas con un profundo contenido simbólico.

Así sucede en Interiores, estrenada en 1890, que es, además, una obra de suspense, envuelta en una atmósfera sofocante. Una familia se encuentra plácidamente en su hogar, mientras la hija ha salido a jugar al bosque. Entretanto, una pareja habla fuera de un suceso que ha conmovido al pueblo: una niña ha sido encontrada muerta en el río. Aparece un grupo de personas cargando el cuerpo de la desdichada muchacha. Y, mientras esto sucede, la familia no sabe nada y permanece en su casa mientras, al otro lado de la puerta, nadie se atreve a llamar para darles la luctuosa noticia.

Gante, ciudad natal de Maeterlinck

Gante, ciudad natal de Maeterlinck

Como vemos, la obra se desarrolla en tres planos distintos y, además, el autor tiene el acierto de involucrar al público, al convertirlo en testigo de hechos que hasta algunos personajes desconocen. Este componente participativo del espectador en la representación alcanzará gran éxito en el teatro posterior.

Sin duda, Maeterlinck era un excepcional dramaturgo, aunque la calificación del crítico contemporáneo Mirabeau, quién lo situó por encima, incluso, de lo mejor de Shakespeare, nos parece un tanto excesiva.

Podeis leer la obra aquí.

Fotos: Hegel: Sobibor en Flickr | Gante: Pasotraspaso en Flickr

Comentarios (1)

  • sandy
    04:49 24 mayo 2010

    genial

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