
Estatua de Chejov en Moscú
La Historia de la Literatura rusa es muy peculiar, tanto como la del propio país. Prácticamente inadvertida hasta el Romanticismo, se incorpora en estos momentos a las letras universales con una gran figura: la de Alekxander Pushkin, un excepcional poeta. Desde entonces, en un periodo de años mínimo, alcanza una madurez pletórica, presentando figuras de primera fila, de la talla de Dostoievski o Tolstoi.
Es decir, en un breve plazo de tiempo, consigue situarse a la altura de las mejores literaturas que ya contaban con una trayectoria anterior mucho más relevante y con autores extraordinarios. Dentro de ella, si pueden considerarse a los mencionados como las primeras figuras de la poesía y la narrativa, respectivamente, en el campo teatral el primer gran nombre que aparece es el de Antón Chéjov, quién, formando pareja con un gran teórico de los escenarios –Konstantín Stanislavski- revoluciona la dramaturgia rusa y aporta excelentes obras a la universal.
Pero Antón Pávlovich Chéjov (Tanganrog, 1860-1904) no es solamente un autor teatral. Sus relatos breves son, igualmente, de una calidad extraordinaria, erigiéndose en relevante cronista de la sociedad rusa. Aunque médico de profesión, escribió durante toda su vida y fruto de ello son un sin fin de relatos y un buen número de obras teatrales. Entre las segundas, son inolvidables La gaviota o El tío Vania.
Y entre los primeros, sin duda, el más relevante es La sala número seis, que ha sido considerado una auténtica alegoría de la sociedad rusa de los zares: mediante los diálogos de la pareja formada por Gromov, enfermo recluido en un manicomio, y Raguin, su médico, presenciamos dos perspectivas opuestas y muy comunes en la vida del país y en las que no está muy claro quién es el cuerdo y quién el loco (de hecho, el médico acaba también internado en el centro).
Y, si La sala número seis es una radiografía de la mentalidad rusa, el brevísimo relato El talento lo es de la de los artistas rusos, a través de la figura de los pintores Savich, Ukleikin y Kostilev. Aquejados de una suerte de atonía decadentista y del nihilismo tan en boga en aquellos momentos, a sus grandes ideas pictóricas oponen una apatía enfermiza que les impide interesarse por nada, ni siquiera por la joven Katia, enamorada del protagonista.
Se trata, por tanto, de una amable sátira del mundo del arte ruso, no exenta de humor, y de una calidad extraordinaria. Es una perfecta muestra del talento de Chéjov para la narrativa breve.
Foto: Estatua Chejov por pablo.sanchez en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.