Si bien es cierto que la mujer entró tarde en la literatura, también lo es que en este campo siempre halló un cauce adecuado para expresar inquietudes que en otros le estaban vedadas y que su dedicación a escribir se inició antes que a otras actividades como la laboral.
Concretamente, podemos establecer el siglo XIX –aunque hubo muy importantes precursoras: Santa Teresa de Jesús o María de Zayas, por poner sólo dos ejemplos – como la fecha en que comienza a ser frecuente que la mujer ejerza la creación literaria, pues en esta centuria hallamos una verdadera pléyade de buenas escritoras.
Además, con el paso de los años, las mujeres comenzaron a atreverse a incluir en sus creaciones ciertos elementos que, con anterioridad, las convenciones sociales les aconsejaban no tratar. Es el caso de la sensualidad y el erotismo.
Esto último se hace muy patente en un movimiento que contenía estos rasgos entre sus características esenciales. Nos referimos al Modernismo. En efecto, el movimiento poético de Rubén Darío constituye un verdadero enriquecimiento de la lírica, tanto en lo referente a temas como a formas.
Así, sobre todo en su primera etapa, el Modernismo supone una verdadera exaltación de los sentidos. Todos los elementos sensoriales tienen cabida en estas composiciones y ello se refleja en una sensualidad desbordada en la que el erotismo tiene un papel importante.
Una de las mujeres que se atrevieron a formar parte de la escuela de Darío fue la uruguaya Delmira Agustini (Montevideo, 1886-1914), considerada por el propio nicaragüense como una ‘Santa Teresa moderna’ debido a la calidad de su poesía. De familia acomodada y una refinada educación, podemos considerarla una verdadera transgresora, ya que sus composiciones muestran un erotismo apenas velado en una época en que era impensable que una mujer tocase esos temas.
Buena muestra de ello es el poema El surtidor de oro. Con un estilo abrupto, en el que las palabras no siguen su normal linealidad sintáctica –quizá para oscurecer lo que dice-, la escritora canta a la aparición del amante ideal que selle su boca en besos. El tono es exaltado, a lo que contribuye la acumulación de adjetivos yuxtapuestos y algunas imágenes audaces.
También el lenguaje, plenamente modernista y cargado de colorido, constituye una espléndida muestra de los primeros años del movimiento, aquél en que galas o oropeles eran tan importantes en la composición.
Sin duda, Delmira Agustini era una excepcional poetisa cuya evolución se malogró sin alcanzar la madurez debido a su prematura muerte a manos de su celoso marido.
Podéis leer el poema aquí.
Fotos: Delmira Agustini: Digigalos en Wikipedia | Montevideo: Gusuval en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.