
León (Nicaragua), donde Darío vivió de niño y murió
El Modernismo surge como reacción a las tendencias excesivamente prosaicas que dominaban el mundo de la Literatura a finales del siglo XIX. Dos rasgos esenciales definen el movimiento: por una parte, su radical inconformismo ante las formas de vida surgidas de la Revolución industrial, que reducían –a su juicio- al Hombre a mero engranaje productivo y minaban su espíritu; y, por otra, sus esfuerzos de renovación estética en busca de una mayor belleza formal.
Se inicia esta corriente en Hispanoamérica con intentos muy estimables de poetas como José Martí, Julián del Casal o José Asunción Silva. Pero un movimiento de esa envergadura requería de un líder espiritual y lírico y éste fue Rubén Darío. En efecto, el poeta nicaragüense se constituyó de inmediato en faro y guía de estos autores y confirió al Modernismo su carácter definitivo.
Félix Rubén García Sarmiento, Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 1867-1916) es, probablemente, el más grande poeta de las letras hispanoamericanas del último siglo y uno de los más importantes de toda su historia. Su relevancia es de tal magnitud que su obra, por sí sola, marca un antes y un después en la lírica de nuestra lengua, a la cual modernizó y proporcionó nuevos ritmos y recursos.
Definido por su amigo Valle-Inclán como una mezcla ‘ de niño grande, inmensamente bueno, y de poeta maldito’, ejerció como periodista y diplomático, lo cual le permitió viajar por diferentes países, visitando el París de la bohemia y Madrid.
Los ejes esenciales de su poesía son la evasión de la realidad, la renovación métrica y estrófica y un lenguaje suntuoso, brillante, cargado de efectos sonoros y coloristas y plagado de metáforas y recursos fónicos de extraordinaria belleza y originalidad. Libros como ‘Prosas profanas’ o ‘Cantos de vida y esperanza’ son buena muestra de ello.
Pero Darío también escribió prosa, cuya calidad no desmerece en absoluto de la de su lírica. Se trata de artículos y relatos breves cuyos rasgos esenciales –especialmente en éstos últimos- son casi idénticos a los de sus poemas: es un lenguaje suntuoso y extraordinario, cargado de cultismos y ornamentación que hacen de su lectura un verdadero placer estético.
Así sucede con ‘El rey burgués’, un breve cuento en el que el autor muestra su queja ante el desprecio que la sociedad materialista brinda a la verdadera poesía. Ante el rey llevan a un poeta, pero éste, no sabiendo qué hacer con él, lo coloca en un extremo de su fantástico jardín para que toque un instrumento. Al llegar el invierno, el infeliz perecerá allí de frío olvidado por todos.
Se trata de un juguete literario, un hermoso cuento cuya lectura produce admiración ante tal manejo del idioma, especialmente en el aspecto del léxico. Merecería, a nuestro juicio, estar presente en cualquier antología de relatos breves.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
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