Teatro
Literatura española

El Pelayo, de Gaspar Melchor de Jovellanos, un ilustrado prerromántico

La única tragedia del gran polígrafo
Luís Martínez González
09:25h Miércoles, 24 de agosto de 2011
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En el ámbito de las ideas, se conoce por ‘Ilustración’ a un movimiento cultural que se desarrolla a lo largo de todo el siglo XVIII y que fue definido, ya en sus postrimerías, por Inmanuel Kant como “la emancipación de la conciencia humana del estado de ignorancia y error por medio del conocimiento”.

En la Ilustración participaron pensadores de la talla de Montesquieu, Jean Jacques Rousseau, el propio Kant, Herder, Voltaire o David Hume. Y, en la Península ibérica, figuras como el Padre Feijoo, José Cadalso, Campomanes o el propio Leandro Fernández de Moratín.

Foto del Teatro Jovellanos, en Gijón

Fachada del Teatro Jovellanos, en Gijón

Pero, entre todos ellos, probablemente la máxima figura del movimiento en España sea el polígrafo Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-1811).

Profundamente patriota y dotado de un agudo espíritu crítico y renovador, el asturiano impulsó, desde los diversos cargos públicos que llegó a desempeñar, notables avances modernizadores para el país.

Pero el afán de Jovellanos por impulsar el progreso de España no se limitó a ello. Su ingente obra abarca temas como la cuestión agraria, la regulación de los espectáculos públicos o la creación de un instituto de náutica y mineralogía en su ciudad natal.

Y sería precisamente esta labor la que le haría caer en desgracia varias veces en función de las intrigas de la Corte. Durante un tiempo, se vería encerrado en el mallorquín Castillo de Bellver y, no pocas veces, su propia vida correría peligro.

A diferencia de otros ilustrados, Jovellanos se negó siempre a colaborar con los invasores franceses, pese a que fue requerido por el propio José Bonaparte, y se puso del lado de los patriotas.

En cuanto a su labor literaria, Jovellanos cultivó todos los géneros. Su poesía se inscribe plenamente en la corriente neoclásica, ya fuera de intención lúdica o moralizadora. Y su teatro sigue idéntico camino.

Sin embargo, algo estaba cambiando y lo primeros efluvios del Romanticismo también llegaron a España. Ello tendría que influir en un hombre tan bien informado de las nuevas tendencias que venían de Europa.

De hecho, ya en época tan temprana como 1769, Jovellanos compone su tragedia Pelayo, también conocida como La muerte de Munuza, ambientada en su Gijón natal y que nos traslada al momento en que los musulmanes controlan la ciudad.

El gobernador Munuza trata de casarse a la fuerza con la hermana de Pelayo, Dosinda, y, ante la negativa de ésta, prometida al noble asturiano Rogundo, encarcela a ambos. Cuando el héroe se entera, las cuestiones personales se unen a las políticas y llega el choque entre ambas fuerzas.

Como vemos, los elementos románticos de la pieza se multiplican (escenario del pasado, conflictos sentimentales, un héroe que se enfrenta al tirano, etc) en una obra que constituye la principal incursión de Jovellanos en el género trágico.

Podéis leer la obra aquí.

Fuente: Rincón Castellano.

Foto: Teatro Jovellanos: Reservasdecoches.com en Flickr.

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