
Anton Chejov (1860-1904) presenta un jocoso relato sobre los equívocos en un discurso de honras fúnebres. En su cuento ‘El orador’, un joven elocuente llamado Grigorii Petrovick Zapoikin es contratado para improvisar un discurso en honor del asesor colegiado fallecido Kirill Ivanovich Vavilonov, por pedido de un amigo del difunto Poplavski. Zapoikin acude algo bebido al cementerio y confunde al muerto con Procofri Osipich, de quien enumera varias virtudes éticas y laborales, y habla mal de su aspecto.
Zapoikin tenía mal concepto de Kirill, lo consideraba borracho y bribón, pero como su oficio era ensalzar a la gente, lo hace hipócritamente, el cuento crítica los excesivos homenajes a los muertos, con una frase en latín que dice ‘todos los muertos son buenos’. En este cuento aparece Osipich, quien reclama al orador la burla de que ha sido objeto, este personaje presenció el discurso desde el mausoleo y su intervención acaba con el malentendido, la burla y la tensión.
El jocoso equívoco
Es necesario honores a los difuntos, pero parece ser que Chejov hace hincapié en buscar a la persona adecuada, para evitar malentendidos. De antaño es conocido recordar a los plañideros, personas que eran alquiladas para llorar y berrear por el difunto en el cortejo fúnebre. A Zapoikin lo comparan sus amigos con Cicerón, pero en este relato pierde la dirección del discurso por no atender a la biografía del difunto. Este orador busca convencer de algo que no cree, es como un sofista.
No se cuestiona el poder de la palabra, pues el artista trabaja con ellas, sino la intención o el interés del orador, ya que no todos tienen nobles propósitos, así podemos recordar a Catón el viejo, quien usó su poder de persuasión para convencer al Senado Romano de destruir y asolar la ciudad de Cartago. Zapoikin cree que el efecto de su discurso es más importante que el contenido, parece discípulo de Gorgias de los ‘diálogos de Platón’, además su fin es mantener las buenas relaciones con su círculo de poder.
El orador en su presentación es referido como alguien de mucho talento con la palabra, pero este episodio significará un vuelco en su carrera que tendrá que enmendar. Al final Zapoikin queda cuestionado ante la opinión pública por la grave confusión. Su discurso buscó conmover a los espectadores, pero cayó en la exageración, la zalamería y la ironía contra alguien que tendrá que superar el ridículo.
Conclusión
Chejov cuestiona la hipocresía y la emoción fingida en los discursos a los muertos, pues muchas veces se hacen siguiendo un formato, en el que se acomoda la biografía del difunto para levantar su fama. En este cuento la honra llega a lo meloso, lo poco fiable y lo exagerado, pues el cuento sirve como crítica social.
Lectura del cuento | ‘El orador’, en Librodot

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.