
La conciencia de los gatos, muy estudiada
La mente de los gatos siempre ha sido motivo de curiosidad para los artistas e incluso los maestros de las disciplinas de relajación, debido al silencio imperturbable que demuestran al descansar, estirarse o apartarse de la actividad cotidiana hacia su remanso de paz particular. El poema ‘El nombre de los gatos’ de Thomas Stearns Elliot verbaliza la ansiedad del hombre por ingresar al misterio de la conciencia de estos seres, donde según el yo poético se pronunciaría el nombre verdadero de cada gato, en relación a su ser íntimo y personalidad.
Un poema que reconstruye el asombro ante la relajación de los gatos es ‘La gata‘ de Lawrence Ferlinghetti, el cual conserva la dirección de un yo que los contempla con placer, maravillado por la calma y donaire de estos animalitos. Volviendo a Eliot, los nombres de los gatos son de diverso género, según el dueño de cada mascota, reflejarían todo lo que el hombre quiera decir de ellos, tanto los cotidianos como los nombres ilustres o los extraños. Sin embargo la conciencia del gato es un espacio inexplorado, donde de poder oír los pensamientos del animal, hallaríamos su nombre secreto.
El gato medita su nombre
Decir que un gato medita no es nada extravagante, por el contrario es describir un estado que las religiones orientales como el Zen ya han identificado en ellos. Meditar buscando paz no implica rumiar pensamientos inquietantes sino liberarse de ellos, hacia un vacío, o hacia conceptos como calma y rélax. El gato por su capacidad y facilidad para relajarse podría llegar a la mente en vacío, pero si escuchara algún nombre, sería el suyo propio, como emanación de su ethos, reflejo de su tranquilidad que lo hace y muestra único.
Este nombre secreto no es confesado por el gato, tampoco tiene la pretensión de expresar orgullo, es por ello el encuentro de la gatidad, la razón última de ser gato, de existir y vivir como tal. El poema siempre evoca el misterio, lo deja para que el lector juegue con él, pues el texto describe lo que alcanza el pensamiento humano, hasta allí la función del yo poético, ya que con la mente del gato hay distancia que lo marca como otro, pero no otro aislado, sino otro entre nosotros que nos enseña a valorar su espacio privado y único.
Los gatos encantan y asombran con solo mostrarse tal como son, en este poema de T.S. Eliot, el yo poético describe la actitud felina de calma y entrega a la relajación, que descansa en la conciencia del gato, reconociendo su capacidad para la meditación, donde en un intento por descifrar el misterio se hallaría el nombre secreto de cada gato del mundo físico, como expresión de su individualidad, estilo de vida y personalidad.
Podéis leer El nombre de los gatos aquí

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1 Comentario en “El nombre de los gatos de Thomas Stearns Eliot”
Los gatos siempre fueron los seres más extraños y enigmáticos a través de toda la historia de la humanidad.
Es hermoso ver cómo aún existen personas con el mismo don de poder apreciar su belleza y misterio.
El hombre podría acceder a enormes conocimientos si pudiera comunicarse con ellos.