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Un relato muy poco naturalista

El minué, de Maupassant, nostálgica evocación del pasado

La insensible piqueta del progreso
Luís Martínez González
09:41h Viernes, 18 de junio de 2010
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Como casi todas las escuelas literarias, el Naturalismo teorizado por Emile Zola y puesto en práctica en sus obras tuvo como discípulos a escritores de muy diversa condición. Así, el realismo socarrón de Alphonse Daudet presenta muy pocas coincidencias con la crudeza escabrosa de Paul Alexis.

Foto de Maupassant

Guy de Maupassant

Pero, si hay un narrador que se distancia de los postulados excesivamente empíricos del fundador de la escuela y que, además, posee un estilo más cuidado e incluso de mayor calidad literaria que el maestro, éste es Maupassant.

Y es que Guy de Maupassant (Dieppe, 1850-1893) tuvo como padrino literario y verdadero mentor a Gustave Flaubert, novelista de mucho mayor empaque que Zola –demasiado preocupado por el supuesto cientifismo de su fórmula- y cuyo proverbial magisterio convirtió a aquel en un excelente escritor.

Instalado en París como oscuro funcionario ministerial, fue el autor de Madame Bovary quién lo introdujo en los medios de comunicación y las editoriales. Ello le permitió comenzar a publicar relatos breves y más tarde novelas, hasta completar una obra tan amplia que terminaría con su salud mental: tras un intento de suicidio, moriría loco en una clínica de Passy.  Claro que en su fin tendría no poco que ver el exceso de estupefacientes, consumidos para combatir sus terribles neuralgias y, por qué no decirlo, sus excesos bohemios.


Aunque cuenta con unos pocos relatos extensos muy estimables –quizá el mejor de ellos sea Bel-Ami-, a nuestro juicio, el verdadero músculo narrativo de Maupassant se encuentra en sus cuentos. Escribió una infinidad de ellos entre los que destacan los dedicados a la Guerra Franco-Prusiana y, sobre todo, los de terror, en cuya redacción es probable que algo tuviese que ver su deterioro mental.

Sin embargo, el titulado El minué tiene poco que ver con éstos. Se trata de una nostálgica evocación del pasado, al tiempo que una velada critica al progreso, que derriba todo atisbo material de aquél.

Foto de Dieppe

Una vista de Dieppe, ciudad natal de Maupassant

El narrador nos cuenta como conoce a un anciano en los Jardines de Luxemburgo. Cuando intima con él, se entera de que se trata de un maestro de baile casado con una antigua bailarina muy popular en su tiempo. Su único placer es visitar los jardines, que les recuerdan su época dorada.

Nuestro relator debe ausentarse por un tiempo de la ciudad y, cuando regresa, el hermoso parque ha desaparecido, arrollado por la piqueta del progreso. Entonces, no puede dejar de preguntarse qué sería de los dos ancianos, cuya vida eran aquellos jardines.

Se trata, por tanto, de un relato cargado de ternura que se encuentra en las antípodas de la crudeza auspiciada por el Naturalismo en boga.

Podéis leer el relato aquí.

Fuente: IES Xunqueira.

Fotos: Guy de Maupassant: Gabor en Wikimedia | Dieppe: Baston en Flickr

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