La narrativa ha sido, desde siempre, el género literario preferido por los lectores. El teatro no deja de ser un espectáculo para ser visto, mejor que para leer. Y la poesía –en gran medida por el empeño de sus autores de encastillarse en su torre de marfil y en el lenguaje críptico- es minoritaria.

Vicente Blasco Ibáñez
Y, dentro de la narración, dos son los subgéneros favoritos: la novela y el cuento. Quizá incluso más éste último, por su carácter de relato breve, que hace que podamos llamarlo –permítasenos la licencia- ‘novela en pequeño’, en el sentido de que condensa en muy pocas páginas todos los ingredientes de aquella y se lee con más facilidad y más rápidamente.
Tanto es así que –en la época por excelencia del género narrativo: la segunda mitad del siglo XIX- todos los novelistas (quizá con la excepción de Galdós, cuya ingente capacidad de trabajo le empujaba a desarrollar obras extensas) cultivaron el relato breve: Valera, Pardo Bazán, Alarcón, ‘Clarín’, Pereda, Blasco Ibáñez, etc. Y, en el caso de éste último de manera abundante.
Vicente Blasco Ibáñez (Valencia, 1867 – Menton, Francia, 1928) es el prototipo de intelectual ‘de acción’. Apenas adolescente, huyó de su casa a Madrid, trabajando como secretario del folletinista Manuel Fernández y González –utilizamos ’secretario’ como eufemismo, pues lo que realmente hacía era escribir las obras que su jefe firmaba, es decir, sería lo que hoy se conoce en el argot literario como un ‘negro’- y participando, desde sus ideas republicanas radicales en todo complot que se organizase contra la Corona, actividad ésta última que jamás abandonaría y que le llevaría a visitar no menos de treinta veces la cárcel y algunas el exilio.
De acuerdo con sus ideas, el autor de ‘El milagro de San Antonio’ fundó periódicos para defender las tesis republicanas e incluso fue diputado en varias ocasiones. Asímismo, llegó a fundar en la República Argentina dos comunas pseudo-anarquistas que fueron un rotundo fracaso y lo arruinaron por completo.
En este sentido, hay que señalar que Blasco Ibáñez es, probablemente, el primer escritor que se hizo rico con su obra hasta dos veces, pues –tras arruinarse con la experiencia citada- volvió a ganar muchísimo dinero. Del mismo modo, es el primer novelista español cuyas obras fueron aprovechadas por la Meca del cine para hacer películas. Perdónesenos tan larga digresión biográfica, pero es que, como vemos, su vida sí que daba para realizar un filme.

Playa valenciana de la Malvarrosa, donde Blasco tenía una villa (cuadro de Sorolla)
Centrándonos en la abundante obra de Blasco, debemos distinguir en la misma dos etapas fundamentales. La primera abarca aproximadamente hasta el comienzo del siglo XX y se halla constituida por novelas de ambiente regionalista valenciano, con el que se combina un importante componente naturalista. Algunas de ellas son ‘Cañas y barro’, ‘La barraca’, ‘Flor de mayo’ o ‘Entre naranjos’. En estas obras, la influencia del medio, de origen familiar y de la sociedad ocupan un papel muy importante, hasta el punto de que su autor fue calificado como ‘el Zola español’.
A partir de los primeros años del siglo XX, Blasco encamina, por el contrario, su narrativa por otros derroteros. Sus novelas de esta etapa abarcan muchas temáticas: la denuncia social, la aventura, la guerra, la exaltación histórica de España, el americanismo, la psicología…Algunas obras de este periodo son ‘La catedral’, ‘Sangre y arena’, ‘Los argonautas’, ‘Los cuatro jinetes del Apocalipsis’ (ésta fue un encargo, en plena Primera Guerra Mundial, del Presidente francés, Raimond Poincaré), ‘El Papa del mar’, o ‘La reina Calafia’.
‘El milagro de San Antonio’ es un relato breve publicado, junto a otros cuentos en el volumen ‘La condenada’ (1900). Es una deliciosa obrita que cuenta la reconciliación de un marido ‘calavera’ con su esposa.

Actual avenida Blasco Ibáñez, en la ciudad natal del escritor
Luis, el protagonista, es un vividor, un juerguista, que se ha casado con Ernestina un tanto llevado por las circunstancias, pues a él lo que le gusta es ‘picar’ aquí y allí. Su mujer, desesperada por los devaneos de su marido, intenta darle celos coqueteando con unos y otros pero, lejos de conseguir sus propósitos, lo que logra es que Luis obtenga una excusa para hacer lo que hace tiempo meditaba: separarse de su esposa y seguir con su vida disoluta.
Ella, que está absolutamente enamorada, le implora que vuelva, pero el protagonista ignora sus súplicas. Un día, Ernestina, desesperada, cita a su marido en la ermita de San Antonio de la Florida, haciéndose pasar por una admiradora secreta, ya que sabe que –si muestra ser ella misma- no acudirá. Luis, intrigado y halagado a un tiempo, se presenta allí, para descubrir que quién le ha escrito es su esposa.
A partir de este momento y ante la cerrazón del marido, Ernestina utilizará todas sus armas para ablandarlo: suplica, gime, llora…Hasta que Luis, subyugado por una belleza en la que últimamente ya no se fijaba, se rinde y reconcilia con ella. Para Ernestina, San Antonio ha hecho el milagro.

Ermita de San Antonio de la Florida (Madrid)
Como decíamos, la obrita es excelente. El autor va contándonos –con algunas dosis de humor que evitan la empalagosidad- el proceso de rendición del galán a la dama, de forma progresiva y medida. Nos presenta los pensamientos de los personajes, que, a veces, se confunden con sus palabras, mostrándonos como Luis va redescubriendo la belleza de su esposa.
Hablábamos del humor. Y es que, efectivamente, el cuento no está exento de él. Veamos dos ejemplos: Cuando el protagonista rinde su resistencia achacándolo a las cualidades físicas y morales de su esposa, Ernestina le dice: ‘¡Ah, señor mío! No creas que me engañas. Lo que te vuelve a mí no es el amor tal como yo lo quiero; es eso que llaman mi belleza y los deseos que en ti despierta.’ Y, cuando se han reconciliado, el cochero arrea los caballos diciendoles: ‘Ya tenemos ama. A casa pronto, antes que el señorito se arrepienta’.
En resumen, nos hallamos ante un precioso relato, de muy fácil lectura y que es un claro exponente de que, cuando un narrador de verdad se propone escribir un divertimento, lo hace de modo rápido, sencillo y hermoso.
Fotos: Blasco Ibáñez: Joseluis bn en Wikipedia | Cuadro de Sorolla: Axel. Mauruszat en Wikimedia | Avenida Blasco Ibáñez: Espencat en Wikipedia | San Antonio de la Florida: Ecemaml en Wikipedia

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