En la Francia de fines del siglo XIX, el gran patriarca literario era Emile Zola y todo novelista que aspirase al éxito debía someterse a su pupilaje. Ello se aprecia muy bien en el volumen de relatos titulado Las veladas de Médan, preparado por el maestro y en el que participaron, entre otros, Maupassant, Huysmans o Paul Alexis.
Pero la huella de Flaubert y su realismo más convencional estaba aún muy presente y uno de aquellos narradores, sin renunciar al magisterio zolesco, prefirió siempre el del autor de Madame Bovary por considerarlo más bello y coherente con el carácter francés. Era éste Guy de Maupassant (Dieppe, 1850-1893), hombre de comportamientos excesivos en el sentido más puramente humano y extraordinario escritor.
Gris funcionario ministerial y bohemio impenitente, padecía atroces neuralgias que le inclinaron al consumo de todo tipo de estupefacientes con que trataba de calmarlas. Todo ello provocó que un día de 1891 su cabeza se rompiese y hubiera de ser internado -loco como su hermano menor- en un centro mental de donde ya no saldría.
Podría establecerse una clara diferencia entre el realismo naturalista de Zola y el de su discípulo. Si aquél era el observador teórico de la realidad, que interpretaba a la luz de doctrinas más o menos científicas, tratando de explicarla, Maupassant no precisa observar nada, lo vive, y no tiene interés alguno en interpretaciones teóricas sino sencillamente en plasmarla tal como es, sin llegar a los momentos escabrosos de su maestro. Y en ello se aprecia también la influencia de su admirado Flaubert.
Aunque su gran éxito fue una novela, Bel-Ami, sobre un arribista que utiliza a las mujeres para prosperar socialmente, a nuestro juicio, lo mejor de Maupassant se encuentra en sus relatos breves. Escribió infinidad de ellos y constituyen un certero retrato de la vida francesa de su época, sin llegar a los excesos de Zola.
Uno de ellos es El lobo, publicado en Le Gaulois en el año 1882. El anciano marqués de Arville explica a sus invitados la aversión de su familia a la caza. Bastante tiempo atrás, un fiero lobo hacía estragos en el ganado de sus vecinos. Dos de sus antepasados, su tatarabuelo Juan y el hermano de éste, grandes cazadores, salieron en su busca y, tras varios días infructuosos, lo hallaron. Al cruzarse entre los caballos, el animal arrojó al suelo a Juan quién pereció en la caída. Su hermano, tras recoger el cuerpo, volvió a encontrarse casi por casualidad con el lobo. En esa situación, eran dos animales que luchaban por sobrevivir y el hombre, sacando fuerzas de flaqueza, logró matarlo. Pero, desde entonces, los miembros de su familia dejaron de cazar.
El relato, bastante breve, está escrito de modo magistral. Maupassant posee un estilo claro, conciso, pero de una precisión absoluta que se aprecia, sobre todo, en las descripciones. Son éstas rápidas pero de una minuciosidad tan perfecta que nos parece estar viviendo lo descrito. Y es que el novelista parece siempre tener la palabra exacta en el momento adecuado.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Guy de Maupassant: Jadc01 en Flickr | Dieppe: Jim Linwood en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.