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Novela

El hombre sin atributos, la obra inacabada de Robert Musil

Dos ingentes volúmenes que basculan entre la literatura y el pensamiento
Andrea Jaén
11:28h Jueves, 03 de junio de 2010
5

Portada del primer volumen

El autríaco Robert Musil tardaría casi treinta años en componer los dos primeros volúmenes de su obra magna. Sin embargo, y en una de esas malvadas tretas del destino, moriría antes de poder acabarla. Pese a lo inconcluso de la propuesta, El hombre sin atributos está considerado como uno de las novelas en lengua alemana más importantes del pasado siglo. Su mérito, componer como nadie la crisis espiritual del Imperio Austrohúngaro anterior a 1914, además de replantear de manera inteligente el frágil concepto de identidad. No solo la identidad colectiva se pone en tela de juicio, sino la identidad misma de su protagonista: Ulrich, un hombre que evidencia la deleble condición moderna de la existencia.

El hombre inacabado (sin atributos) es un individuo carente de esencia y sin características particulares. Un espíritu racional, ajeno a las posturas políticas, sociales, sexuales, morales, religiosas o sentimentales. Un hombre que no juega en el baile de máscaras en el que se ha convertido la sociedad. Un tipo que no sigue el juego. De esta manera, Ulrich parece ser un joven banal, simpático y jovial. Su vida transcurre constreñida por los estrechos corsés de la moral burguesa, pero él busca su sitio fuera de ellos. La incipiente relación amorosa con su hermana será uno de los principales motivos que lo alejarán definitivamente de la norma.

Avisamos al lector de que la obra de Musil no es ni mucho menos asequible. Al contrario, su extensión se combina con una estructura caótica y decadentista, sin rasgos aparentes de trama o subtramas. Las opiniones críticas se encuentran totalmente divididas. Algunos consideran a Musil un librepensador con carácter propio, y otros lo dotan de una verborrea que no escapa a la superficialidad. Lo que no se puede negar es que la novela refleja perfectamente el ambiente crepuscular y desordenado que reinaba en las conciencias austríacas, sobre todo en el momento en que el orden que significba el Imperio, se vino totalmente abajo.

Fotografía de Musil

El héroe musiliano toma al austríaco como centro. Un ser sin patria, sin Imperio, sin nacionalidad. Este tipo de hombre no tiene una identidad definida, sino que se sustrae de los demás (y hasta de él mismo) para acabar por no parecerse a nadie. Con El hombre sin atributos nos enfrentamos a un texto que fluctua entre la novela y la filosofía, entre el pensamiento y la literatura, para trasladarnos a un momento de la historia donde la decadencia de Occidente era un hecho latente en la formación de las identidades colectivas.

Foto: Wikipedia Commons

Comentarios (5)

  • VICTOR M. OLVERA ARMENDÁRIZ
    00:24 9 junio 2010

    Precisamente la exaltación de los nacionalismos del imperio Austrohúngaro germano, es la antesala de la eugenesia del nacional socialismo de Hitler. Robert Musil veía la llegada del hipernacionalismo de la sociedad capitalista-colonialista en la víspera de la primera guerra mundial. El hombre sin atributos es lo que luego fue la postura de la contarcultura por ejemplo de Jack kerouack, una critica a través de una individualidad existencial a la sociedad burguesa, que devinó en regimenes autoritarios ya sean capitalistas o socialistas. Actualmente Alain Touraine advierte del peligro de las identidades culturales de lo que llama neocumunitarismo, falsos caminos para superar el desgarramiento del modelo neoliberal y mercado global, que igualmente conducen a sociedades autoritarias.

  • abel casals harrera
    16:28 9 junio 2010

    esta muy interesante el libro, me imagino que tendría que leer la novela para referir algú comentario

  • Arturo
    02:40 19 marzo 2011

    No veo por dónde atisbar siquiera la mentada verborrea. Loque tenemos frente a nosotros es una gran novela que abarca toda la experiencia humana previa a la Gran Guerra y que traería la disolución del imperio austro-húngaro. Hablar de “decadencia”, así sin más, puede resultar engañoso. La voz omnisciente del narrador es impecablemente lúcida, y las reflexiones de Ulrich, particularmente con las que inicia el segundo tomo, presentan una perspectiva que no por sombría nos es menos ajena: los pretextos en los que se cobija el espíritu positivo o científico para dar rienda suelta a un espíritu más bien misantrópico y hasta satánico. Me parece que todo esto puede compaginarse con muchas de las observaciones que hacían las mentes más destacadas de aquellos años, como Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas” o el propio James Joyce en “Ulises”. Una novela en suma que trasgrede todas las convenciones del siglo XIX para erigirse en una suma que envuelve todo el conocimiento humano desde la melancólica perspectiva de quien observa a la masa apropiarse y distorsionar la herencia humanística europea.

  • Arturo
    17:18 20 marzo 2011

    “La incipiente relación amorosa con su hermana…” ¿Se refiere la autora del comentario a Diotima? Hasta donde llevo leído (la amitad del segundo tomo), Diotima es prima, no hermana, de Ulrich. Por cierto, posteé un comentario en días pasados que no publicaron, ignoro si por haber encontrado afinidades musilianas con Ortega y James Joyce, o simplemente porque no les gustó.

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