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El hombre que fue Jueves, de Chesterton, un peculiar policía

Una suerte de alegoría cristiana
Luís Martínez González
10:07h Miércoles, 02 de junio de 2010
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Durante los años finales del siglo XIX, el Hombre entró en crisis. El mundo había cambiado de forma vertiginosa merced a la Revolución industrial en muy pocos años y este mecanicismo había llevado a aquél a verse como mero engranaje de una gran maquinaria y a perder, así, el sentido de su vida. Todo ello se agudizaría enormemente tras la Primera Guerra Mundial.

Foto de G. K. Chesterton

Gilbert Keith Chesterton

Esta crisis de las mentalidades se resolvió, básicamente, de dos formas. Por una parte, con un incipiente existencialismo de tinte agnóstico –en el que militan autores como Kafka o Pirandello- que buscaba interrogarse acerca del papel del ser humano en el mundo y que deriva en conclusiones escasamente optimistas: el hombre se siente perdido en un mundo que no acierta a comprender.

Por otro lado, estas inquietudes se solventaron con una recuperación del sentimiento religioso –significativas son las conversiones de grandes escritores como Claudel, Papini o Chesterton-, que trata de explicar mediante la religión el sentido de la vida humana.

Uno de los escritores que militó en esta segunda opción fue el citado Gilbert Keith Chesterton (Londres, 1874-1936), excepcional novelista que se hizo famoso por los relatos protagonizados por el singular padre Brown, un sacerdote católico dotado de una gran agudeza psicológica que lo convierte en un excelente detective, capaz de resolver los casos más complejos.


Dotado de un sutil y genial sentido del humor, Chesterton sabía manejar de modo maestro el ritmo narrativo y los planos argumentales, a veces ciertamente complicados y combinar a la perfección lo ameno con lo serio.

En El hombre que fue Jueves, publicada en 1908, el novelista inglés nos presenta a un singular policía con inquietudes poéticas que se infiltra en una red anarquista con intención de desmantelarla. Cada individuo de su cúpula tiene como nombre clave un día de la semana, empezando por el jefe que adopta el Domingo, de ahí el título de la obra que alude al alias adoptado por el detective.

Foto de la casa de Chesterton

Casa donde vivió G. K. Chesterton, en Londres

Pero, tras esta aparente sencillez, nos encontramos ante una obra compleja, que combina los elementos policíacos con los filosóficos y metafísicos y, muy especialmente con un simbolismo cristiano. Todo ello la conforma como una enigmática alegoría religiosa.

Es curiosa la interpretación que Chesterton hace del anarquismo. Para él, esta ideología es un medio de satisfacer a los ricos, no al pueblo. Su explicación es sencilla: los potentados no quieren ser mandados por nadie mientras que los pobres, en su afán por encontrar quién les gobierne bien, se dejan gobernar por cualquiera, aunque lo haga mal.

Podéis leer la obra aquí.

Fotos: G. K. Chesterton: Arkhane Starfall en Flickr | Casa de Chesterton: Simon Harriyott en Flickr

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