El gran Galeoto, de Echegaray o el mal de la murmuración social
Vivimos tiempos en que el cotilleo, el chisme y la murmuración se han apoderado de la vida social. Cada dÃa, asistimos en todas las cadenas de televisión al espectáculo de ver a un grupo de personajillos infames que viven de escudriñar entre la basura ajena para luego convertirlo en supuesta noticia.
Por ello –a pesar de todas las limitaciones de su dramaturgia-, el tema de obras como El gran Galeoto, de Echegaray cobran vigencia, ya que se detienen a analizar los perjuicios que pueden ocasionar a las personas honestas los cotilleos de gente sin escrúpulos.
José de Echegaray (Madrid, 1832-1916), ingeniero y cientÃfico que realizó interesantes aportaciones a las matemáticas del momento es, sin embargo, uno de los personajes más denostados de las letras españolas. Cuando se le concedió el Premio Nóbel de Literatura en 1904, el mundo literario hispano, horrorizado, emprendió una verdadera carrera de descalificaciones hacia su obra, encabezada por personalidades de la talla de Galdós, ClarÃn o Emilia Pardo Bazán.
A fuerza de ser sinceros, no les faltaba razón a sus crÃticos, ya que el teatro del madrileño seguÃa los moldes del romántico que se cultivaba cincuenta años atrás. Se trata de dramas en verso, altisonante y ripioso, que exageran hasta la saciedad los temas que tratan para provocar conmoción en el espectador.
Pero también se da la circunstancia de que esa dramaturgia que tanto denostaba la intelectualidad gozaba del apoyo del público, que convertÃa sus estrenos en éxitos clamorosos. Por tanto, aunque nosotros nos inclinamos, en este caso, por las tesis de sus crÃticos, cabe hacerse una pregunta que se repite en toda época y paÃs: ¿Qué tiene más valor, la opinión de la crÃtica o la del público?
En cualquier caso, sus obras están ahà para que cualquiera pueda juzgarlas. Asà ocurre con El gran Galeoto, estrenada en 1881, que nos presenta a Ernesto, joven aspirante a escritor que vive recogido en casa del matrimonio formado por don Julián y su joven esposa, Teodora.
Los cada vez más insistentes cotilleos de la sociedad acerca de una posible relación entre Ernesto y su madrastra, que en principio son totalmente injustificados, terminarán por desencadenar la tragedia. Pero ésta, que en otro dramaturgo podrÃa tener verdadera fuerza dramática, en Echegaray nos resulta artificiosa por lo exagerado de las situaciones.
Sin duda -aún teniendo en cuenta el paso del tiempo y situando la obra en sus contexto histórico y social y aunque el tema recobre vigencia hoy por el exceso de cotillas que pueblan las televisiones- El gran Galeoto es poco más que una reliquia literaria, un teatro definitivamente caducado.
Podéis leer la obra aquÃ.
Fotos: Relieve de Echegaray: Carlos Viñas en Flickr | Madrid: Jmavedillo en Flickr
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