Indudablemente, el tema primordial que une a los miembros de la Generación del 98 es su preocupación por España, tras la pérdida de los últimos territorios ultramarinos a manos de los Estados Unidos. Esta derrota supuso un aldabonazo en la conciencia de un país que vivía adormecido su decadencia.
Pero también es común a todos ellos otro tema de carácter más abstracto: la preocupación existencial, el sentido de la vida humana. Por ejemplo, en la obra de Azorín, ello se refleja a través de su obsesión por el tiempo o en la narrativa de Baroja, con su pesimismo vital.
Pero si hubo uno de sus integrantes que se ocupó y preocupó constantemente del asunto, éste fue Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864-1936), tanto en su vertiente religiosa como en la que se refiere a la búsqueda de la propia identidad. En efecto, son innumerables las páginas del bilbaíno en las que reflexiona sobre la capacidad del hombre para alcanzar su individualidad personal, para liberarse de todo control ajeno y erigirse en un ser independiente capaz de lograr su realización personal. Es lo que él mismo denominaba “el ansia de serse”.
De hecho, en varios relatos del vasco, los propios personajes se revelan contra su creador –el propio Unamuno-, exigiendo su propia capacidad para dirigir su vida y constituirse en seres independientes. En otros, como Abel Sánchez, el protagonista ve anulada su individualidad ante las virtudes del amigo, que le opacan y ello le llevará a cometer un acto atroz.
En cualquier caso, no es Unamuno un pensador sistemático. Todo lo contrario, sus reflexiones e ideas sobre el tema se esparcen aquí y allá por sus escritos de manera anárquica. De ahí la dificultad de agruparlas en una teoría reglada.
De algún modo, El contertulio trata también sobre este asunto, al exponer la necesidad del hombre de tener un ámbito de actuación propio y cómodo para situarse a sí mismo y que actúe como referente para reforzar su individualidad.
Redondo ha tenido que marchar al exilio al verse arruinado por su banquero. En el extranjero, añora la tertulia que tenía a diario en un café. Para él, era mucho más que un grupo de amigos que se reúnen para hablar. Constituía su “verdadera patria”, el lugar en que se hallaba a gusto y se sentía realizado.
Por ello, cuando regresa tras veinte años, lo primero que hace es asistir al café. Pero la tertulia ya no existe, casi todos han muerto. No obstante, otra más joven ha tomado el relevo y le conocen por referencias. Pronto se integrará en ella.
Se trata de un tierno relato, en el que el estilo arduo y expresivo de Unamuno, que a veces parece escrito a voces, se suaviza. Quizá por verse conmovido.
Podéis leer la obra aquí.
Fuente: Rincón castellano.
Fotos: Monumento a Unamuno: Rotatebot en Wikimedia | Plaza Mayor de Salamanca: Rahego en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.