
Pedro Antonio de Alarcón
El cuento literario tiene una gran tradición en la literatura española. Desde el Infante Don Juan Manuel y su ‘Conde Lucanor’, no ha habido época en nuestras letras en que no haya sido cultivado con mayor o menor fortuna. Bien fuera en forma de ‘Novelas ejemplares’, como Cervantes, bien de ‘Leyendas’, como Bécquer, o bien sencillamente como “cuento”, el relato breve que narra una historia ha estado siempre presente entre nosotros, dejando algunos que figuran con letras doradas en la literatura universal.
Como es lógico, el Realismo literario de la segunda mitad del siglo XIX –época novelística por excelencia- no podía ser ajeno a esta forma narrativa. Y, en efecto, casi todos los autores de la época lo cultivaron abundantemente.
Sin duda, uno de los más prolíficos y mejor dotados para él fue Pedro Antonio de Alarcón (Guadix, Granada, 1833-1891). Periodista, cronista de guerra con su ‘Diario de un testigo de la Guerra de África’, y sobre todo, escritor de novelas – ‘La pródiga’, ‘El niño de la bola’, ‘El escándalo’, ‘El final de Norma’, etc- y cuentos.
No obstante, se impone hacer una precisión. Alarcón no es un autor realista al uso. Digamos que es un tanto ecléctico. Por edad, su formación es romántica y escribe en un periodo fronterizo, en que el Romanticismo aún pervive y el Realismo inicia su andadura. En ese periodo posromántico, el guadijeño defiende un tipo de narración que, aunque tímidamente realista en tanto muestra la vida, permita la fabulación libre y se dirija a la imaginación de sus lectores, al estilo de su admirado Walter Scott –romántico, por otra parte-. Es un tipo de novela en la que cabe lo épico, lo lírico y lo ideal.
Del mismo modo, el granadino es heterodoxo en su concepción de los géneros literarios: hay una gran imprecisión en las denominaciones que da a sus escritos e incluso, como veremos al hablar de ‘El clavo’, resulta muy difícil diferenciar en su obra qué es novela y qué cuento. Dejando a un lado algunas narraciones breves que no admiten discusión, muchos de los considerados como cuento tienen una extensión parecida a sus narraciones más extensas y sus característica son muy similares: intención moralizante, distribución clásica del relato, estilo y lenguaje un tanto arcaizante, etc. Pero, en cualquier caso, esto no es tan importante, puesto que novela y cuento no son más que dos caras de la misma moneda: el relato y su rasgo distintivo más destacable es la extensión.
Por otra parte, como apuntábamos antes, todas las narraciones del guadijeño tienen un rasgo común: su intención moralizante, su tesis. De ideas radicales en su juventud, el escritor evolucionó luego a una ideología ultramontana, tipo Antiguo Régimen, que defiende en sus obras. Es lo que se denominó “Realismo de tesis”, que también aparece, en una u otra dirección en las primeras obras de Pereda o Pérez Galdós y, sobre todo, con anterioridad, en “Fernán Caballero”. Son novelas en las que el argumento, la historia, se aprovecha para mostrar una idea y defenderla en el desarrollo de la trama, y los personajes afines al autor son los buenos y los contrarios espejo de todos los males. Por tanto, podemos hablar de maniqueísmo.
Entre las novelas cortas o cuentos del guadijeño –ya hemos mencionado que la distinción no está clara- destacan, entre otros, ‘El sombrero de tres picos’, ‘El capitán Veneno’, ‘Moros y cristianos’, ‘El amigo de la muerte’, y ‘El clavo’, todos ellos de excelente calidad.
‘El clavo’ es un relato policíaco, quizá el primero de la literatura española –no recordamos ninguno anterior-, en la linea de las narraciones de Edgar Allan Poe, al que, sin duda Alarcón había leído. Fue publicado en prensa hacia 1850. La trama se centra en el empecinamiento de un juez por resolver un crimen, cuya aclaración acarreará su desgracia, aunque entonces él no lo sabe.
La historia nos es contada por un personaje, Felipe, que narra lo que les sucedió a su amigo Joaquín Zarco, y a él mismo. Todo comienza cuando Felipe se desplaza a ver a éste y, en la diligencia, coincide con una misteriosa dama, de nombre Mercedes. Al llegar, Joaquín le cuenta que hace tiempo conoció a una bella mujer, llamada Blanca, se enamoraron y, cuando iban a casarse, ella desapareció. Al cabo de unos días, estando ambos amigos en el cementerio el día de difuntos, encuentran una calavera con un clavo en su parte superior. Zarco, que es juez, decide investigar, pues parece un asesinato. Tras descubrir el nombre de la víctima y otras pistas, llega a la conclusión de que la única sospechosa es la esposa del difunto, llamada Gabriela Zahara.

Universidad de Granada
Los hechos se precipitan a partir de aquí. La mujer de la que Joaquín estuvo enamorado regresa para casarse con él. Ese mismo día se prende a Gabriela y se la lleva a juicio. Al verla, Felipe y Zarco descubren que Mercedes, Blanca y Gabriela son la misma persona. Ésta confiesa que había matado a su esposo porque la maltrataba y porque estaba enamorada de otro, de un hombre tan estricto que, si hubiese descubierto que era casada, aún sabiendo que iba a darle un hijo, la hubiera rechazado. Lógicamente, ese otro era Joaquín. Se dicta sentencia y… Ya no diremos más, habrá que leer la obra para descubrir el final.
De entre los personajes principales, destaca poderosamente Mercedes-Gabriela-Blanca. Joaquín, aunque bueno, resulta acartonado por ser demasiado estricto. Felipe es mero espectador. Pero Gabriela es una heroína de carne y hueso. Mujer desgraciada, cuyo marido la tiraniza, encuentra en Joaquín una persona que la ama, pero no puede casarse con él y opta por asesinar a su esposo. Después tiene la valentía de regresar a buscar a su amante y, al ser descubierta, afronta con gallardía su destino. Sin duda, es un carácter muy bien elaborado.
Alarcón es un muy estimable escritor y conduce la narración de forma magistral. Con ritmo rápido, como si quisiera condensar en las pocas páginas de un breve cuento un relato más amplio, va desgranando todos los avatares de la historia. Quizá se le pueda reprochar el no haber aprovechado la anécdota para una novela más extensa, pues, de haber ido más despacio y pormenorizando algunos detalles, podría haber obtenido una obra maestra. Pero, en cualquier caso, su brevedad facilita la lectura y ayuda a no perder el hilo de la trama. El resultado es un producto excelente que hará las delicias de los aficionados al género policiaco.
Lectura de la obra | ‘El clavo’ en Cervantesvirtual.com
Fotos: Alarcón: Museo8bits en Wikipedia | Universidad de Granada: Balbo en Wikipedia

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4 Comentarios en “‘El clavo’, de Pedro Antonio de Alarcón”
hola esta bien aunque unpoquito aburrido pero sinduda alguna es muy o un´poco in teresante bueno bye……………………………………besos
quiero un cuento realista
hay a si que digamos que padre nopero me ayudo
bueno bye
besos
Creo que este relato de intriga, es una obra maestra digna de ser leida!
Está muy bien escrita y a medida que vas leyendo la intriga se va haciendo más inquietante.