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Poesía
Salimos de la generación del 98`para tomar esta joya del simbolismo literario

El cementerio marino de Paul Valéry

El mar como cementerio de la tierra
Gonzalo Valdivia Dávila
08:00h Domingo, 12 de abril de 2009
5

Paul Valéry (Francia, 1871-1945) fue alumno y continuador del simbolismo de Mallarmé, además de un graduado en filosofía. En su poema, El cementerio marino, habla de la contingencia de la muerte como ley de la vida, una situación que considera paradójica porque el mar es fuente de vida de múltiples especies y la inmortalidad ha sido ansiada como imposible por poetas como Píndaro, a quien cita en el epígrafe. El mar tiene la virtud de reciclar la vida en la superficie de la tierra.

El Cementerio Marino

El Cementerio Marino

El mar como cementerio alberga sus propios muertos, pero a la vez es testigo de la vida y muerte en la tierra, y en última instancia un revitalizador del vigor de las especies porque alimenta la vida como un favor de los dioses. El poema por momentos es disperso, pues Valéry divaga sobre los orígenes de la vida y la muerte; sin embargo considera que hay más muerte en la tierra firme y que el mar estaría como cementerio o nicho de todos los continentes, ya que damos cuenta de la muerte en la superficie.

La muerte como paradoja: La muerte está actualizada como contingencia del mundo físico, es dominante en la superficie, aunque también se enuncia en el mar, sólo que este espacio revierte el ciclo generando nueva vida. Valéry se basa en las paradojas de Zenón de Elea, discípulo de Parménides, con el ejemplo de la tortuga que puede ganar la  carrera a Aquiles, si el héroe griego se duerme en el trayecto. Esto porque, los hombres ganan honra pero la muerte llega al final demorándose toda una vida.

La vida tiene ejemplos de gente ilustre, los padres, maestros, artistas, que pasan y dejan huella, pero la vida sigue con el propio envejecimiento del yo poético que está yendo a su muerte, la que será inefable. La muerte impregna la tierra, volviendo a los huesos, restos desprovistos de la actividad de cada ser en su etapa viviente. El mar sirve de nicho o tumba a la muerte en la superficie, porque la contiene. En cifras la Tierra es un 70%  agua y 30% continente, pues sin el agua, la vida no se regeneraría.


El poema es un poco disperso, pero bueno en sí, la dispersión sirve para enumerar los atributos de la muerte en la tierra y como el mar con su silencio y frescura parece ser un cementerio para toda la tierra firme a pesar que está lleno de vida. La muerte viene a los seres vivos como sentencia del tiempo, pero el mar parece imperturbable, sigue intacto como por designio de los dioses, de quienes refleja la calma y el azul del cielo infinito. La quietud del mar refleja la inmutabilidad del ser, según Parménides de Elea.

El mar como cementerio: El mar está enunciado en su profundidad y vastedad, puede sepultar restos de la tierra en sus abismos, aún así sigue imperturbable. Valéry le da al mar la personalidad de Tánatos, como ente envolvente de la muerte en potencia y en acto. El mar es fuente de conocimiento, pues el poeta le llama “templo de Minerva”, en el en tanto cementerio se puede acceder a la videncia al entrar en sus profundidades, en una analogía al Hades, que entregaba la verdad a las almas en la muerte.

Paul Valéry

Paul Valéry

La inmensidad del mar disuelve todo, incluso la muerte que es el cambio hacia la contingencia de la vida. La muerte es la mutación última, disfórica o no deseada, en cierta forma se acerca al no ser de la vida, como su anulación, la salida de juego de la potencialidad del individuo. El mar es también el testigo de la muerte en el planeta, por  ser el recipiente de la biósfera, la contiene. El mar está fuera de la cotidianeidad de la vida del hombre porque aún sus profundidades no han sido del todo exploradas.

El mar absorbe al yo poético por su majestad, mientras el se interroga por la continuidad de la vida tras la muerte. El yo lírico aspira superar la muerte para el alma, darle la continuidad de los fenómenos que parecen inmutables en la naturaleza. El mar llega hasta la orilla, pues el poema enuncia la superficie donde merodea la vida, ejemplificada en focas, en este momento el mar y la tierra albergan juntos la vida. La muerte es una ley misteriosa, está admitida como fuerza superior y ethos del destino de la vida.

El misterio: El mar puede albergar todo, tanto como recipiente de la tierra como por su capacidad de guardar el reflejo de la luz del sol y de los relámpagos. La tierra está enclavada en el misterio, pues termina donde comienza el mar y continua en la profundidad del océano. Para el poeta el mar puede albergar los pensamientos de los hombres de todos los tiempos, sus trabajos y deseos, porque los revuelve con su inmensidad que los sobrecoge al contemplarle desde donde estén.

La Academia Francesa nos legó, entre otros, a Paul Valéry

La Academia Francesa nos legó, entre otros, a Paul Valéry

El poeta aborda este misterio de las aguas por su formación filosófica, que impregna el texto haciéndolo un poema metafísico. El agua tiene su lado divino, purificador, que Valéry resalta, por su herencia simbolista, este poeta mantiene la espiritualidad de su arte y sabe que en sí misma, la vida es un misterio, del cual toma parte el pensamiento, la labor creativa en poesía y el mismo hecho de asumir la contingencia de la muerte como fin de la interacción entre la naturaleza y el hombre en su ciclo vital.

El mar connota misterio porque el agua siempre está en movimiento, haciendo difícil predecir su curso, por otro lado sus profundidades son fuente de curiosidad y de ansiedad por encontrar tesoros, los que en el caso del poema serían las explicaciones a los orígenes de la vida en el océano. El otro misterio es la capacidad destructora del mar, que podría acabar con la tierra volviéndose su tumba, ya que la destrucción masiva de la superficie se realiza con fuego, aire o agua en grandes cantidades.

Conclusión: El mar es en este poema es fuente de vida, obra divina, testigo de la muerte en la tierra y cementerio en cuanto la contiene. El mar seguirá conteniendo a la tierra como su último recipiente, y teniendo la potencia de generarle muerte puede entronarse como cementerio de la misma. Sin embargo en la contemplación de la belleza, Valéry se dedica a enunciar la vida que brota del mar o está en interacción entre este y la tierra. El poema no sería del todo negativo porque los huesos son constancia de la vida anterior.

Imagen Libro: Exedrabooks
Imagen Valéry: Amediavoz
Imagen Academia: PRA en Wikipedia

Comentarios (5)

  • Fernando Reyes Franzani
    16:37 14 septiembre 2010

    Como comentario, dejo la traducción de la estancia
    XVI

    Niñas excitadas, su angustia en gritos,
    ojos, dientes, párpado humedecido,
    la sangre que brilla en labios rendidos,
    el pecho que encanta y juega con fuego,
    los últimos dones, sus guardas dedos:
    todo cae a tierra y reentra al juego.

  • Fernando Reyes Franzani
    16:59 14 septiembre 2010

    Muy de acuerdo con el comentarista
    y su exégesis.
    Solo discrepo de su interpretación
    de un término en la estancia final:
    no son focas las que picotean: son
    foques, (velas) en las que se han
    transformado las palomas de la
    estancia primera del poema:

    Mi traducción:

    XXIV

    Preciso es vivir, el viento se eleva
    inmenso, y abre mi libro y lo cierra,
    roca, la ola en polvo, a brotar se arrogue.
    Vuelen todas páginas deslumbradas,
    rompan olas de aguas regocijadas
    el calmo techo donde pican foques.

    Santiago, Chile, 24 de Mayo de 2009.

    La percepción de Valéry acerca del mar
    es retomada por Pablo Neruda en
    Residencia en la tierra, en especial
    en ‘Galope muerto’ y en ‘Ausencia de Joaquín’
    (Pero no apunto a la exégesis canónica de
    ‘Galope muerto’, la cual es muy deficiente,
    sino a una nueva, que va más bien
    por el lado del tratamiento poético
    de Paul Valéry sobre el mismo símbolo).

  • Edmar
    05:03 8 noviembre 2010

    Gran ayuda, suficiente para quien busca atracar de vez en cuando en el cementerio marino..

  • Fernando Reyes Franzani
    13:30 8 noviembre 2010

    Ahh, qué bien, alguien interesado en lo mismo: pescar
    en El Cementerio marino: Gracias, Edmar.

    Aquí dejo mi traducción completa. Sin comentarios.
    La puedes ver igualmente en Facebook donde aparezco como
    Fernando Arturo Reyes Franzani. (Nombre completo).

    EL CEMENTERIO MARINO

    I

    Calmo ese techo, surco por palomas,
    palpita entre los pinos y las fosas,
    que, justo el mediodía, de fuego arma:
    ¡El mar, el mar, renaciendo cual siempre!
    Para el pensamiento, largo un presente
    que percibe de los dioses su calma.

    II

    Qué pura luz en su esplendor consume
    tantos diamantes de impalpable espuma,
    y cuánta paz parece que se asume
    cuando sobre el abismo un sol se acuna:
    Trabajo puro de una eterna lumbre,
    rielar del tiempo, sueño es la cultura.

    III

    Cierto tesoro y Templo de Minerva.
    Quietud cuán grande y en visual reserva.
    Agua parpadeante, ojo que en ti guardas
    tanto de sueños bajo un velo en llamas:
    Edificio del alma: ¡Oh, mi silencio!
    Por mil tejas de oro, cubierto techo.

    IV

    Que un suspiro cifre: Templo del Tiempo,
    del mi mirar marino todo envuelto
    me acostumbro, y a su pureza yo alzo,
    como a los dioses, mi mejor ofrenda
    que el agua al rutilar sembrando deja
    en las alturas, desdén soberano.

    V

    Como el fruto que deshácese en gozo,
    y en delicia su ausencia se convierte
    en una boca en que su forma muere,
    mi futura humareda aquí yo sorbo;
    y el cielo canta al alma consumida
    mudanza, en el rumor de las orillas.

    VI

    Cielo, cierto y bello, obsérvame en cambio
    después de tanto orgullo, tanto extraño
    ocio pleno, a sus poderes avaro
    me abandono en este brillante espacio:
    mi sombra va sobre, de muertos, casas
    que en su leve movimiento me atrapan.

    VII

    A lumbres del solsticio expuesta el alma
    me estoy, oh admirable, sosteniéndote:
    justicia de la luz de crueles armas,
    pura te retorno al primer soporte.
    ¡Mírate! Devolver la luz arroja
    esa otra, su mitad, a triste sombra.

    VIII

    Para mí sólo, a mí solo, en mí mismo,
    cerca el corazón, fuente del poema,
    entre el suceso puro y el vacío
    de mi grandeza interna espero el eco,
    cisterna amarga y sombría resuenas:
    siempre a futuro, do en el alma un hueco.

    IX

    Del follaje, y falso cautivo, sepas
    de sus débiles rejas voraz golfo,
    por deslumbre oculta, mis ojos cierras;
    y el cuerpo me arrastra a fin perezoso:
    ¿y me atrae, en huesa tierra, cuál frente?
    piensa eso una centella: mis ausentes.

    X

    Me place este lugar, reino de teas,
    hecho de oro, umbríos árboles, piedras,
    consagrado a la luz, fulgor terrestre,
    fuego atrapado, inmaterial y sacro,
    mármol trémulo tantas sombras bajo,
    donde el mar fiel, entre mis fosas, duerme.

    XI

    Aparta al idólatra, poderoso
    mastín, si en sonrisa de pastor, solo,
    apaciento corderos misteriosos:
    el blanco rebaño de quietas fosas,
    y aleja las calmas cautas palomas:
    los sueños vanos de ángeles curiosos.

    XII

    Aquí llegado, es lento el porvenir.
    Tañe a sequedad el nítido insecto,
    y el aire le acoge todo deshecho
    sin saber en qué esencia su vivir;
    cuando ebrio de ausencia: la vida es vasta,
    y la amargura dulce y el alma clara.

    XIII

    Los muertos, ocultos bien son en tierra
    que en su misterio sécalos y abriga,
    el mediodía reposando encima
    reconcíliase a sí mismo y se piensa
    diadema perfecta en su cabal testa:
    donde en ti soy, la mudanza secreta.

    XIV

    ¡Quién sino yo contiene tus temores!
    así mis dudas, contrición, dolores,
    la impureza son de tu gran diamante.
    Y en sus noches, y grávidas de mármoles,
    un incierto pueblo enraizado en árboles
    ya morosamente apoya, tu parte.

    XV

    Reunidos en una espesa ausencia
    el rojo lodo bebe la alba esencia
    y el don de vida hacia las flores pasa.
    ¿Dónde mueren las frases familiares,
    el propio arte, las almas singulares?:
    Donde téjese el llanto, hílanse larvas.

    XVI

    Niñas excitadas, su angustia en gritos,
    ojos, dientes, párpado humedecido,
    la sangre que brilla en labios rendidos,
    el pecho que encanta y juega con fuego,
    los últimos dones, sus guardas dedos:
    todo cae a tierra y reentra al juego.

    XVII

    Y tú, alma grande, ¿aún un sueño sueñas
    que de engaño su color no posea?
    Que ojos mortales onda y oro defraudan.
    ¿Cantarás cuando seas vaporosa?
    ¡Ve! ¡Todo huye: es mi presencia porosa!
    Muere también la impaciencia sagrada.

    XVIII

    Magra inmortalidad, negra y dorada,
    horriblemente consuelas laureada
    fingiendo a la muerte: seno materno.
    Quién no conoce la bella mentira,
    Quién no ésa rechaza: la argucia pía:”
    Un cráneo vacío: Reír eterno.

    XIX

    Padres profundos, vacías cabezas,
    que bajo la opresión de ser la tierra
    en paladas: confunden nuestras huellas.
    El cierto gusano en terca carcoma,
    no, para quien bajo tablas reposa,
    de vivos vive, ya nunca me deja.

    XX

    Amor quizás, ¿o de mí mismo el odio?
    su oculto diente me ronda tan próximo
    que todo nombre sabe en convenir.
    ¡No importa! Él ve y toca, él sueña y quiere,
    sobre mi lecho mi carne apetece,
    siendo en su vida, elegí su vivir.

    XXI

    Zenón, cruel Zenón, Zenón de Elea,
    me has herido con tu alada flecha:
    Vibra y vuela, y no avanza sin embargo.
    Mátame la flecha que al silbo nazco.
    Ah el sol: cómo tortuga hace al alma
    en sombra: Aquiles quieto aún si afana.

    XXII

    ¡Basta! De pie. Al tiempo venidero!
    La idea cavilante quiebre el cuerpo,
    y mi pecho absorba el naciente viento.
    La frescura por la mar exhalada
    devuelva, su poder salino, a mi alma
    y en ola ondule en vida rebrotada.

    XXIII

    Sí, grande mar de delirios dotada,
    piel de pantera, clámide horadada
    por miles de luz, ídolos de fuego:
    hidra total, tan ebria de tu carne
    terrible, muerdes tu cola estellante
    en un estruendo, igual al silencio.

    XXIV

    Preciso es vivir, el viento se eleva
    inmenso, y abre mi libro y lo cierra,
    roca, la ola en polvo, a brotar se arrogue.
    Vuelen todas páginas deslumbradas,
    rompan olas de aguas regocijadas
    el calmo techo donde pican foques.

    fernando reyes franzani.
    Santiago, Chile, 24 de Mayo de 2009.
    09 de octubre de 2010.

  • Edmar
    20:07 9 noviembre 2010

    Que maravilla, este es un gran aporte de tu parte ..

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