La espiritualidad es una esfera de la vida de la que muy pocos pueden apartarse totalmente sin lamentarlo, cualquiera que sea el credo, religión hay una necesidad de afirmarse por medio de la fe y de integrar los actos en una ética que sabemos que nos ahorrará problemas y conflictos.
Kahlil Gibran (1883-1931) fue un escritor libanés con profundos conocimientos de filosofía y teología. Escribió su obra cumbre, El Profeta (1923) un libro influido por la moral islámica pero no obstante influido por la Biblia y el mensaje cristiano. Es notable que siendo un intelectual no se contaminara del ateísmo de Friedrich Nietzsche a quien leyó en Estados Unidos y cuya filosofía consideraba débiles mentales a los creyentes, especialmente a los cristianos. Aun hoy en una época de escepticismo, de abandono de la religión por temor a ser considerado supersticioso, esta obra de Gibran no pierde vigencia. Quien no recuerda en los setentas y ochentas fragmentos del libro El Profeta en consultorios médicos, salas de espera, comercios y bodegas. Yo recuerdo en la tesorería de mi colegio, siendo niño ver enmarcado el poema sobre los hijos de El Profeta, a manera de guía para los padres de familia que ponían sus esperanzas en ellos pero debían ser concientes de que la vida marcaría diferencias entre ellos y sus niños, ya que ellos no son dueños de los pequeños y tienen que entregárselos a la vida para cumplir su destino. Sin embargo descubrí este libro después de la escuela y me deslumbró, pues no dejaba de ser poético a pesar de su tono didáctico, percibía la voz del protagonista firme pero conciliadora, estaba lleno de consejos morales pero a la vez es una poética de la ética y de la espiritualidad, ligada a la búsqueda de Dios, así la piedad que emanaba de la pluma de Gibran en esta obra lograba consolar, reconfortar y dar esperanzas.

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La voz del elegido: El profeta tiene nombre, Almustafá, quien ha pasado doce años predicando en la ciudad de Orfalese y se dispone a embarcarse hacia su tierra natal, no sin dolor para él y para el pueblo que ha sido guiado y enseñado por su prédica. Los ciudadanos congregados ante su maestro esperarán hablar con él por última vez para guardar en sus corazones una lección de buen vivir según la religión. Este profeta se da tiempo para hablar sobre todo en lo que es versado, las leyes, los hijos, la justicia, el matrimonio, el amor, el comercio y la religión. Los poemas del libro están marcados por un tono bíblico que confiere autoridad moral a la voz de Almustafá, quien provee un mensaje de paz, también de sanción y orientación hacia el deber ser de la conducta. En esta inclinación a regular la vida por la religión se nota la influencia del Islam, que integra todos los aspectos de la vida en la fe.
Su voz es la misma en toda la obra, calmada y segura de sí misma, con habilidad para adaptarse a distintos destinatarios de su mensaje; el mercader, el abogado, la madre de familia, el hombre rico, los jueces, los sacerdotes y sacerdotisas. Aquí hay una conexión con las religiones y la ficción de la antigüedad, donde las mujeres realizaban oficios religiosos; pues en las religiones más difundidas de la actualidad como el judaísmo, Islam y cristianismo, no hay sacerdotisas. Tampoco hay un nombre para la religión que enseña Almustafá, se sabe que es común dos naciones Orfalese y la tierra de Almustafá, no está bajo un ismo determinado; factor que promueve la universalidad de esta obra para hacerla común a estas tres grandes religiones monoteístas mencionadas.
La obra fue escrita originalmente en inglés por Gibran, hecho que facilitó dirigirla a occidente porque se refería al Dios Cristiano y al Dios de las religiones monoteístas, por puntos en común entre las distintas doctrinas.

El profeta habla con fieles arquetípicos: De todos los fieles entre los ciudadanos solo la mujer Almitra, la profetisa de Orfalese tiene nombre propio, ella pregunta sobre el amor, el matrimonio, la razón y la pasión, y la muerte; el resto son hombres y mujeres, sacerdotes ancianos, un orador, un tejedor, un joven preocupado por la amistad, a cada uno adoctrina el maestro en el deber ser de su oficio y en la rectitud de la materia de su pregunta. Cada ciudadano quiere ser guiado en su ocupación, a fin de encontrar la virtud y actuar con bondad en ella, la vida cotidiana se subordina a la religión en Orfalese, la felicidad para este pueblo espiritual consiste en alejarse del pecado, del vicio y del error en su conducta. Cada hombre según su rol en la sociedad recibe un consejo, por ejemplo los abogados no deben violar las leyes que ellos mismos crean; los maestros deben guiar a los alumnos en la comprensión del conocimiento; los mercaderes deben intercambiar los frutos de la tierra con amor y justicia; al orador que proclama la libertad le aconseja disipar las causas de los males sociales en el corazón de los ciudadanos, pues ellos son responsables de su suerte; al albañil le aconseja pensar en la proporción de la naturaleza y la búsqueda de la soledad en valles y prados al construir las casas. Sus consejos y amonestaciones siguen la división del trabajo social, los roles de los ciudadanos en la sociedad están separados pero interactúan determinando la calidad de vida de la ciudad. Preocupa a Almustafá despertar en la conciencia de los fieles la verdad de que un pueblo enfermo moralmente no llevará una buena vida, al margen de que cuente con comodidades y pase por bonanza económica, este profeta quiere que su pueblo sea rico en los dones del espíritu. Además desea que su querido pueblo no se aparte de Dios, que lo invoque en sus actividades. Esta obra es un rescate de la dignidad del creyente, por eso sigue vigente en estos tiempos de crisis de espiritualidad, de materialismo y de abandono de las religiones oficiales por grandes grupos de personas.

Conclusión: El Profeta es una obra sobre la fe monoteísta, que da gran importancia al conocimiento teológico, por eso llama a la puesta en práctica de la acción piadosa en cada rol diferenciado de la sociedad, se conoce la fe por la doctrina y por el estudio, pero se afirma en la consecuencia del culto y las rectas acciones.


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