
La obra de Onetti, un referente
Todos los grandes escritores han creado un universo propio, ya sea interno, ya externo. Algunos incluso han elaborado un mundo físico original en el que ambientan sus obras. Son ciudades inventadas –en su inmensa mayoría trasunto de las que los autores conocieron- tamizadas a través de la fantasía y las obsesiones de su creador.
Es proverbial el caso de Macondo, el mágico poblado de García Márquez en el que todo es posible. Pero no es el único. Baste mencionar los ejemplos de la Vetusta de ‘Clarín’, la Yoknapatawpha de Faulkner o la Santa María en que Onetti ubica la mayoría de sus escritos.
Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-1994) es, probablemente, el más grande escritor de las letras uruguayas en el siglo XX –sin olvidar por ello a Mario Benedetti-. Periodista durante toda su vida, sufrió –como buen intelectual- las iras del poder y, así, durante la dictadura de Bordaberry hubo de exiliarse en España, donde viviría el resto de su vida. Es, por tanto, ejemplo del compromiso del pensador con su época y sus ideas.
Toda su obra se halla atravesada por preocupaciones existenciales. El lector que se acerque a sus escritos no debe esperar argumentos apasionantes, plagados de aventuras, ni tampoco finales felices. Por el contrario, su poética se resume en estas palabras, pronunciadas por él mismo: “Yo quiero expresar nada más –y nada menos, añadiríamos nosotros- que la aventura del Hombre”.
Por tanto, se trata de indagaciones en la condición humana y en su modo de afrontar la realidad y reaccionar ante ella. No hay mensajes tranquilizadores. Sus personajes son seres angustiados y marcados por la desesperanza. En este sentido, es palpable la influencia de su maestro: precisamente el mencionado William Faulkner.
Estos rasgos se encuentran presentes en todas sus novelas: desde la primera, ‘El pozo’, pasando por ‘Tierra de nadie’ y ‘La vida breve’, hasta llegar a sus dos obras cumbre: ‘Juntacadáveres’ y ‘El astillero’, que pueden considerarse una unidad argumental.
En efecto, si en ‘Juntacadáveres’ el protagonista -así apodado y de nombre Larsen- se había visto obligado a abandonar Santa María, al ser clausurado su prostíbulo gracias al movimiento popular liderado por el cura Bergner y su sobrino Marcos, ahora, tras cinco años de destierro, regresa al pueblo con ánimo de venganza.
Pero esto es lo de menos. Como decíamos, el argumento es algo secundario en Onetti. Lo importante es la reflexión existencial y la muestra de un mundo social perverso. Se ha señalado, en este sentido, que el escritor uruguayo, asqueado de la sociedad, construye en sus obras una ‘ética de la inmoralidad’, conformada por todo lo que aquélla considera perverso, que es utilizado como método purificador frente a ella misma, generadora de lo que aborrece.
Onetti, que en los últimos años de su vida recibió numerosos premios y reconocimientos es, sin duda, un gran escritor y, entre su excelente obra, probablemente sea ‘El astillero’ su más acabada creación.

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2 Comentarios en “‘El astillero’, visión de una sociedad degradada”
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muy bueno