Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) es, hoy, un escritor indiscutiblemente acreditado. Su trayectoria literaria es lo suficientemente amplia y cualificada como para poder permitirse jugar con la literatura y reirse de las modas que surgen en el ámbito de las letras.

Eduardo Mendoza
Encuadrado en la generación literaria de 1968, desde su primera novela, ‘La verdad sobre el caso Savolta’ (1975), la crítica ha visto en él un narrador de calidad, que sabe combinar a la perfección las nuevas técnicas con los asuntos tradicionales. Otro tanto puede decirse de ‘La ciudad de los prodigios’ (1986), en la que Mendoza novela la Barcelona del desarrollo, entre la Exposición Universal de 1889 y la Iberoamericana de 1929, a través de la figura del arribista Onofre Bouvila.
Ambas creaciones son más que suficientes para granjearse un prestigio literario. Y, aunque en ellas no están ausentes la ironía y el humor, no son éstos sus elementos principales.
Pero, a partir de entonces, Mendoza ha descubierto la fórmula para escribir con calidad y, al tiempo, parodiar lo que ve alrededor. Es como si, tras alcanzar éxito literario, se hubiese propuesto tomarse a broma las modas literarias posteriores. Cada obra suya es, ahora, sinónimo de humor desquiciado y entretenimiento asegurado. Los ejemplos son muy numerosos: desde el detective innombrado, al que sacan del manicomio para investigar casos, hasta el extraterrestre Gurb y su compañero de exploraciones, que recorren Barcelona repartiendo excentricidades y dinero.
No obstante, con ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’ (2008), ha ido un poco más allá. Consciente de la moda narrativa de reinterpretar la Biblia, extrayendo de ella toda clase de teorías descabelladas, se ha propuesto parodiar este género de novela de usar y tirar.
Y, así, nos presenta al filósofo Pomponio, caballero romano y admirador de los griegos, que viaja a Nazareth en busca de unas aguas medicinales que alivien sus flatulencias. Pero allí será contratado por un cliente muy especial: un niño llamado Jesús, cuyo padre, José, carpintero por más señas, va a ser ajusticiado por asesinato. Así, el romano se ve envuelto en un mundo por el que pululan personajes bíblicos al lado de otros nada espirituales.

Vista de la ciudad de Nazareth
Por tanto, nos hallamos ante una descabellada sátira de las novelas de moda, que buscan en la reinterpretación de la Biblia y en el escándalo consiguiente suplir sus carencias literarias. Es una descacharrante novela breve en la que la ironía magistral de Mendoza se hace patente a cada página. El autor, sin necesidad de nombrarlas, ejecuta una parodia de ellas que debería resultar definitiva para acabar con esta nueva tendencia narrativa que, en general, presenta una ínfima calidad literaria.
La lectura de esta novela cómica, muy fácil por su amenidad, garantizará a quién la emprenda, sin duda, una tarde de risas constantes, puesto que -a nuestro juicio- Mendoza es, hoy día, uno de los escritores que mejor manejan el recurso literario de la ironía.
Fotos: Eduardo Mendoza: Miguel A. Monjas en Wikipedia | Nazareth: Siebrand en Wikimedia

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1 Comentario en “‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’, de Eduardo Mendoza”
EL libro es muybueno, realmente un vocabulario exquisito. En la linea del escritor. Si te gusta la intriga, te encantará.
Yo lo leí en un par de dias de vacaciones. Se hace ligero, aunque no está recomendado a menores de cierta edad; no por vocabulario, sino por la enfasis emocional que solo un adulto conoce por vivencias de la vida…
Hay momentos del libro muy bonitos.