La literatura rusa presenta una trayectoria histórica, cuando menos, curiosa. Prácticamente desconocida hasta el siglo XIX, es con el Romanticismo –sobre todo en la figura de Pushkin-, cuando se comienza a hacer un hueco en las letras universales. Pero su gran desarrollo llega inmediatamente después, con la narrativa realista, hasta el punto de que cuenta con algunos de los novelistas más grandes de todos los tiempos, como son Dostoievski y Tolstoi.

Fiódor Dostoievski
Fiódor Dostoievski (Moscú, 1821-1881), en concreto, no tuvo una vida fácil. Enfermo de epilepsia desde niño, militar de carrera, vivió la prisión en Siberia, acusado de conspirar contra el Zar. Cristiano ortodoxo, fue evolucionando hacia ideas tradicionalistas, lo que nunca le impidió criticar con dureza las desigualdades sociales –brutales en la Rusia de entonces- y las anacrónicas costumbres de su pueblo, propugnando una progresiva y pacífica modernización, basada en tesis humanitarias, radicalmente opuestas al marxismo.
La obra literaria de Dostoievski, fundamentalmente narrativa, se centra, así, en la exploración del alma humana y en la crítica social. En cuanto a la primera característica, su profundización en los recovecos del espíritu humano –quizá movido por su propia enfermedad- supone un análisis muy importante de éste. Baste decir como ejemplo que el escritor austríaco Stefan Zweig lo consideraba ‘el mejor conocedor del alma humana de todos los tiempos’.
En lo que respecta al segundo rasgo citado, como decíamos, Dostoievski es un duro crítico de las costumbres rusas de su época, totalmente anacrónicas en el contexto europeo de entonces. Temas como la servidumbre, el matrimonio concertado de niños o la oscura persecución policial al disidente por parte del estado ruso son fuertemente atacadas en sus obras.
Así sucede en ‘El árbol navideño y la boda’ (1848), relato breve que satiriza al arribista Julián Mastakóvich, quién, durante una fiesta navideña, persigue a la hija –aún niña- del rico anfitrión para asegurarse su futura boda con ella, atraído por su generosa dote.
El narrador cuenta cómo, cinco años atrás, asistió a una fiesta navideña en casa de un rico comerciante, cuya niña es un excelente partido, y allí presencia el concierto de la boda de ésta con el interesado Mastakóvich. Cinco años después, también es invitado al casamiento de ambos y, al ver la tristeza pintada en el rostro de la joven, abandona enfadado la ceremonia.

Vista de la calle Dostoievski, en Moscú
Por tanto, este breve relato es una despiadada crítica a las bodas concertadas por los padres para sus hijas, cuando aún son niñas, y sin contar para nada con su opinión. Esta costumbre se hallaba entonces muy arraigada en la sociedad rusa –y también en otras- y, para Dostoievski, debería ser erradicada, pues tan sólo sirve para que aventureros sin dinero pero con título social se aprovechen de estas niñas, haciéndose con su rica dote.
Poco amigo de retóricas vanas, el estilo del ruso es directo y escueto. Lo importante para él es la profundización psicológica en el interior de los personajes y el mensaje que trata de acercarnos. Ello no significa que su lengua sea poco lograda, pues a veces es más difícil hallar la palabra exacta que adornarla con hueca ornamentación.
Fotos: Dostoievski: Dimitry Rozhkov en Wikipedia | Calle Dostoievski: NVO en Wikimedia

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
buen libro gracias