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En esta sección encontraréis obras y noticias de género teatral. Obras destinadas a ser interpretadas en vivo, donde priman los diálogos entre los personajes de cada una de las historias.

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Entrada categorizada en ‘Teatro’

Teatro, clasicos
Un clásico del teatro contemporáneo

‘La gata sobre el tejado de zinc caliente’, de Tennessee Williams

La caída de una familia sureña
Por Luís Martínez González, en 24 de Junio de 2009

Tennessee Williams, cuyo verdadero nombre era Thomas Lanier Williams, es uno de los más grandes dramaturgos norteamericanos del siglo XX. Nacido en Columbus, Mississippi, en 1911, su vida guarda grandes paralelismos con la de los novelistas de la ‘Generación perdida’Hemingway, Scott Fitgerald, etc-, pues fue siempre un inadaptado, una persona que nunca halló acomodo en el mundo y que, quizá por ello, se refugiaba en otros imaginarios.

Tennessee Williams

Tennessee Williams

Seguramente, en ello influyera su problemática familia, pero el hecho es que su vida es una permanente dependencia del alcohol y las drogas y un constante coqueteo con la depresión y la locura. También su homosexualidad, en una época en que ésta no era vista como ahora, pudo influir en su carácter.

Pero lo cierto es que pocos dramaturgos presentan una obra de la calidad de la suya. Williams es el retratista por excelencia de la sociedad sureña de Estados Unidos. Pinta ambientes asfixiantes a causa de las rígidas convenciones de aquellas comunidades -que se traslucen materialmente incluso por el clima, de un calor sofocante- y personajes inadaptados que consumen su vida en el alcohol. Obras como ‘Un tranvía llamado deseo’ o ‘Dulce pájaro de juventud’ pertenecen por derecho propio al patrimonio universal del teatro.

‘La gata sobre el tejado de zinc caliente’ (1954) presenta la corrupción de una acaudalada familia sureña, que, en una tórrida noche de verano, se reúne en la casa paterna para celebrar el cumpleaños del padre, enfermo terminal.
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Teatro
Dramaturgos del 27

‘La sirena varada’, de Alejandro Casona

La renovación del teatro poético
Por Luís Martínez González, en 30 de Mayo de 2009

La crítica literaria, en ocasiones demasiado puntillosa, suele excluir de la Generación del 27 a todos aquellos autores que no cumplen alguno de los requisitos que ella misma impone para considerar ‘generación’ a un grupo literario. Así, no considera miembros del 27 a quienes no participaron del homenaje a Góngora, a los que no escribieron poesía, a quienes no estuvieron en la Residencia de Estudiantes o, simplemente, a aquellos que siguieron vías literarias más personales.

Un volumén recopilatorio de obras de Casona

Un volumén recopilatorio de obras de Casona

Como resultado de ello, excluyen de esta generación a escritores coetáneos que, como mínimo, compartieron con los Lorca, Cernuda, Salinas, etc, las mismas inquietudes humanas y literarias. A nuestro juicio, esto es un craso error, pues la literatura de una época es fruto de unos acontecimientos históricos, estéticos, filosóficos y vitales comunes. Por ello, limitar la nómina de integrantes de un grupo literario nos parece un reduccionismo innecesario y empobrecedor.

Hacemos esta reflexión porque nos proponemos hablar de Alejandro Casona, a quién muy pocos incluyen en el grupo generacional del 27, aunque, a continuación, relacionen íntimamente su obra con el teatro de Lorca, en su común papel de renovadores del panorama dramático, lo cual nos parece una flagrante contradicción.

Por otra parte, en un momento en que el teatro español trataba de remontar el vuelo, tras unos inicios de siglo en que había predominado un drama modernista, de puras galas formales, y un neorromanticismo retumbante y declamatorio creado por Echegaray y sus seguidores, y en el que tan sólo Jacinto Benavente había realizado tímidos intentos modernizadores, el papel de revitalizador del teatro ejercido por Casona nos parece indiscutible.
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Teatro
Teatro de la Generación del 27

‘La casa de Bernarda Alba’, de Federico García Lorca

Una tragedia sobre la frustración vital
Por Luís Martínez González, en 21 de Mayo de 2009

El panorama teatral español en los primeros años del siglo XX era bastante pobre. Imperaba un drama neorromántico y grandilocuente en verso, al más puro estilo de Echegaray. Tan sólo Benavente, con su comedia burguesa y sus dramas rurales mostraba una mayor modernidad, aunque, tras unos inicios prometedores, se hallaba un tanto anquilosado. Habría que esperar a la llegada de Valle-Inclán, con sus brutales ‘esperpentos’ para asistir a una verdadera renovación.

Busto de Federico García Lorca, en Rosario

Busto de Federico García Lorca, en Rosario

Y, tras éste, como dignísimo sucesor, nos encontramos a Lorca. En efecto, Federico García Lorca (Fuentevaqueros, Granada, 1898-1936) ha pasado a la historia de nuestras letras como un excepcional poeta, pero, también, como una de las cumbres de la dramática moderna. Tan es así que, a nuestro juicio y sin negar en absoluto el valor de su obra poética, es mayor la calidad de su obra teatral.

Y es que Lorca es, en sí mismo, una figura trágica y no sólo por su triste final. Su personalidad alegre y desbordante ocultaba un sentimiento de frustración, un íntimo dolor de vivir, que se plasma en toda su obra y muy en especial en sus criaturas teatrales.

De entre las muchas opiniones que el granadino expuso acerca del arte dramático, quizá la más expresiva sea la que encontramos en estas palabras suyas de 1934: ‘El teatro es una escuela de llanto y de risa, y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas, y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre’.
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Teatro
Teatro de la Generación del 27

‘Noche de guerra en el Museo del Prado’, de Rafael Alberti

Una farsa de tema político
Por Luís Martínez González, en 16 de Mayo de 2009

La formación académica –realizar estudios reglados y obtener títulos- es importante, sobre todo porque abre puertas laborales. Pero la vida, que es muy contumaz, nos enseña todos los días que el hecho de poseer diplomas no es patente ni de inteligencia ni de preparación. Personalmente, estamos hartos de hablar con catedráticos analfabetos, sabihondos oficiales que pasan por cultos y que nos aburren soberanamente –de estos son legión en la Universidad española-, mientras que otras personas, cuyos estudios académicos han sido reducidos nos abruman con su sabiduría.

Rafael Alberti

Rafael Alberti

Pero, eso sí, hay que formarse. Si, por la circunstancia que sea, no podemos cursar estudios oficiales, siempre queda la vía del autodidactismo. Estudiar por nuestra cuenta es más difícil pero suele proporcionar excelentes frutos y ser muy gratificante.

Hacemos esta introducción porque nos proponemos hablar de un poeta autodidacta, expulsado de su centro durante el Bachillerato, que, no obstante, presenta una trayectoria literaria excelente. Nos referimos a Rafael Alberti (Puerto de Santa María, Cádiz, 1902-1999). Pintor y poeta, ha sido –entre los principales autores de la Generación del 27- uno de los más longevos. Vivió dedicado a la literatura y a la actividad política. Toda su vida fue comunista militante, desde que una crisis espiritual de juventud lo apartase de la religión.

La poesía del gaditano asombra, en primer lugar, por su variedad de temas tonos y estilos. En su producción, alternan la poesía pura, las formas tradicionales, el barroquismo y lo vanguardista. Y, temáticamente, se combinan el amor, la angustia, el juego o la pasión política. Él mismo lo ha explicado en una confesión realizada en 1931: ‘He intentado muchos caminos, aprovechándome a veces de aquellas tendencias estéticas con las que simpatizaba’. En cuanto a sus influencias, reconoce como tales a las siguientes: ‘Los poetas que me han ayudado y a los que sigo guardando una profunda admiración, han sido Gil Vicente, los anónimos del Cancionero y Romancero españoles, Garcilaso, Góngora, Lope, Bécquer, Baudelaire, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado’. Como podemos apreciar, sus modelos son no menos variados.
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Teatro
Teatro de la generación del 98

‘Sangre Gorda’, de Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

La inducción al cortejo por parte de la mujer
Por Gonzalo Valdivia, en 29 de Abril de 2009

Los hermanos Álvarez Quintero, Serafín (1871-1938) y Joaquín (1873-1944), dramaturgos españoles, componen ‘Sangre Gorda’, un sainete teatral o comedia breve presentada en un solo acto. En esta obra intervienen dos personajes, Santiago, un hombre que tiende a ser en extremo parsimonioso, calmado y falto de reacción y Candelita, la muchacha que él viene visitando durante dos años pero no se anima a declarársele porque le falta viveza. En la obra Candelita lo mueve a declararse haciéndole hablar por el truco de los celos.

Esta muchacha inventa que Juan María, el novio de su hermana Dolores, la corteja, lo que desespera a Santiago logrando que declare su amor, luego ella le cuenta la verdad del ardid y le pide una prueba de fidelidad y diligencia: que el la siga en un recorrido que va a hacer ella para convencerse que la quiere. Como una connotación del título la sangre gorda significa la dejadez de las personas, quizá lentas por alguna enfermedad circulatoria como sería por ejemplo los triglicéridos en la sangre, que obstruyen el paso normal del fluido sanguíneo.

Joaquín y Serafín Álvarez Quinteros

Joaquín y Serafín Álvarez Quinteros

En dos personajes se recrea el ambiente popular
Esta obra es muy alegre, viva, llena de frases hechas, dobles sentidos, chanzas y refleja la picardía y gracia del pueblo andaluz. Candelita puede representar a la mujer promedio de esta región por su diligencia y decisión, valores que los dramaturgos destacan y privilegian sobre la inacción de Santiago, quien sale del promedio del hombre deseable por este defecto, pero está en camino a enmendarse por su sinceridad, su ingenuidad y su tendencia a la bondad. El dialogo está transcrito a la pronunciación y dialecto andaluz con estereotipo del seseo.

El referente de los personajes es un ambiente de pueblo donde todos se conocen y se vive la presión del qué dirán, de cómo se interpreta los errores y la conducta. Toda la familia de Candelita conoce a Santiago, mientras que él es huérfano y ha  heredado la parsimonia de su padre, por una sentencia que decía ‘quien va de prisa tropieza’. El tiempo es un valor muy tomado en cuenta en el pueblo, más aún para una mujer casadera como Candelita que ya no quiere perder más tiempo con un hombre que le gusta y simpatiza pero no se decide.
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Teatro
Grandes obras de la generación del 98`

‘Divinas palabras’, de Ramón del Valle Inclán

El latín opera el milagro de disuasión
Por Gonzalo Valdivia, en 17 de Abril de 2009
"Ramón del Valle Inclán"

"Ramón del Valle Inclán"

Ramón del Valle Inclán (1866-1936) tuvo un teatro muy contestatario para su época, que en muchos casos refleja la brutalidad y el atraso de las comunidades campesinas de España, donde se busca el castigo ejemplar para la adúltera, olvidando echar mano al adúltero que también participa en la falta al matrimonio como institución. En la aldea de San Clemente, el sacristán Pedro Gailo es conocido de todos porque tiene un conocimiento de la fe como el de un sacerdote y aparte por la codicia de los hombres por su mujer María Galia, adúltera.

María Gaila luce joven, a pesar de tener una hija de 20 años, cuyo aspecto no se compara al de su madre. El titiritero ateo Séptimo Miau, condenado por el sacristán por tener trato con el diablo y carecer de moral, seduce a María Galia, fornicando con ella dos veces, una en la playa y otra en los maizales, donde es descubierta y humillada por el populacho, quienes la llevan desnuda ante su marido en la iglesia. Intentan apedrearla porque Pedro es manso, pero con las palabras en latín de quien esté libre de pecado tire la piedra, disuaden a la multitud.
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Teatro
Teatro de la Generación del 98

‘Sombras de sueño’, de Miguel de Unamuno

Un drama desnudo
Por Luís Martínez González, en 9 de Abril de 2009

En paralelo a lo que se estaba produciendo en otros países, el teatro español de principios del siglo XX presenta –dejando a un lado las obras más comerciales de Jacinto Benavente y sus seguidores- interesantes intentos de renovación. Quizá los más destacados sean los de Valle-Inclán y sus ‘comedias bárbaras’ y ‘esperpentos’, pero no es el único. También ‘Azorín’, Unamuno o Jacinto Grau realizaron algunas tentativas.

Monumento a Unamuno en Salamanca

Monumento a Unamuno en Salamanca

Concretamente, el caso de Unamuno es paradigmático del escritor cuyos peculiares dramas son sistemáticamente rechazados por no ajustarse a los cánones comerciales de la época. Y, sin embargo, escribió un buen puñado de obras, entre las que merecen citarse ‘Fedra’, ‘Raquel’, ‘La venda‘o ‘Sombras de sueño’, entre otras.

Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 1864-Salamanca, 1936), catedrático y rector de la Universidad de Salamanca, destacado intelectual y filósofo, ha pasado a la historia de nuestras letras por sus ensayos y novelas –o ‘nivolas’, como él prefería llamarlas-, quedando su teatro relegado, junto a su poesía, a un segundo plano. Y, si bien en el caso de esta última, es honesto decir que con toda justicia, en el de su dramaturgia quizá hubiera merecido mejor suerte.

Pero en el teatro mandan los criterios comerciales y poner en escena una obra cuesta mucho dinero como para arriesgarse a que el público no asista. En su época, el rey de la escena era el citado Benavente, creador de dramas burgueses costumbristas y con una suave crítica social, que se ajustaban como anillo al dedo a los gustos de los asistentes al teatro.

Por el contrario, las obras de Unamuno se hallan totalmente alejadas de ese tipo de teatro. A la vista del devenir posterior de la dramaturgia, diríamos que presentan una modernidad absoluta. Trataremos de justificar esta afirmación.
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Teatro, clasicos
Teatro romántico

‘El trovador’, de Antonio García Gutiérrez

La venganza como excusa vital
Por Luís Martínez González, en 29 de Marzo de 2009

El movimiento romántico, iniciado a principios del siglo XIX en Inglaterra y en Alemania -con las teorías de los hermanos Schlegel- supuso una revitalización del idealismo frente a las tendencias racionalistas del siglo anterior. Del mismo modo, las rígidas normas estéticas neoclásicas son violentamente rechazadas en beneficio de la libertad creadora.

Antonio García Gutiérrez

Antonio García Gutiérrez

En nuestro país, el Romanticismo se desarrolla tardíamente a causa de la Guerra de la Independencia y la inestabilidad política y social de los años del reinado de Fernando VII.Será necesario esperar al retorno de los exiliados, en 1833, para que el nuevo movimiento se instaure definitivamente en suelo español.

Pero, desde 1834, con el estreno de ‘La conjuración de Venecia’, de Martínez de la Rosa, hasta 1844, fecha de ‘Don Juan Tenorio’, de Zorrilla, los dramas románticos se suceden a un ritmo vertiginoso.

Sin duda, los nombres que se nos vienen a la memoria al pensar en la literatura de este periodo son los de Zorrilla, Espronceda o Larra, los más conocidos. Pero hay muchos más. Y, de entre ellos, uno de los destacados es, sin duda, Antonio García Gutiérrez (Chiclana, Cádiz, 1813-1884), poeta, costumbrista y, sobre todo, dramaturgo de gran éxito, que legó algunas obras de muy buena factura: ‘El trovador’, ‘Venganza catalana’, ‘Juan Lorenzo’ o ‘Simón Bocanegra’ se encuentran entre ellas. Casi todas ellas pertenecen al drama histórico, pero también escibió comedias de enredo, melodramas y zarzuelas.

‘El trovador’ fue estrenada en el Teatro del Príncipe el uno de marzo de 1836, con un éxito clamoroso. Su fuente principal es la ‘Crónica de Juan II’, de Pérez de Guzmán, pero también toma elementos del ‘Macías’, de Larra; de ‘Lucrecia Borgia’ y ‘Hernani’, de Víctor Hugo; y de Dumas.

Situada en la Zaragoza del siglo XV, con el trasfondo de los enfrentamientos nobiliarios acaecidos en ese periodo, cuenta la venganza de la gitana Azucena sobre la familia Artal, que ha mandado quemar a su madre por bruja.
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Teatro, clasicos
Teatro contemporáneo

‘Las brujas de Salem’, de Arthur Miller

Un violento ataque al 'Macartismo'
Por Luís Martínez González, en 25 de Marzo de 2009

Sin duda, el género literario más importante en Estados Unidos durante el siglo XX es la novela. Es difícil encontrar en una misma generación autores de la talla de Hemingway, Dos Passos, Scott Fitgerald, Steinbeck o Faulkner. Su excepcional obra ha oscurecido a los restantes géneros, relegándolos a un segundo plano.

Arthur Miller

Arthur Miller

No obstante, a pesar de ser esto cierto, también la poesía y el teatro presentan creadores relevantes.Ciñéndonos a éste último, dos figuras copan, sucesivamente, los escenarios norteamericanos –sin menospreciar a los posteriores Tennessee Williams y Edgard Albee-. Nos referimos a Eugene O’Neill y a Arthur Miller. El primero, llamado ‘el Ibsen estadounidense’, elaboró una visión mitológica propia del mundo. Y el segundo ha tomado su relevo, volviendo a situar el género teatral en un lugar de prestigo.

Arthur Miller (Nueva York, 1915-2005) era hijo de emigrantes polacos que habían alcanzado una buena posición pero se arruinaron con la crisis de 1929, por lo que alternó sus estudios de periodismo con el trabajo. Se dio a conocer con el alegato contra la industria armamentística ‘Todos eran mis hijos’ (1947), pero su consagración le llegó con ‘Muerte de un viajante’ (1949), que critica la ambición de lograr el ’sueño americano’ y fue galardonada con el Premio Pulitzer.

Cualquier tema que muestre la lucha del hombre con sus semejantes tiene cabida en su obra. Así sucede con la obra que nos ocupa. ‘Las brujas de Salem’ (1953), escrita en plena era macartista, es decir, en pleno apogeo del Comité de Actividades Antiamericanas del Senado estadounidense, a cuya cabeza se encontraba el senador McCarthy. Miller fue inculpado y, aunque finalmente salió absuelto, se vio durante un tiempo envuelto en procesos judiciales. Tras esta obra, el dramaturgo ha seguido publicando alegatos a favor de la integridad de la persona, como ‘Después de la caida’, en la que el abogado Quentin confiesa ante el público su mala conciencia.
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Teatro
Drama sobre la contrición del pecador

Don Juan Tenorio de José Zorrilla y Moral

El arrepentimiento llega en el último minuto
Por Gonzalo Valdivia, en 24 de Marzo de 2009
"José Zorrilla y Moral"

"José Zorrilla y Moral"

‘Don Juan Tenorio’ es un personaje y una obra clásica de la literatura universal, José Zorrilla (1817-1893) la trabaja sobre el tema del arrepentimiento sincero para evitar el castigo del infierno, a cambio de una estadía en el purgatorio. La más antigua versión de Don Juan es ‘El Burlador de Sevilla’ de Tirso de Molina (1584-1648) cuyo personaje se burlaba del temor al castigo divino con su frase ‘Tan largo me lo fiáis’, pues pensaba que moriría de edad avanzada, habiendo aprovechado al máximo su existencia.

La leyenda de Don Juan pasó también por la pluma de Lord Byron en su poema satírico del mismo nombre que se empezó a publicar en 1819. Volviendo a la obra de Zorrilla, el pendenciero y seductor Don Juan; quien en sus mayores perfidias mata en duelo a Don Gonzalo de Ulloa, padre de su amada Doña Inés, y a su mejor amigo, Don Luís Mejía, cuando este quiere resarcirse de la afrenta por seducir a su novia, antes del matrimonio con ella; el arrepentimiento vendrá gracias a la mediación del alma de Doña Inés.
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