Aunque con anterioridad ya existía el género, podemos situar los orígenes del teatro moderno en el siglo XVI, con la llegada del Renacimiento, que hace volver los ojos hacia la antigüedad clásica y, por tanto, hacia los dramaturgos griegos y, sobre todo, latinos, como Séneca o Terencio.
En lo que se refiere al escrito en lengua inglesa, hay que hablar obligatoriamente de un antes y un después de William Shakespeare, pues éste constituye la primera gran figura del mismo y quién supo insuflarle vigor dramático –muy especialmente a la tragedia- y nuevas técnicas. No obstante, antes de él, hay algunos autores de interés. Es el caso de John Bale, Thomas Kyd y, sobre todo, Christopher Marlowe.
Marlowe (Canterbury, 1564-1593) tuvo una vida tan breve como agitada. Hijo de un humilde zapatero, pudo, no obstante, estudiar en los mejores centros merced a becas que se ofrecían para futuros religiosos y llegó a graduarse en Cambridge. Claro que nunca tuvo intención de seguir la carrera eclesiástica.
Muy al contrario, su ateísmo, su homosexualidad y su afición al alcohol y las peleas casaban mal con la clerecía. De hecho, los elementos de su vida más conocidos lo son debidos a estas conductas. Así sabemos que terminó sus días asesinado en una taberna de Deptford, probablemente a manos de un espía del gobierno, pues por aquel tiempo su comportamiento se había hecho sospechoso al Consejo Real.
Seguir leyendo »


Añadir a Del.Icio.Us











