Uno de los cuentos que más me gustaron en la pubertad y todavía sigo disfrutando es el clásico “Alibech en el infierno” o “Meter al diablo en el infierno” de Giovanni Boccaccio. El jocoso y erótico cuento forma parte de ese gran monumento de la literatura que es el Decamerón. La genial colección de cuentos que tiene como prólogo o introducción el escape de la peste bubónica por parte de los “narradores de los cuentos”. En Florencia se sufre la epidemia de la peste negra y siete muchachas acompañadas de tres varones jóvenes huyen a una villa en las afueras de la ciudad. Una vez refugiados allí deciden contarse un cuento cada uno durante 10 días. El resultado 100 magníficos cuentos que componen una de las mejores colecciones de cuentos de toda la historia occidental. Comparable a “Los cuentos de Canterbury” de Chaucer o “EL Conde Lucanor” del Infante Don Juan Manuel, esta obra cumbre de la literatura italiana también puede medirse de igual a igual con la inmortal obra de autor anónimo “Las Mil y Una Noches”.
Son muchos los cuentos inolvidables de esta colección, pero no son necesariamente originales. Boccaccio, como muchos grandes autores de la literatura, se nutrió de cuentos y leyendas populares. Muchas de las historias son tomadas de antiguos relatos del medioevo y fueron también fuente de inspiración de otros autores. El caso más obvio es el de Chaucer que repite temas en esa otra inmortal colección de cuentos europea “Los Cuentos de Canterbury”. Sin embargo, no se puede negar que Boccaccio hizo suyos los relatos pupulares anónimos y les añadió un estilo impecable de redacción que los inmortalizó para siempre en el imaginario de occidente. Uno suele recordar estos cuentos con el estilo de Boccaccio o con el de Chaucer y según quien los narre tiene un matiz diferente la historia.
Quizás la mayoría de los relatos que uno recuerda de El Decamerón son los relatos eróticos. Boccaccio retrata estupendamente a las personas disolutas y pícaras que van por la vida procurándose su propio bienestar sea este sexual o social. A pesar de ser personas que atienden muy poco a conceptos elevados (con los que también uno se puede sentir identificado) todos nos podemos reconocer en estos personajes paradigmáticos que pueblan los cuentos de Boccaccio. ¿Quién no ha soñado alguna vez con vencer la resistencia de un castillo de vírgenes? ¿Cómo no soñar con doblegar a una reina con algún ardid humorístico? Los cuentos de Boccaccio por eso son difíciles de olvidar.
Mi descubrimiento del cuento “Alibech en el infierno” llegó en el momento preciso de mi pubertad. Influenciado por mi educación en un colegio católico muy disciplinado sentía una suerte de pena por no poder seguir la vocación de sacerdote. Los curas de mi colegio alentaban fuertemente que uno decidiera tomar los votos de religiosos de dedicarse a un ministerio de la iglesia. Debo confesar que durante mucho tiempo de mi niñez consideré la vida de San Antonio María Claret como el ejemplo de vida plena. El modelo a seguir en el mundo adulto. Sin embargo, mi espiritú un tanto contra la corriente, crítico y en ocasiones rebelde, sin llegar a la extrovertida extravagancia de los que se enfrentan al sistema, me hicieron dudar y desistir de seguir los votos sacerdotales. No era ese mi camino.
Justo en ese tiempo de aceptar mi pobre dedicación a la disciplina y obediencia que debe tener un sacerdote, entro plenamente en la pubertad y en los deseos sexuales tan nuevos para mí. Por lo mismo de mi formación religiosa, estos nuevos deseos sexuales me acarrearon muchos sentimientos de culpa y me confirmaron mi falta de virtud para convertirme en un hombre entregado a la religión como son los sacerdotes. Esto no siginificó, claro está, que me alejará de la religión en todos sus aspectos. Al contrario seguiría ligado a ella, pero con objetivos más humildes como ser catequista o un buen laico católico.

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Recordemos que durante los años de las primeras ediciones del cuento, los relatos conocidos de los gorilas y orangutanes se confundían en el imaginario popular con relatos de hombres salvajes bestiales. Una especie de abominación mitad hombre, mitad animal. Debe haber sido una experiencia espantosa observar al primer gorila en la europa occidental.




