Probablemente, es consustancial al ser humano la curiosidad sobre el futuro. Al menos, desde que el hombre comenzó a dejar testimonio escrito de sus inquietudes, siempre se pueden hallar en éstos preguntas sobre aquél. Y aún más, especulaciones acerca de cómo se irá desarrollando la civilización.

Una portada de la obra
Uno de los cauces más utilizados para estas conjeturas –dado el amplio margen que brinda a la imaginación- ha venido siendo el género narrativo. En efecto, la novela permite construir mundos inventados, sistemas de organización social distintos a lo que conocemos hoy y todo tipo de posibilidades.
Fruto de ello ha sido el género narrativo denominado ciencia ficción, que, sin duda –aunque hoy ha perdido parte de su popularidad- ha gozado siempre de enorme éxito. A ello ha colaborado su carácter multiforme, pues en él caben desde invasiones extraterrestres hasta colonizaciones de otros planetas, pasando por el más terrorífico de todos: qué hará el ser humano con su propia vida. Una de las más geniales creaciones en éste último sentido fue, indudablemente, ‘Un mundo feliz’, de Aldus Huxley, creador de una auténtica escuela.
En ella se inscribe, entre otros, John Brunner, cuyas narraciones muestran un futuro cercano presentado con una perspectiva que se halla a medio camino entre la sociología y la literatura. A ello contribuye su modo de construir la obra: a diferencia de otros autores, cuyas novelas muestran las peripecias de un personaje principal a través de cuyo punto de vista presenciamos los hechos, Brunner nos ofrece una visión panorámica de los acontecimientos mediante la sucesiva presentación de múltiples personajes. Y, junto a ello, se centra en la descripción de esa sociedad imaginada, más que en las aventuras que suceden a aquéllos.
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