
Sylvia Plath
El paso del tiempo ha sido una preocupación recurrente en las mentes depresivas, la contingencia del cambio es motivo de horror, más cuando se ve la edad avanzada como pérdida de vitalidad y belleza, en vez de ganancia de experiencia. Hay formas de contemplar el cambio, lo usual es el lamento del yo poético, más no la reflexión de un ente tercero a este proceso. En el poema Espejo de Silvia Plath, una mujer es reflejada a diario en un espejo que la divide en una línea de tiempo, donde esta persona ha sido una muchachita y está en potencia a convertirse en una vieja que se asoma como un pez feroz. Antes de este vaticinio, el espejo reflexiona sobre su ser y su posición en el espacio, pues en él se instala la voz del yo poético.
En poemas como ‘Lady Lazarus‘, se reveló la depresión de Plath, junto a su impulso suicida, sin embargo, esta confesión no desdibuja en absoluto la sensibilidad de la poeta, que pone a la mujer joven aún, como objeto de estudio de una conciencia suprasensible, en este caso, su propio espejo. El espejo no está libre de angustia, porque él siente el tedio de estar pegado a una pared, que parece una extensión de su materia, al extremo de cosificarse con ella y solo distraer este pensamiento cuando una persona se refleja en él. La mujer día a día expresa sus emociones, como sentirse gratificada ante el espejo al agitar sus manos o derramar lágrimas.
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