Si bien es cierto que la mujer entró tarde en la literatura, también lo es que en este campo siempre halló un cauce adecuado para expresar inquietudes que en otros le estaban vedadas y que su dedicación a escribir se inició antes que a otras actividades como la laboral.
Concretamente, podemos establecer el siglo XIX –aunque hubo muy importantes precursoras: Santa Teresa de Jesús o María de Zayas, por poner sólo dos ejemplos – como la fecha en que comienza a ser frecuente que la mujer ejerza la creación literaria, pues en esta centuria hallamos una verdadera pléyade de buenas escritoras.
Además, con el paso de los años, las mujeres comenzaron a atreverse a incluir en sus creaciones ciertos elementos que, con anterioridad, las convenciones sociales les aconsejaban no tratar. Es el caso de la sensualidad y el erotismo.
Esto último se hace muy patente en un movimiento que contenía estos rasgos entre sus características esenciales. Nos referimos al Modernismo. En efecto, el movimiento poético de Rubén Darío constituye un verdadero enriquecimiento de la lírica, tanto en lo referente a temas como a formas.
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