
Puedes leer aquí (previo registro gratuito) el libro Trópico de Cáncer, del autor estadounidense Henry Miller.
Esta obra fue publicada por primera vez en 1934 por la editorial Obelisk, en Paris. Su publicación en Estados Unidos en1961, a manos de la editorial Grove, llevó a un extenso juicio por obscenidad que puso a prueba las leyes estadounidenses relativas a la pornografía en la década del ‘60. Mientras es famoso por su franca y frecuentemente gráfica descripción del sexo, el libro también es reconocido como una importante pieza maestra de la literatura del siglo 20.
La novela transcurre en Francia (principalmente en Paris) durante la década del ‘30. Está escrita en primera persona, como muchas de las novelas de Miller, y frecuentemente fluctúa entre el pasado y el presente. Algunos capítulos siguen una estricta narrativa y se refieren a amigos de Miller, colegas, y lugares de trabajo, otros están escritos a manera de reflexiones de corrientes de conciencia. Hay muchos pasajes describiendo explícitamente los encuentros sexuales del narrador, pero el libro no se centra únicamente en este detalle.
La novela incluye un prefacio acreditado a Anaïs Nin (si bien en realidad se le atribuye al propio Miller).
Henry Valentine Miller, nacido el 26 de diciembre de 1891, fue un escritor y pintor estadounidense. Es conocido por romper con los convencionalismos literarios de su época, y desarrollar una nueva clase de “novela”, que es una mezcla de novela, autobiografía, crítica social, reflexión filosófica, libre asociación surrealista, y misticismo, algo distintivo es la expresión de la vida real de Henry Miller y aún así continúa siendo ficción. Sus trabajos más característicos de esta clase son Trópico de Cáncer, Trópico de Capricornio, y Primavera Negra. También escribió memorias de viajes y ensayos de análisis y crítica literaria.

Añadir a del.icio.us
Mi descubrimiento del cuento “Alibech en el infierno” llegó en el momento preciso de mi pubertad. Influenciado por mi educación en un colegio católico muy disciplinado sentía una suerte de pena por no poder seguir la vocación de sacerdote. Los curas de mi colegio alentaban fuertemente que uno decidiera tomar los votos de religiosos de dedicarse a un ministerio de la iglesia. Debo confesar que durante mucho tiempo de mi niñez consideré la vida de San Antonio María Claret como el ejemplo de vida plena. El modelo a seguir en el mundo adulto. Sin embargo, mi espiritú un tanto contra la corriente, crítico y en ocasiones rebelde, sin llegar a la extrovertida extravagancia de los que se enfrentan al sistema, me hicieron dudar y desistir de seguir los votos sacerdotales. No era ese mi camino.

