
Escena de El Decamerón por John William Waterhouse
El Decamerón, del italiano Giovanni Boccaccio, presenta un punto de partida curioso y un imaginario riquísimo que serviría de modelo para muchas de las obras que se desarrollarían durante el Renacimiento. La historia arranca durante la peste bubónica o peste negra que asoló Florencia a mediados del siglo XIV. Los diez protagonistas, siete mujeres y tres hombres, se refugian en una villa de las afueras por diez días. Durante cada uno de los días todos ellos habrán de relatar a los otros una historia, de ahí que el texto esté conformado por 100 relatos, versando sobre temas profanos.
Dichas historias no son enteramente invención de Bocaccio, sino que recogen parte de la cultura oral italiana, con referencias a fuentes francesas y latinas. Lo profano adquiere una gran importancia ya que los protagonistas son seres terrenales e incompletos, con sus faltas y sus carencias. Además, hay una ausencia de referencias místicas o fantásticas. La concepción profana de la humanidad estaría adelantándose en este libro como una de las características diferenciales de la literatura renacentista. El tratamiento que se hace de hombres y mujeres es a la vez cínico e indulgente para con sus faltas, lo que transfiere a la novela un doble rasero interesante.
La sensualidad de El Decamerón es uno de los aspectos más recordados del manuscrito pese a que, como hemos visto, no sea el único. La Iglesia Católica llegaría a considerar la lectura de este libro como un pecado, suponemos que por la importancia que se le atribuye a la convivencia de hombres y mujeres en un ambiente paradisíaco donde Eros, dios del amor, se desarrollaría plenamente caracterizando sus relaciones con la sensualidad y el placer, tanto físico como intelectual.
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