La novela policíaca es, probablemente, la principal contribución norteamericana a los géneros narrativos. Dejando a un lado excepciones poco relevantes, puede considerarse iniciador de ésta al genial Edgar Allan Poe, con sus relatos breves protagonizados por el peculiar Dupin.

Agatha Christie
No obstante, la afición a este tipo de novelas se extendió pronto al continente europeo, especialmente a Inglaterra, tanto en lo referente a su lectura como al cultivo de las mismas. Así, el segundo gran autor con que cuenta el género –Arthur Conan Doyle, con su inigualable Sherlock Holmes- es británico. Y desde entonces, han alternado los novelistas de uno y otro lado del Atlántico.
No obstante, existen claras diferencias entre la narrativa policíaca inglesa y la norteamericana. En ésta, los escenarios se circunscriben a los bajos fondos y sus protagonistas son detectives marginales y casi siempre violentos. Por el contrario, en la británica, nos encontramos con ambientes aristocráticos o, al menos, elevados, y sus investigadores son inteligentes, deductivos y sólo emplean la fuerza en situaciones extremas –muchos de ellos, nunca-.
Una excelente muestra de estos rasgos de la novela policíaca al estilo inglés es la extraordinaria obra de Agatha Christie (Torquay, Inglaterra, 1890-1976), conocida como ‘la gran dama del crimen’. Sus novelas, más de ochenta, siguen casi siempre un mismo desarrollo, lo que no disminuye un ápice su calidad. La autora nos sitúa en un escenario donde se van desarrollando una serie de asesinatos y los lectores vamos recibiendo la información sobre las pistas que se hallan a la vez que el protagonista que debe desentrañar el misterio.
Seguir leyendo »

Añadir a Del.Icio.Us










