De entre todas las grandes tragedias de Shakespeare, Macbeth ha pasado a la posteridad como una de las más perfectas, junto a Otelo, Hamlet y El Rey Lear. Su fuerza dramática es extraordinaria y el componente trágico impresionante. Fue escrita hacia 1606, para agasajar a Jacobo I, recién nombrado Rey de Inglaterra y que, hasta entonces, lo había sido de Escocia. Por ello, se basa en un oscuro periodo de la historia de ésta, el de Macbeth, monarca escocés entre 1040 y 1057.
Pero la fuente es lo de menos. Lo realmente importante es que se trata de una de las mayores tragedias de la literatura universal. Es el drama de la ambición política desmedida. El protagonista es el arribista que no duda en traicionar y matar para lograr el poder absoluto. Pero, si éste es perverso, peor es su esposa, que no duda en animarlo en sus abyectos planes cuando se muestra arrepentido, aunque al final los remordimientos la aniquilen.
Cuando regresan triunfantes de la batalla, Macbeth y Banquo, dos generales del ejército del Rey Duncan, se tropiezan con tres brujas que les vaticinan que el primero llegará a ser rey y que los hijos del segundo heredarán el trono.
Al llegar a sus dominios, Macbeth le cuenta a su esposa lo ocurrido y entre ambos se conjuran para asesinar al rey. La ocasión es inmejorable cuando éste les visita en su castillo y perpetran el magnicidio.
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