Cartas abiertas entre Unamuno y Ganivet
Debate por el futuro de España

"Ángel Ganivet"
Miguel de Unamuno (1864-1936) y Ángel Ganivet (1865-1898), ambos intelectuales y hombres de letras españoles sostuvieron un debate en cartas abiertas que fueron publicadas en 1898 en El diario El defensor de Granada. Este debate se centró en los temas de la identidad española, la religión Católica, el futuro económico y político de la península, el ambiente literario del momento y la apertura de la conciencia hispana a reconocer un mestizaje en su historia de ocupaciones y relaciones con árabes, celtas, fenicios, romanos, todo generando polémica.
Ambos pensadores cristianos eran amigos desde tiempo de la universidad, Unamuno tenía una cátedra de griego en Salamanca y Ganivet otra en Granada. El debate es alturado y por ratos se acalora con críticas muy sesudas de uno a otro de estos intelectuales, pero esperando la respuesta que era de interés nacional, ninguno se cerró al diálogo en estas cuatro cartas. Los dos estudiosos iniciaron el debate a raíz de la publicación del Idearium sobre el estado y porvenir de España de Ángel Ganivet, que discrepaba de algunas ideas de Unamuno.
La esencia del ser español en una historia de mestizaje
Don Miguel de Unamuno era de origen vasco, hombre muy enérgico que en estas cartas expresó su recelo por los árabes, a pesar que Ganivet los reconocía en su propia sangre. En las cartas de Unamuno se habla de un ser inalterable en su fondo de la idiosincrasia española, más allá de variantes fisiológicas y antropológicas, pues hay un ethos quijotesco, que espera el momento de su curación para morir y renacer, esto lo vincula a la ética de San Pablo. Ganivet por su lado habla de las mezclas que ve en su Andalucía natal, como los gitanos que admira.
Ángel Ganivet encuentra en las mezclas étnicas de Iberia, la base para el regionalismo del que es partidario, mientras Unamuno cree que el ser español está por despertar de un sueño como Segismundo de la obra de Calderón de la Barca. Ambos letrados coinciden en que en las colonias faltó un propósito mayor de civilizar a los indios, es decir de asimilarlos al ethos del ser español, en lo que podría ser el manejo de sus instituciones, aunque reconocen el mérito de haber llevado la fe cristiana a América, cuando España se repartía el mundo con Portugal.
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