Cuando se habla de Miguel de Cervantes, tiende siempre a identificársele con su obra magna, Las aventuras del ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Ello es lógico, porque la mejor novela de todos los tiempos ha de tener -por fuerza- mucho peso en nuestra conciencia. Pero el genial manco escribió otras muchas obras que –si no fuera por la calidad de aquella extraordinaria creación- no la desmerecerían en absoluto.

Retrato de Miguel de Cervantes
Entre ellas se encuentra la colección de relatos breves conocida como Novelas ejemplares y cuyo título es engañoso, por lo que requiere una precisión. El calificativo de ejemplares no alude a ningún tipo de moralidad ni de asuntos modélicos. El título proviene del ‘exemplum’ medieval, un tipo de narración breve caracterizado por su intención de entretener al lector, sin mayores aspiraciones.
Sin embargo, estos relatos cervantinos se asemejan más a la novela italiana de tipo cortesano que a aquel género medieval, en la línea del Decameron de Boccaccio, aunque no por ello pierden su absoluta originalidad.
Y es que la vida de Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 1547-1616) es, en sí misma, una narración de aventuras. Ya a los veintidós años hubo de huir a Italia para librarse de la cárcel, donde acabaría cayendo más adelante, participó en la colosal Batalla de Lepanto y estuvo cautivo de los moros en Argel. Todo ello por no hablar de otros sucesos oscuros que rodean su vida.
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