A mediados del siglo XVIII, la literatura de estilo barroco que tan extraordinarios frutos había dado en la centuria anterior ya no era sino una degeneración exagerada de retórica y artificios ornamentales, una involuntaria caricatura del lenguaje de los Lope, Calderón o Quevedo.
Particularmente acentuado se apreciaba esto en la oratoria y muy especialmente en la sagrada. En efecto, España se hallaba plagada de predicadores cuyo discurso resultaba ininteligible para el pueblo. Y ello por un doble motivo: de una parte, por la ignorancia de aquellos oradores y, de otra, por lo rebuscado, absurdo e incorrecto de su lenguaje.
Como una parodia despiadada de esa situación se eleva la novela de José Francisco de Isla, el Padre Isla (Vidanes, León, 1703-1781), Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, conocida popularmente como el Fray Gerundio.
La obra cuenta la vida de un muchacho, Gerundio, que, como de pequeño mostrase excelente memoria para repetir los discursos de los predicadores que pasaban por su pueblo, fue destinado a la oratoria religiosa. Tras recibir una deficiente educación, se lanza a los caminos y pueblos para torturar con sus discursos a todo aquél que quiera oírlo. Junto a él, su amigo fray Prudencio –trasunto del autor-, hombre sabio que trata de orientar la oratoria del protagonista por caminos menos grandilocuentes.
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