No fue el periodo romántico y post-romántico una etapa que se distinguiese por el cultivo de la prosa. Muy al contrario, es una etapa eminentemente poética. Los autores preferían la lírica y, sobre todo, el drama en verso, no pocas veces retumbante y ripioso. Tan sólo la novela histórica fue cultivada ampliamente.

Gustavo Adolfo Bécquer
Pero el Romanticismo alumbró también un nuevo género literario: la leyenda, que podríamos definir como un breve relato –en verso o prosa- que narra un hecho mítico o perteneciente al acervo popular del pasado, frecuentemente envuelto en un marco sobrenatural.
Esta nueva modalidad fue ampliamente utilizada, pero sus dos mejores cultivadores fueron José Zorrilla en verso y Bécquer en prosa, aunque, a nuestro juicio, son mucho más importantes las del segundo.
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 1836-1870) fue un hombre contradictorio con una vida difícil. Nunca consiguió vivir de su pluma, salvo breves periodos de actividad periodística y el verdadero reconocimiento le llegó con el paso de los años.
Suele encuadrársele en una suerte de post-romanticismo por el contenido lírico de sus obras y porque incluyen elementos indiscutiblemente románticos –las ruinas, lo sobrenatural, la noche, la melancolía- pero su estilo es tan personal que resiste difícilmente las clasificaciones.
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