El nacimiento de la prosa literaria es tardío en la literatura española con respecto a otros países y también si se lo compara con la poesía. Hasta su aparición, su lugar era ocupado por ésta en su modalidad épica, es decir, aquélla que narra las hazañas de los grandes héroes del momento –el Poema de Mío Cid es un proverbial ejemplo en este sentido- y, sobre todo, por textos en Latín.

Retrato de Don Juan Manuel
Aunque sus primeras manifestaciones –las Glosas Silentes y las Emilianenses- se sitúan en el siglo X, según datación de Menéndez Pidal, habría que esperar al siglo XIII para presenciar un cultivo habitual de obras en prosa con intención artística. A su aparición contribuyeron en buena medida los sabios árabes y judíos que se incorporaron a Castilla con la Reconquista y, sobre todo, la irrupción de seglares en la cultura, hasta entonces patrimonio casi exclusivo de los religiosos.
Por tanto, podemos situar el origen de la prosa literaria en los reinados de Fernando III el Santo y, sobre todo, en el de Alfonso X el Sabio. Se trata de una literatura de intención didáctica y moral. No obstante, su valor estético es todavía relativo, a pesar de la normalización ortográfica y sintáctica llevada a cabo por el Rey sabio.
Habría que esperar a la llegada del sobrino de éste, Don Juan Manuel, para poder hablar de una prosa con intenciones verdaderamente artísticas. Nacido en Escalona, provincia de Toledo, en 1282, fue un activo político, que participo en las luchas dinásticas entre sus parientes, y uno de los hombres más cultos de su tiempo.
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