En el contexto de la narrativa hispanoamericana anterior al ‘Boom’ de los años sesenta encontramos distintos subgéneros, generalmente establecidos por la crítica en base a sus contenidos. Uno de ellos ha sido bautizado como ‘novelas de la Revolución mexicana’. Y, dentro de él, la obra que conforma el género y, probablemente, la más importante de ellas, es ‘Los de abajo’, de Mariano Azuela.

El Presidente Francisco Madero
Mariano Azuela (Jalisco, 1873-1952), médico de profesión, participó en los hechos que narra enrolado en el ejército de Pancho Villa y, aunque escribió narraciones de otro tipo e incluso teatro, pasaría a la posteridad como el novelista de la Revolución mexicana por excelencia.
‘Los de abajo’ fue publicada en 1916, cuando la larga dictadura de Porfirio Díaz había dado al traste con la mayoría de los ideales de la Revolución mexicana. Presenta al caudillo imaginario Demetrio Macías, hombre rudo pero dotado de rasgos míticos por el autor que agigantan su figura. Ha tenido que huir de su casa y unirse a la Revolución debido a una denuncia del cacique del lugar. Por tanto, dista mucho de ser un idealista. Pelea para sobrevivir, pero es conocedor de su trágico final y camina impasible hacia él.
Odios, violencia y egoísmos son ejes centrales de la narración que trasluce el desencanto del escritor ante el giro que había tomado la Revolución.
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de su protagonista, una niña judía de 13 años, la historia de la invasión nazi en Holanda. este relato verídico, cuenta la particular situación de ocho personas, entre ellas Ana y su familia, compuesta por su madre Edith Frank-Holländer, su padre Otto Frank y su hermana tres años mayor, Margot, que se escondieron en el anexo oculto, de unas grandes oficinas para escapar de la represión nazi. Permanecieron escondidos, en ese lugar ubicado en la ciudad de
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En lo que concierne al gentilicio tarasco, existen dos teorías sobre su origen. Fray bernandino de Sahagún acerca el término tarasco al nombre del dios Taras, uno de las divinidades que adoraban los michoques. La ortografía de la palabra Taras varía bastante. Encontramos: Tharas, Thares, Tharés-upeme o Turésvpeme. Desde el punto de vista etimológico, el vocablo hace referencia a la divinidad original, primera. En lengua purépecha (lengua de los tarascos) “tarhe” significa “antiguo, viejo”.

