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clasicos
La palabra se sustenta en la virtud

Historia y Vida de Marco Bruto de Francisco de Quevedo

Un enfrentamiento discursivo hecho arquetipo
Por Gonzalo Valdivia Dávila, en 19 de Febrero de 2010
Quevedo sigue siendo un referente

Quevedo sigue siendo un referente

La primera dificultad al leer libros del siglo de oro es el asunto de las grafías arcaizantes como la s larga, la doble s, algunas contracciones de preposiciones más adjetivos demostrativos y la ortografía que da cuenta de una pronunciación en un estado de evolución anterior al nuestro. Francisco de Quevedo (1580-1645) fue un consumado representante del Barroco, quien tuvo varios registros en su ficción como el histórico y biográfico, de este género es su libro ‘Historia y Vida de Marco Bruto’, una obra que tiene citas en latín, disgresiones de historias de otros personajes aparte de los protagonistas Marco Bruto y Julio César, incluso juicios de moral cristiana.

Los toques didácticos en Quevedo no le restan mérito literario, por el contrario enriquecen su obra en complejidad por el dominio de la historia antigua, el sentido de exempla o conjunto de ejemplos para tomar una lección sobre moral, derecho, política, juicios de la conducta de los personajes célebres, etc. Hay que destacar que el registro humorístico de Quevedo no es explotado en este libro, antes bien solo habría una velada mención irónica al nombre de Bruto y su connotación, al decir que este personaje disimuló su inteligencia en público y fue por muchos historiadores interpretado como tonto.

El discurso de la conspiración
De forma similar a ‘Julio César’ de William Shakespeare, este libro de Quevedo también trata del poder de la palabra, la retórica y la interpretación de la ética de acuerdo a los vaivenes de un enfrentamiento entre bandos políticos. Cuenta esta historia que los padres biológicos de Marco Bruto fueron Servilia y Junio Bruto, pero durante su gestación esta mujer tuvo relaciones con Julio César, lo que movió al general romano a tratar a Marco Bruto como si fuera su hijo adoptivo. De allí que este lazo no es negado ni siquiera por el parricida, y el narrador lo juzga como el mayor error de este personaje al querer convencer al pueblo romano que Julio César era malo y merecía la muerte por sus vicios.
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Teatro, clasicos

La Malquerida de Jacinto Benavente

Trío amoroso y pasión destructiva en la España rural
Por Andrea Jaén, en 18 de Febrero de 2010
Adaptación cinematográfica de la pieza teatral

Adaptación cinematográfica de la pieza teatral

Los tríos amorosos siempre han dado buen resultado. Cuando alguien nos cuenta la historia de una viuda que se casa con un hombre que a la vez está enamorado de la hija de ésta, todo el mundo piensa directamente en la Lolita de Vladimir Navocob. Pero ya en 1913 el prolífico Jacinto Benavente recoge este motivo, inspirado por la novela de su buen amigo Adrià Gual, Misteri d’amor, para crear una obra de teatro que ha quedado como uno de los referentes más importantes dentro del panorama dramatúrgico español. La Malquerida es una historia de amor y celos que aún hoy sigue interesando a los aficionados.

Premio Nobel en 1922, Don Jacinto Benavente fue un simpatizante del Frente Popular antes y durante la Guerra Civil. Cuando la dictadura se instauró definitivamente en España, el autor tuvo serios problemas con la censura, llegando a convertirse en persona non grata para la autoridades franquistas. Prueba de ello es la orden explícita que prohibía mencionar su nombre en las representaciones de sus obras. En 1947 Benavente bajó la cabeza y se presenció en la Plaza Oriente de Madrid durante una manifestación pro-franquista. A partir de ese momento la censura no le causaría grandes problemas y sería reconocido como uno de los estandartes del teatro español, recibiendo la Medalla del Mérito en el Trabajo en 1950.

Volviendo a La Malquerida, podemos decir que entronca con la vertiente española del drama rural con tintes de un realismo pesimista. Dicho género fue muy popular durante finales del siglo XIX y principios del XX. La obra representa la historia de tres personajes caracterizados a través de un Yo que nunca se va a abandonar durante el relato. Raimunda, Esteban y Acacia conforman este triángulo amoroso dentro de un drama naturalista. Raimunda queda viuda y se casa con Esteban. En un principio la mujer se topa con la animadversión de su hija, Acacia, hacia el nuevo marido… pronto se descubrirá que tras ese velo de rechazo directo se han forjado unos sentimientos casi antinaturales entre el hombre y la hija. El punto álgido del dramatismo se produce cuando Esteban, llevando su pasión hasta un extremo insostenible, comience a matar a cuantos pretendientes se acerquen a Acacia. Es por ello que en el pueblo se la empieza a llamar La Malquerida.
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Literatura erótica, clasicos

Los infortunios de la virtud

Justine, literatura erótica por el Marqués de Sade
Por Andrea Jaén, en 17 de Febrero de 2010
Romina Power en la versión cinematográfica de Justine, dirigida por Jesús Franco

Romina Power en la versión cinematográfica de Justine, dirigida por Jesús Franco

Una púber, inocente y sola en la vida, de alma cándida y confiada. Y virgen, entre otras de las muchas virtudes que tiene Justine y que el Marqués de Sade se regodea en destruir para beneplácito de la lujuriosa sociedad de finales del siglo XVIII. La estructura de la se que parte y que funciona como loop enunciativo, repitiéndose una y otra vez, es el intento de conservación de las bondades de la joven y sus continuos fracasos en el intento. Sade no hará más que castigarla sistemáticamente con los agresivos vaivenes del vicio y el libertinaje. Sin piedad. Por otro lado, los artífices de tal atentado contra la inocencia serán todos los estamentos de la sociedad de la época: desde el clero (esos monjes aficionados a las orgías) hasta el campesinado, pasando por la aristocracia.

Donatien-Alphonse-François de Sade escribió su manuscrito y primera versión de Justine en 1787, dejándose llevar por una desproporcionada y efectiva imaginación estando recluido en su oscura celda de la prisión de la Bastilla. Esta obra, de la que siempre negó su autoría y que se publicaría clandestinamente, lo condenó a una vida de entradas y salidas de distintas instituciones mentales debido a su “demencia libertina”. Pero lo que hace el Marqués de Sade no es sino mostrar sin censuras la corrupción de un alma inocente (y femenina)  por todos los sectores (masculinos) de la sociedad. Quizá lo más radical de la propuesta sea el tratamiento de verdugos y víctimas. Justine no hará más que sufrir mientas que aquellos que la violan y utilizan se verán recompensados con creces. Una parábola más que evidente que no gustó a nadie que formara parte del mismo sistema que Sade satirizaba.

Si dejamos aparte su contenido (valioso, por otro lado) como novela erótica, nos encontramos de nuevo ante una suerte de relato simbólico. Una mujer atropellada y reprimida por, no se puede ser más claro, la sociedad a la que pertenece. En sus obras se materializa todo un sistema filosófico que puede considerarse opuesto a la benevolencia innata del ser humano que Rousseau propugnaba. Para Sade, la maldad es intrínseca al hombre y, además, recompensada. La virtud no tiene cabida en el mundo de los hombres y solo puede verse premiada en el más allá, si es que de verdad existe un Dios.
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Fantasía, Humor, clasicos
La hora de todos y la fortuna con seso

Quevedo y la prosa satírica

Una visión mordaz de su época
Por Luís Martínez González, en 15 de Febrero de 2010

Algunos autores conciben su obra como una búsqueda de la belleza, otros, como un vehículo para transmitir sus inquietudes, y unos terceros, como un medio para mostrar su indignación sobre aquello que consideran que está mal. En fin, cada escritor tiene unos objetivos concretos.

Retrato de Francisco de Quevedo

Retrato de Francisco de Quevedo

Lo que no es tan habitual es que belleza, inquietudes e indignación coincidan en un sólo autor y esto ocurre con Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-1645), uno de los mayores genios de nuestras letras y máximo exponente de la prosa conceptista, con un prodigioso dominio del idioma castellano. De familia aristocrática, su vida fue un cotinuo combate contra la corrupta administración del Estado, personificada en el conde duque de Olivares y otros validos, y aún tuvo tiempo para granjearse otros enemigos –es proverbial su perpetua polémica con Góngora- y escribir una extraordinaria obra lírica.

Dotado de un ingenio y una mordacidad poco comunes, arremetió contra todo y contra todos en obras satíricas que critican oficios y conductas (los entrometidos, las alcahuetas, los soplones, etc). Buen ejemplo de ello son obras como Los sueños o el Discurso de todos los diablos.

También tiene este sentido La hora de todos y la Fortuna con seso, subtitulada Fantasía moral y publicada en Zaragoza en 1650. Se trata de un relato lucianesco –así llamados por Luciano de Samosatra, uno de los mayores satíricos de la Antigüedad-, que sigue el modelo del ‘mundo al revés’.
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clasicos

El Camino de perfección de Santa Teresa

Obligaciones espirituales para monjas carmelitas
Por Andrea Jaén, en 14 de Febrero de 2010
Paz Vega en Teresa, de Ray Loriga

Paz Vega en Teresa el cuerpo de Cristo, de Ray Loriga

Entre 1564 y 1567 Santa Teresa de Ávila se encontraba en plena lucha para legitimar la orden que había fundado, las Carmelitas Descalzas de San José. Antes de su marcha por Medina del Campo, Madrid y Alcalá de Henares con el fin de ayudar a sus seguidores en la buena consecución de la obra, la Santa estuvo enclaustrada en el Convento de San José de Ávila. Allí pasó voluntariamente unos cuatro años viviendo con gran austeridad y, según apuntan algunos, consacrada a una de sus obras más importantes: Camino de perfección.

Cuentan que en San José dormía ella sobre paja y que calzaba sandalias de madera, que dedicó ocho meses al año al ayuno y que se abstuvo de comer carne. Durante esos cuatro años se mezcló con las demás religiosas y desarrolló una obra que durante siglos fue el referente en deberes y obligaciones espirituales tanto para novicias como para las religiosas más veteranas. Pero la vida espiritual de Teresa de Jesús no estuvo siempre acompañada por la oración y la penitencia.

Santa Teresa no fue precisamente un ejemplo de virtud cristiana durante su infancia y juventud. Quizá por ello Camino de perfección sea uno de los manuales católicos más curiosos: se basa en reglas y deberes que ante todo debió imponerse a sí misma con disciplina de hierro con tal de no desviarse del camino señalado por Dios. Cuando Santa Teresa escribe, lo hace con conocimiento de causa.
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Poesía, clasicos
Poesía en el siglo de la Razón

La lírica rococó de Meléndez Valdés

Ficción pastoril y miniaturismo
Por Luís Martínez González, en 11 de Febrero de 2010

Tradicionalmente, se ha considerado a la literatura del siglo XVIII inferior en cuanto a calidad respecto a otras épocas. Se la acusaba de ser poco imaginativa, excesivamente racionalista y afectada de un afán didáctico que disminuía su belleza y creatividad. Y, a causa de todo ello, sólo se salvaba de ese periodo el ensayo.

Retrato de Meléndez Valdés

Retrato de Meléndez Valdés

No obstante, en los últimos años, esta teoría ha ido dejando paso a una revalorización que la ha situado en su justo lugar. Sin dejar de reconocer que, en muchos casos, esa intención didáctica reduce su belleza literaria, se aprecian en ella calidades que antes se infravaloraban, especialmente en lo que se refiere a la lírica.

Dentro de ella, pueden distinguirse a lo largo del siglo tres etapas: una primera que podríamos calificar de posbarroca, en la que se siguen las líneas de aquel periodo aunque con una calidad mucho menor; una segunda calificada como rococó, en la que se inscriben algunos poetas muy estimables; y una tercera neoclásica con ribetes prerrománticos que ya anuncia lo venidero.

Dentro de la segunda, conceptuada como rococó, se inscribe, entre otros, Juan Meléndez Valdés (Ribera del Fresno, Badajoz, 1754-1817), cuya obra se vio durante mucho tiempo relegada debido a su condición de afrancesado, es decir, de colaborador con el invasor durante la Guerra de la Independencia. Profesor y jurista, Meléndez creyó –al igual que Moratín, Olavide y otros muchos- que los ejércitos napoleónicos traerían a España el progreso de la Ilustración y, por ello, se puso al servicio del Rey José I. Lo pagaría con el exilio.
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Novela, Relato, clasicos
Sotileza

El costumbrismo de José María de Pereda

La dura vida del mar
Por Luís Martínez González, en 10 de Febrero de 2010

La novela realista tiene sus orígenes en el costumbrismo romántico, que consistía en mostrar tipos y escenas propias de la vida cotidiana, generalmente de las clases populares. De ahí se pasó a engarzar estos cuadros con una leve trama y, como resultado de la evolución de todo ello, a la narrativa de la segunda mitad del siglo XIX conocida como Realismo literario.

Portada de Sotileza

Portada de Sotileza

Aunque éste fue progresivamente abandonando el tipismo, en el caso de muchos autores, este componente costumbrista se mantuvo con mayor o menor intensidad. Se trataba entonces de contar una historia ambientándola dentro la vida diaria de un grupo social de una determinada zona geográfica. Es lo que se llamó novela regional.

Uno de los principales representantes de ésta –si no el más destacado- fue el cántabro José María de Pereda (Polanco, 1833-1906), quién se crió en pleno campo montañés y mostró siempre un afecto a su tierra que se aprecia en todas sus obras, desde las puramente costumbristas Escenas montañesas –al estilo de las matritenses de Mesonero Romanos o las andaluzas de Estébanez Calderón- hasta Peñas arriba.

Así se ve, igualmente en Sotileza, publicada por vez primera en 1885, que muestra la vida de los pescadores de la capital cántabra, Santander. Es la narración de la epopeya de esos bravos marineros y una de las mejores novelas del mar que se han escrito. Pero, como es lógico, también cuenta una historia.
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Libros Gratis, Teatro, clasicos
El burlador de Sevilla y convidado de piedra

Don Juan Tenorio, el nacimiento de un mito

Uno de los personajes más destacados de la literatura universal
Por Luís Martínez González, en 9 de Febrero de 2010

Al igual que en otros aspectos de las artes, en la literatura también se origina una mitología propia, constituida por personajes que han calado tan profundamente en la conciencia colectiva que se erigen en representativos de una forma de entender la vida –ya sea para bien, ya como ejemplo de perversión- hasta el punto de que son rápidamente identificados con una actitud vital.

Monumento a Tirso de Molina en Madrid

Monumento a Tirso de Molina en Madrid

Los ejemplos son muy numerosos, pero, por citar algunos, podríamos decir que Emma Ozores –y su correlato francés, Bovary- personifican la insatisfacción de la persona reducida a una vida superficial y frívola; Werther se erige como arquetipo del idealismo y la rebeldía románticas; o don Quijote es la encarnación del idealismo y la lucha inútil por la justicia.

Como ellos, don Juan Tenorio es personificación de muchas cosas y no todas positivas. Así, por una parte, es el prototipo del rebelde ante la sociedad, que vive saltando por encima de sus convenciones y haciendo lo que le viene en gana, rasgos muy atractivos en cualquier época y lugar. Pero, por otra, es un ser perverso, que no duda en engañar para lograr sus objetivos sexuales, aunque con ello arruine la vida de sus víctimas.

Sea como fuere, se trata de uno de los personajes literarios que más han calado en la conciencia universal, hasta el punto de  que, en casi todas las épocas y lugares se han realizado reelaboraciones del mito. Moliere, Zorrilla o Lord Byron son algunas de las figuras literarias que se han ocupado de él.
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Ciencia ficción, clasicos

Ana Karenina, heroína de novela

Los corsés de la aristocracia rusa por León Tolstói
Por Andrea Jaén, en 9 de Febrero de 2010
La actriz Juliette Binoche como Ana Karenina

La actriz Sophie Marceau como Ana Karenina

Los dramas grandilocuentes del siglo XIX afectaban a sufridas mujeres que se convertían en heroínas, no sólo de la historia, sino de su tiempo. Podríamos citar a la Jane Eyre de Emily Brönte, a la Catherine Earnshaw de Cumbres Borrascosas o a la Madame Bovary de Gustave Flaubert como algunos de los ejemplos más significativos. En el camino nos encontramos con Ana Karenina, a través de la cual León Tostoi retrata a otra de esas mujeres valientes que desafiaron las convenciones de la época atendiendo tan solo a la llamada de sus propios deseos.

Ana es una virtuosa mujer casada con el juez Alekséi Karenin y madre de un hijo. Los pilares sobre los que reposa su plácida y aburrida existencia se verán sacudidos cuando conozca a Vronsky, un joven oficial al que es presentada en la estación de tren de Moscú. De ese encuentro fortuito nacerá un amor obsesivo y real entre los dos. La pasión que siente hacia Vronsky la llevará a romper su matrimonio y a abandonar a su hijo, al tiempo que se verá rechazada y juzgada por todos los que antes parecían ser sus amigos. La hipocresía y el clasismo de la sociedad aristocrática se ponen de manifiesto.

Leon Tolstoi nos narra la historia de Ana y de otros muchos personajes: Vronsky, Karenin, Kitty y, sobretodo, la suya propia a través del personaje de Lyovin. Como el mismo Tostói, Lyovin reniega de los antivalores de la sociedad aristocrática, no entiende sus referentes culturales y tampoco aprueba sus divertimentos. Cuando Lyovin cree haber alcanzado la felicidad completa se da cuenta de que le falta la paz interior que se desprende de la fe verdadera y de la comunión con uno mismo. Este espiritu inquieto entronca con la manera de ver la vida de su autor. En definitiva, microhistorias a través de las cuales podemos leer los ecos de una macrohistora que nos habla de Rusia, de sus carencias y de sus virtudes. De sus hipocresías y de sus verdades. Una sociedad a punto de convulsionarse y cambiar el curso de su historia para siempre.
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Novela, Opinión, clasicos
La lozana andaluza

La mujer en la novela picaresca

Cuando el pícaro es femenino
Por Luís Martínez González, en 8 de Febrero de 2010

El género picaresco es una contribución de la literatura española a la narrativa universal. Fruto de las peculiares condiciones sociales de la España de la época, su principal rasgo es ser protagonizadas por marginados que, a través de artes poco éticas, tratan de medrar y conseguir el ascenso social.

Escena del Lazarillo de Tormes, por Goya

Escena del Lazarillo de Tormes, por Goya

La primera gran obra de género es El Lazarillo de Tormes, pero su éxito originó un gran número de secuelas así como que otros muchos autores se interesaran por escribir narraciones picarescas. Seria muy largo enumerar la lista de ellos, pero baste decir que un extraordinario talento como Quevedo realizó su aportación con la Historia de la vida del buscón llamado don Pablos.

La figura del pícaro había sido siempre masculina, pero, con el desarrollo del género, algunos autores idearon una nueva variante: introducir a la mujer como protagonista de estas obras y, como consecuencia de ello, enriquecer la picaresca con algunos rasgos peculiares.

De este modo, la picara comparte algunas características propias de su correlato masculino, como sus orígenes humildes, cuando no degenerados, la baja catadura moral, la codicia, o el uso del ingenio para medrar. Pero también presenta elementos nuevos.
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