La riqueza del teatro clásico español es enorme. Desde que Lope crease la Comedia Nueva, las aportaciones de nuestra dramaturgia han sido extraordinarias, tanto en lo referente a géneros como en lo que respecta a autores y obras.
Ciertamente, no es el sainete la más importante de ellas, pero sí se trata de un género teatral autóctono y peculiar. Podríamos definirlo como aquella pieza breve de carácter humorístico que toma sus temas y personajes de las clases populares. Sus orígenes se encuentran en los llamados entremeses, obras de corta extensión que, durante los Siglos de Oro, se representaban en los descansos de las comedias largas y como complemento de éstas.
Si bien existieron precursores, su creador es Ramón de la Cruz (Madrid, 1731-1794), verdadero retratista de las clases populares madrileñas, hasta el punto de que se ha dicho que sus obras, más que teatro, son puros documentos de época. Tras iniciarse escribiendo tragedias y comedias de corte clásico y de escaso éxito, pronto halló su camino en el sainete.
Produjo más de trescientos de éstos, con un extraordinario éxito de público, aunque no tanto de crítica. Ello le convirtió, durante años, en verdadero dueño de los teatros madrileños, nada se movía en el panorama dramático de la Corte sin haber pasado previamente por sus manos.
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