Es un hecho incuestionable que las guerras no gustan a nadie, como también lo es que nadie las gana. Tanto vencedores como vencidos sufren la pérdida de familiares y otras penurias. Por tanto, deberían evitarse, pero la obcecación del ser humano sigue llevándonos a ellas, cuando los ideales deben compartirse y debatirse mediante el diálogo y el respeto.

Una portada de la obra
De otra parte, el papel básico del intelectual es sacudir a la sociedad y hacerla pensar. Debe ejercer como guía de ella y estar siempre vigilante ante los desmanes de los políticos y de otros grupos sociales.
Por todo ello, es muy de agradecer que haya escritores como Erich María Remarque (Osnabrück, Alemania, 1898-1970). Este novelista vivió de primera mano la crueldad de la Primera Guerra Mundial y, conmovido por ello, dedicó el resto de sus días a escribir durísimos alegatos antibelicistas.
Probablemente, el más relevante de ellos sea ‘Sin novedad en el frente’, publicada por vez primera en 1928 en el periódico alemán ‘Vossische Zeitung’ y en forma de libro en 1929. Se trata de un relato con indudables componentes autobiográficos.
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