Algunos escritores son un tanto narcisistas. Les gusta llamar la atención e impactar en la sociedad con sus excentricidades. Un caso reciente que todos recordamos es el de Camilo José Cela, pero ha habido otros muchos.
Uno de los más destacados fue Ramón María del Valle-Inclán (Villanueva de Arosa, 1866-1936), tanto por la extraordinaria calidad de su obra como por su tendencia a llamar la atención. De hecho, el título de este texto pertenece a la definición que de él hizo Miguel Primo de Rivera, a la sazón Presidente del Directorio que gobernó España entre 1923 y 1930.
La fantasía del escritor gallego llegaba a tal que ni siquiera Valle-Inclán era su verdadero apellido. Se apellidaba Valle Peña. Pero lo cambió por parecerle más original.
Aunque comenzó a estudiar Derecho, su temperamento no casaba bien con la disciplina del estudio. Prefería la aventura. Así, en 1892 marchó a México –según propia confesión, podría haber ido a cualquier otro lugar, pero eligió éste por ser el único país cuyo nombre tenía equis-. Allí trabajó como periodista. Pero la inestabilidad política de aquella tierra y algunos incidentes que protagonizó, como un duelo con el director del diario El Tiempo, aconsejaron su salida del país.
Seguir leyendo »


Añadir a Del.Icio.Us











