Harry Potter ya tiene su émulo en Conn
Por
Gonzalo Valdivia Dávila, en 27 de Noviembre de 2008
Sarah Prineas, escritora de ficción juvenil residente en Iowa, lanza este 2008, su libro fantástico El ladrón mago, que se centra en las aventuras de un adolescente raterillo, que roba la piedra amuleto de Nevery, locus magicallis, este mago profesional se asombra de que el chiquillo siga vivo después del robo y se decide a entrenarlo en los secretos de la magia hasta que consiga su propia piedra amuleto. El mago aprendiz Conn, comienza a competir con Harry Potter en la difusión multimedia de estos relatos.
Nevery ha sido desterrado de Welmet por una poderosa duquesa, al mismo tiempo, el nivel de magia de esta ciudad está decayendo aceleradamente y Nevery necesitará de Conn entrenado para remediar juntos esta situación. La historia es una novela de aprendizaje donde el héroe dominará un conocimiento que se volverá definitivo para su vida, la magia. Por la portada parece que se va a explotar la mitología clásica y el tema de los conjuros y hechizos. Además la silueta de Conn dentro del cerrojo de una llave recuerda mucho a Harry Potter con su uniforme de mago.
Los lectores que quieran ver el trailer y la información oficial del libro tienen este link:
http://www.ladronmago.com/

El héroe viene en tiempos de crisis: Conn aparece para equilibrar las fuerzas de la magia blanca y negra, tiene que comenzar su aprendizaje el cual puede ser largo y tedioso pero tiene la virtud del arrojo, por su oficio de ratero. Además es un manos de seda, ya que sorprende al mago Nevery. Esta crisis recuerda a la de La historia sin fin, film de 1984, donde un personaje adolescente Atreyu y un lector adolescente Bastian unen fuerzas para luchar contra la Nada que quiere acabar con la Fantasía.
La crisis sea cual fuere su naturaleza sirve para destacar las habilidades en el proceso de aprendizaje del protagonista y en estas historias juveniles, el propósito del aprendizaje tiene un fin ético, como una fábula de la antigüedad, llena de enseñanza moral. No se puede exigir a todas estas historias que tengan la densidad de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, pues su fin es entretener e iniciar en la lectura a niños desde los 10 años de edad, y si a ellos les gusta hay que reconocer el por qué.
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