El malditismo literario es una denominación que la crítica emplea para caracterizar a aquellos escritores que llevan una vida disoluta y que abordan en sus obras temas cuando menos escabrosos. No obstante, por extensión, tal calificativo ha terminado aplicándose a cualquier autor de vida bohemia.

Dylan Thomas pintado por Gordon Stuart
Toda literatura que se precie cuenta con sus ‘malditos’. La hispanoamericana tiene a Rubén Darío, Valle-Inclán, y, como casos más extremos –entre otros- Manuel Bueno, Emilio Carrere, Eduardo Zamacois o Alejandro Sawa. Pero la que se lleva la palma es la francesa, con una amplia nómina que incluye, como precursores, a Baudelaire y Nerval y, como continuadores, a Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Mallarme o el conde de Lautréamont, por citar sólo a unos pocos.
En buena lógica, las letras inglesas también tenían que contar con algún maldito. Son proverbiales los casos de Lord Byron Y Shelley, pero no los únicos, pues su estela se extiende hasta el siglo XX, en el cual contamos, entre otros, con el poeta Dylan Thomas.
Bebedor impenitente –una de sus frases más recordadas es ‘me he tomado dieciocho whiskys. Creo que ése es el record’- el galés Dylan Thomas (Swansea, 1914-1953) ejerció el periodismo y la crítica teatral y cinematográfica. Pero su verdadera vocación fue la poesía.
Poseedor de una voz retumbante, cautivaba a su auditorio con la lectura de sus composiciones. Pocos poetas ha habido que recitaran mejor sus versos. Apasionado y satisfecho de su obra, sonaba como un oráculo potente e hipnotizador.
Su poesía es, en cambio, bastante limitada temáticamente. Sus contenidos se limitan a la corrupción del mundo, la majestuosidad de la muerte o el sexo, abordado de forma un tanto escatológica. Pero también presenta poemas dedicados a la inocencia de la infancia.

Centro Cultural Dylan Thomas, en Swansea
Su obra cumbre es Muertes y entradas, cuyo título es de por sí harto significativo y que culmina una trayectoria iniciada con Dieciocho poemas. Estos textos revelan influencias del Surrealismo inglés, pero también de la tradición bíblica y, aún más, de la céltica de su tierra y poseen un tono declamatorio que parece hecho para su potente voz.
Aunque su estilo es un tanto oscuro, llega con facilidad al lector, al que nunca deja indiferente –para bien o para mal-, y muestra una peculiar musicalidad que se compadece mal con algunos de sus contenidos.
En suma, Thomas fue –así se le consideró siempre- un eterno adolescente, amigo de impactar. Pero, al margen de que no nos gusten algunos de sus contenidos, su calidad poética nos parece indiscutible. Así lo piensan también la gran cantidad de seguidores que continúa teniendo.
Podeis leer una antología de sus versos aquí.
Fotos: Retrato de Dylan Thomas: John McNab en Flickr | Centro Dylan Thomas: Swanseamarketing en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.