Uno de los dos rasgos ideológicos fundamentales que permiten considerar a la ‘Generación del 98′ como tal es su preocupación por España y los pueblos hispanoamericanos -el otro es la angustia existencial-. Todos sus miembros sufrieron el aldabonazo en sus conciencias del ‘desastre del 98′, que obligó a nuestro país a enfrentarse con su situación real: un pueblo que había sido rector del mundo se hallaba ahora en una situación atrasada intelectual e industrialmente y desposeída de toda influencia en las decisiones internacionales.

Caricatura de Ramiro de Maeztu
Consecuentemente, todos ellos mostraron su aprecio a la patria y propusieron ideas para su regeneración, aunque su espíritu contradictorio les hizo en muchas ocasiones presentar tesis opuestas. Recuérdese a Unamuno, que pasó del ‘hay que europeizar España’ al ‘hay que españolizar Europa’.
Pero, probablemente, de este grupo intelectual, quién más sintió como algo propio el desastre colonial fue Ramiro de Maeztu, el autor de ‘Defensa de la Hispanidad’, ya que su padre había nacido en Cuba y él mismo estuvo en la isla durante unos años.
Ramiro de Maeztu Whitney (Vitoria, 1874-Paracuellos del Jarama, 1936) era hijo de vasco (nacido en Cuba por vivir el abuelo allí) y de Juana Whitney, hija del cónsul inglés y protestante. Llevaba el periodismo en la sangre, pues su padre fundó el ABC en Vitoria, y, por tanto, fue un articulista de raza. De hecho, ésta fue prácticamente su única actividad literaria y la realizó a conciencia: se calcula que escribió unos quince mil artículos, publicados en un sin fin de periódicos.
Otro rasgo de su personalidad era el cosmopolitismo, derivado de ser hijo de español e inglesa y de haber residido en distintas partes del mundo. Además su esposa, Alice Mabel Hill, era igualmente inglesa.
El vasco fue una persona contradictoria –como casi todos los del 98-, hasta el extremo de que, desde un punto de vista ideológico, podemos hablar de dos Maeztus, entre quienes se produce una fractura que coincide, aproximadamente, con su participación como periodista en la Primera Guerra Mundial en el frente inglés, aunque un viaje ideológico de tal calibre no se pueda producir de un día para otro.
En efecto, en sus orígenes, nuestro hombre fue el más revolucionario de todos los autores del 98. Fuertemente influido por Nietzsche y profundamente anticlerical, se muestra muy crítico con la realidad española y propugna cambios radicales de carácter socialista o anarquista. A esta época pertenecen los artículos recopilados en ‘Hacia otra España’ (1899).

Casco antiguo de Vitoria, ciudad natal de Maeztu
Pero la experiencia inglesa y la Guerra de 1914 transforma sustancialmente a Maeztu. Comienza a operarse en él tal cambio ideológico que lo lleva aposiciones radicalmente opuestas a las anteriores. Se declara enemigo de todas las ideas de la Ilustración y del liberalismo y profundamente reaccionario. Al tiempo, se produce su conversión a una religiosidad profunda. Desde entonces, defenderá una monarquía católica de tipo tradicionalista que nos suena un tanto anacrónica. A este ’segundo Maeztu’ pertenece ‘Defensa de la Hispanidad’.
Este concepto –‘Hispanidad’- fue utilizado por vez primera y, por tanto, acuñado, por el sacerdote vasco Zacarías de Vizcarra, quién lo explicaba del siguiente modo: ‘…Para denominar a todos los pueblos de origen hispano diseminados por el mundo y a las cualidades que los distinguen de los demás’, entre las que era esencial el cristianismo. Inmediatamente, Maeztu adoptó el concepto como propio y se consagró a su defensa y difusión.
‘Defensa de la Hispanidad’, publicado en 1934, es una recopilación de los artículos que sobre el tema publicó el periodista vasco en la revista ‘Acción española’, fundada por él mismo, junto a Eugenio Vegas Latapie y el marqués de Quintanar en 1931, y el primero de los cuales –titulado precisamente ‘Hispanidad’- era a modo de un manifiesto y recibió el Premio Luca de Tena de periodismo.

Portada de una edición de 'Defensa de la Hispanidad'
Maeztu define la obra como ‘alegato en pro de la civilización hispánica y católica, en el que, a los principios de ‘Libertad, Igualdad y Fraternidad’ se contraponen los de ‘Servicio, Jerarquía y Humanidad’. Y, en efecto, el libro exalta la España imperial y su acción en América, cuya fuerza estuvo –y debe seguir estando, según él- en el credo católico, capaz de integrar a pueblos y razas distintas ( las que constituyen la ‘Hispanidad’).
Pero no se limita Maeztu a hablar del pasado. Defiende el carácter individual y peculiar de todos los pueblos hispanoamericanos: ‘los argentinos han de ser más argentinos, los chilenos más chilenos’, pero la Hispanidad es, para él, su común espíritu y la condición esencial para su éxito en el mundo. Es decir, no propugna un nacionalismo español, como pudiera parecer, sino, por el contrario, una defensa de las nacionalidades de Iberoamérica, en las que el sustrato común es la hispanidad.
Debemos señalar que estas ideas, que propugnaban la unión de los pueblos español y portugués con los americanos, a través del componente esencial de su carácter hispano no era exclusiva de Maeztu. En los años veinte y treinta, derechas e izquierdas, españoles y americanos, defendieron el mito hispánico como arma político-ideológica. Claro que, cada quién con un objetivo distinto. Así, las izquierdas exaltaban el componente indigenista y populista contra el colonizador yanqui, mientras que las derechas lo exhibían en contra del bolchevismo.

Zacarías de Vizcarra, creador del concepto de 'Hispanidad'
Pero Maeztu fue más allá. Para él, la Hispanidad no es una identidad político-jurídica, sino algo mucho más profundo: es la esencia cultural y religiosa de todos estos pueblos, que llevará al surgimiento espontáneo de una federación o confederación de ellos, bajo una monarquía católica.
Desde luego, las ideas políticas que propugnaban una monarquía de tipo tradicional están afortunada y definitivamente caducas, pero quizá no nos iría mal del todo si aplicásemos la tesis de una confederación de estados hispanoamericanos.
Al margen de sus ideas, Maeztu es un excelente escritor. Su prosa es clara y precisa, lejos de artificios retóricos innecesarios, puramente funcional, como debe ser tratándose de un periodista.
Sin duda, con el escritor vasco se puede estar de acuerdo o en profundo desacuerdo, pero no deja indiferente a nadie. Sus ideas políticas eran anacrónicas, pero otras quizá tuvieran más vigencia. En todo caso, su triste fin lo exime de sus errores.
Fotos: Caricatura de Maeztu: Uriel DaCosta en Wikipedia | Vitoria: Ardo Beltz en Wikipedia | Portada: Uriel DaCosta en Wikipedia | Zacarías de Vizcarra: Edmenb en Wikipedia

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4 Comentarios en “‘Defensa de la Hispanidad’, de Ramiro de Maeztu”
odio esta pagina es muy aburrida no sirve para nada
estas padrecemo
pero muy largo
jejejeje
Recomiendo mucho a los jovenes la lectura del gran intelectual y martir Maeztu, quienes NO abrigamos resentimientos mentales sexuales o sociales agradeceremos siempre la hispanidad, la prolepsis historica mas grande que haya existido.
En mi juventud leí este libro. Vivo en Uruguay un país otrora cálido y afectuoso pero que caminó hacia su autodestrucción por el sendero de la no Fe. Creer, en mi país, es pecado, no se puede creer en Dios, en la Patria, en un ideal. Es comun ver en nuestros muros “La iglesia que ilumina es la que arde” o “Un patriota, un idiota”. Rodeado por dos colosos (territorialmente hablando) estamos destinados a consumirnos por perder identidad, por perder los ideales federalistas de nuestro gran Artigas, ideales federalistas que encierran inevitablemente una raiz hispana (obviamente que preborbónica) y la tenacidad de políticos de cuya más pérfida raiz es un tal José Batlle y Ordóñez, déspota y tirano cuyo primer acto de gobierno en 1904 fue aplastar al pueblo, pueblo de identidad hispana, para crear una camarilla que se y le perpetuara en el poder. Lo demás es todo decadencia. Pero yo creo en lo pueblos y tengo fe en Dios que los ilumina. La luz de Defensa de la Hispanidad debería ser un rumbo que exaltara a unos pocos corazones para ir hacia la reconquista pacífica de nuestra identidad Hispano-Americana.
A Internet, tantas veces criticada, le debemos el poder acceder a libros que en nuestro país están interdictos.
De este libro de Maeztu y de “Al rey Óscar” de Rubén Darío con aquello de “MIentras el mundo aliente un sueño/ mientras haya una viva pasión, un noble empeño/una imposible hazaña/ una América oculta que hallar, vivirá España”, sacaremos norte y ejemplo para recuperarnos. Somos parte de España, de la eterna no de la circunstancial, y de ella nadie nos arrancará nunca.