La novela policíaca, comúnmente denominada ‘novela negra’, es uno de los géneros más populares hoy día. Sin embrago, sus orígenes son más cercanos que los de otras modalidades narrativas. Hay que remontarse a la genialidad de Edgar Allan Poe y sus narraciones sobre crímenes para encontrarlos. Posteriormente, autores como Conan Doyle con Sherlock Holmes, proporcionaron a la literatura investigadores universales.
No obstante, la verdadera explosión de popularidad del género se produjo en el siglo XX, de la mano de dos novelistas extraordinariamente dotados para él: Dashiell Hammet y su discípulo Raymond Chandler, creadores, respectivamente, de sendos detectives magistrales: Sam Spade y Philip Marlowe.

Despacho de la Agencia Pinkerton, para quién trabajó Hammett
Dashiell Hammet (Saint Mary, Maryland, 1894-1961) era ya un hombre experimentado cuando comenzó a escribir sus narraciones policíacas. Había ejercido varios trabajos, de los cuales el que más nos interesa para analizar su obra posterior es el de agente de la prestigiosa y mítica casa de detectives privados Pinkerton. Por si ello fuera poco, participó en las dos guerras mundiales y fue investigado por la Comisión McCarthy del Senado estadounidense.
Hammet proporcionó al género policíaco dos ingredientes esenciales. De una parte, la ambientación en los bajos fondos, en el mundo del hampa; y, de otra, una personalidad característica de sus héroes, polarmente alejados de los cánones de belleza clásicos, perdedores y, con frecuencia, de poco claro pasado. Además, si Holmes y otros investigadores resolvían sus caso mediante la lógica y la deducción, los protagonistas de Hammett lo harán a base de patear la calle en busca de pistas. Indudablemente, conocía bien –por su trabajo en la Pinkerton- el carácter de los detectives privados.
‘Cosecha roja’, publicada en 1929, es su primera novela. En este caso, el investigador no es Spade, sino otro de sus trasuntos, el detective innombrado de la Continental, evidente ejemplo de lo que señalábamos, pues es ‘un tipo gordo, cuarentón, testarudo y que no se casa con nadie’. Llamado a la ciudad minera de Personville por Willsson -dueño del ‘Herald’, periódico local- para que lo ayude, el investigador se encuentra a su llegada con que éste ha sido asesinado. Lo menos que puede hacer es desenmascarar al culpable.

Kalispell, en Montana, que muy bien podría ser el Personville de Hammett
Pero, a medida que va investigando, se encuentra con que la ciudad se halla dominada por cuatro mafiosos. Entonces se propondrá limpiarla de ellos, enfrentándolos entre sí para que se eliminen.
El estilo de Hammett es frío, escueto, como de informe policial. Y éste es otro de sus hallazgos: incorporar a la novela policíaca una prosa breve, de frases cortas, que va al núcleo del asunto, sin concesiones literarias, y que, con su frialdad, le permite distanciarse de los personajes. Además, introduce el habla de los bajos fondos y otro ingrediente muy importante y que haría fortuna: la figura de la mujer ‘fatal’.
Fotos: Agencia Pinkerton: Bkwillwm en Wikimedia | Kalispell: Avala en Wikipedia

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