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Poesía
Grandes líricos de la Generación del 27

‘Cima de la delicia’, de Jorge Guillén

Una poesía pura pero humana
Luís Martínez González
07:00h Miércoles, 27 de mayo de 2009
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El poeta puede tomar, fundamentalmente, dos actitudes ante su obra, las cuales fueron muy bien calificadas por el hoy casi olvidado pero grande entre ellos Blas de Otero: escribir ‘para la minoría siempre’ o bien ‘para la inmensa mayoría’. La primera de ellas significa que el lírico se ‘encastilla en su torre de marfil’, creando una poética personal, que, a su vez, puede desarrollarse por dos vías: la de la creación de belleza por sí misma, sin intentar transmitir mensaje alguno –tendencia poco habitual-, o la de someter el lenguaje poético a un proceso de depuración esencial que destaque lo que desea hacer llegar al lector.

Monumento a Jorge Guillén, en Valladolid

Monumento a Jorge Guillén, en Valladolid

Esta última tendencia, más o menos intensificada, es muy común entre los grandes poetas. Casi todos ellos han sucumbido a la tentación de –en algún momento- caer en ella. Y no nos referimos a la búsqueda de un lenguaje personal, que es el camino lógico de cualquier lírico, sino a la profundización en los recovecos del idioma para hallar su misma esencia, dando a cada término su valor primitivo. Es lo que se conoce como ‘poesía pura’.

Personalmente, a nosotros –sin discutir sus valores-, esta poesía no nos gusta. Preferimos el mensaje humano, notar el aliento del hombre que hay detrás del poeta, sus angustias, sus alegrías y sufrimientos. Ello no significa que defendamos el prosaísmo. En absoluto, la poesía que expresa sentimientos humanos puede ser bellísima desde un punto de vista externo. Hay un sin fin de ejemplos, pero, por citar sólo algunos, remitiremos a las creaciones de Machado, Neruda o Lorca, quienes mostraron inquietudes absolutamente humanas en versos estéticamente extraordinarios.

Viene toda esta disquisición a cuento porque nos proponemos hablar de un poeta que pasa por ser el principal representante de esta poesía ‘pura’ dentro de la Generación del 27: Jorge Guillén (Valladolid, 1893-1984) y de su poema ‘Cima de la delicia’.


Hombre culto, profesor universitario en varias de las instituciones más prestigiosas y Premio Cervantes en 1977, Guillén es, en efecto, un poeta puro, cuyas creaciones nos dejan tan sólo entrever la esencia de lo que trata de comunicar, pero nos resulta muy difícil comprender su escritura.

Plaza Mayor de Valladolid, ciudad natal de Guillén

Plaza Mayor de Valladolid, ciudad natal de Guillén

Él mismo protestó contra esta clasificación de poesía pura a la que se sometía su obra, alegando que era partidario de una lírica compuesta, en la que, junto a la esencialidad de lo estrictamente poético tuvieran cabida las cosas humanas. Y, en efecto, como decíamos, la lectura de sus creaciones nos deja –por decirlo de algún modo- la noción general de lo que trata de comunicarnos, ya sea alegría, gozo o tristeza, pero la composición de sus frases, sus oscuras comparaciones y las mismas palabras hacen que sea muy difícil interpretar la literalidad de lo que dice.

Todo ello es fruto de un lenguaje sumamente elaborado, sometido a un profundo proceso de depuración, de selección y de condensación que, en muchos casos, nos deja fríos. Hay que leer el poema varias veces para entender mínimamente el mensaje que trata de transmitir.

Así, aunque la crítica ha tratado de ver una coherencia total en los contenidos de su poesía, nosotros tan sólo la vemos en sus aspectos formales. El lenguaje poético de Guillén es siempre el mismo, caracterizado por los rasgos que hemos tratado de explicar. Pero la unidad temática, de contenidos, sinceramente, no la vemos por ningún lado. El poeta, indudablemente, tenía esa intención, ya que manifestó que, desde un principio, ‘pensaba ya en una obra como unidad orgánica’ e incluso agrupó toda su producción bajo el título global de ‘Aire nuestro’, pero una cosa es la intención y otra muy distinta su posterior desarrollo.

Juan Ramón Jiménez, del que Guillén fue declarado seguidor

Juan Ramón Jiménez, del que Guillén fue declarado seguidor

Su obra lírica abarca cinco ciclos: ‘Cántico’, ‘Clamor’, ‘Homenaje’, ‘Y otros poemas’ y ‘Final’. Pero, así como el primero, constituido por un único libro que lleva ese título, es expresión de entusiasmo ante el mundo y de alegría de vivir y canta al amanecer, a la primavera y al amor, el segundo, ‘Clamor’, formado por tres libros –‘Maremagnum’, ‘Que van a dar en la mar’ y ‘A la altura de las circunstancias’-, se halla conformado por poemas que son verdaderos gritos de protesta ante los horrores y miserias del momento histórico; ahora expresará su malestar ante un mundo mal hecho y tratará de dar testimonio de las injusticias, del dolor, de la miseria y del desorden.

Por su parte, ‘Homenaje’ nada tiene que ver con los anteriores, que venían a ser cara y cruz de la realidad. Recoge una serie de poemas dedicados a diversas figuras históricas y literarias –Homero, Fray Luis de León, Salinas, Lorca, Rilke, etc-. Y las dos últimas partes de su obra aportan poca novedad al conjunto.

Como podemos apreciar, la unidad temática dista mucho de existir. No obstante, en su producción predomina el optimismo frente al pesimismo. Como él mismo dijo, ‘es cántico a pesar de clamor’.

‘Cima de la delicia’ pertenece a su primer libro, ‘Cántico’, publicado en 1928, aunque contiene poemas escritos desde 1919, y que ha sido considerado su obra cumbre y uno de los libros más importantes de la lírica europea del siglo XX. La composición, como decíamos, proclama el entusiasmo de vivir del autor ante un paisaje transparente apenas descrito, con un lenguaje profundamente condensado, en el que cada verso alcanza autonomía expresiva y relieve. La composición está escrita en heptasílabos y con rima asonante repartida de forma peculiar.

Universidad de Oxford, en cuyas aulas Guillén impartió clases

Universidad de Oxford, en cuyas aulas Guillén impartió clases

El poema constituye un ejemplo evidente de los rasgos atribuidos a la poesía de Guillén. Como señalábamos con anterioridad –y sin discutir sus calidades- a nosotros no nos gusta. Entre los versos humanos de, por ejemplo, un Antonio Machado, hermosos, claros, diáfanos y lúcidos, y los oscuros de Guillén, indudablemente, nos quedamos con los primeros.

Y es que no entendemos ese empeño de algunos poetas por convertir sus creaciones en mensajes crípticos que solamente comprenden ellos. La poesía no necesita de jeroglíficos para ser bella. Resulta mucho más hermosa, a nuestro juicio, la poesía sencilla y cargada de contenidos humanos que estos juegos de malabares con el idioma.

Fotos: Monumento a Guillén: Queninosta en Wikipedia | Plaza Mayor de Valladolid: Pelayo2 en Wikipedia | Juan Ramón Jiménez: Claudio Elías en Wikipedia | Universidad de Oxford: Manvyi en Wikipedia

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