Sin que sepamos muy bien por qué, siempre se ha creído que escribir literatura infantil es más fácil que hacerlo para los adultos. Probablemente, se deba al hecho de que el lenguaje de los niños es más básico que el de los mayores y, por tanto, la composición literaria es menos compleja.
Pero esto es un craso error -a nuestro juicio-, ya que, para conseguir interesar a un niño en la lectura, hace falta conectar con sus inquietudes y gustos y, para un adulto, esto resulta muy dificultoso. De hecho, si repasamos la nómina de grandes escritores especializados en literatura infantil, nos llevaremos la sorpresa de comprobar que son más bien pocos: Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Charles Perrault y unos pocos más.
De entre éstos, probablemente sea el francés Charles Perrault (París, 1628-1703) quién ha legado a la posteridad el mayor número de relatos infantiles populares que han hecho las delicias de niños del mundo entero. Destacado personaje de la Corte de Luis XIV, abogado y rector de la Academia Francesa, contaba sesenta y nueve años cuando presentó sus Historias o cuentos del pasado, más conocidos por Los cuentos de mamá Gansa, en los que se incluían, entre otros, El gato con botas, Cenicienta, La bella durmiente del bosque, Caperucita roja o Pulgarcito, relatos que han dado la vuelta al mundo y divertido a niños de todas las épocas y generaciones.
Son narraciones tomadas de la tradición oral, procedentes de leyendas medievales y del folclore popular francés, o de corrientes cultas, como el Renacimiento italiano. Pero Perrault los reelabora acertadamente, elevándolos a categoría de atemporalidad, es decir, convirtiéndolos en relatos que se hallan por encima del paso del tiempo y que resultan tan educativos y lúdicos en el siglo XVII como en el industrializado y moderno siglo XX o el informatizado XXI.
Es ocioso recordar la trama de un cuento como Caperucita roja, todos lo conocemos. Lo que sí resulta interesante señalar es como en él, excepcionalmente, triunfa el mal.
Pero ello no se debe a que se exalte éste, sino a que la protagonista no simboliza el bien, sino la ingenuidad despreocupada y, en este sentido, lo que la obra trasmite es que uno no debe ser excesivamente confiado. Por tanto, su moraleja es buena, a fin de cuentas: debemos ser prudentes en nuestro trato con los demás.
Por otra parte, el lobo no es un ser perverso, tan sólo trata de satisfacer sus instintos animales, es decir, alimentarse, aunque para ello se valga de engaños y argucias y es la inocencia de Caperucita la que le facilita las cosas.
Probablemente, Perrault jamás pensó que sus sencillos cuentos iban a tener el éxito que obtuvieron y la vigencia de que continúan disfrutando, pero es indudable que supo adaptar su mente de adulto a la de los niños y encajar a la perfección con sus gustos.
Podéis leer la obra aquí.
Fotos: Ilustración de Caperucita roja: Metal.lunchbox en Wikipedia | Monumento a Perrault: TV Boy en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
e un cuento infantil muy bueno que sirbe para losniños de enzenñanza de no confiar de personas desconocidas