El Modernismo es, probablemente, la mayor revolución producida en la poesía en los últimos siglos. Fue tal su labor de enriquecimiento de la lírica en cuanto a musicalidad, metros, estrofas y vocabulario que sus efectos perduran aún hoy en día.
Aunque existen algunos precedentes -José Marti, José Asunción Silva o Salvador Rueda, por ejemplo-, el origen del movimiento se cifra en la publicación de Azul, de Rubén Darío (Metapa, Nicaragua, 1864-1916), uno de los poetas más extraordinarios que haya dado la literatura en castellano.
Formado en la lírica francesa, especialmente en las corrientes simbolista y parnasiana, pronto alcanzó una voz propia de altura incomparable. Del Parnasianismo de Gautier y Leconte de Lisle tomó el gusto por la belleza, por el pasado y por lo exótico y oriental. Por su parte, del Simbolismo de Verlaine y Mallarmé el interés por las metáforas insólitas y, sobre todo, por la sinestesia.
De esta forma, los rasgos predominantes del Modernismo serian la búsqueda de formas bellas, pulcras y sonoras, el gusto por el pasado y lo exótico, la experimentación formal y el predominio de figuras retóricas que establecen relaciones inusuales e incluso insólitas entre los conceptos.
Se trata, en suma, de un movimiento tan cosmopolita como su creador. Y es que Darío fue un autentico trotamundos, que recorrió toda la América latina y estuvo varias veces en Madrid y en su adorado París, como si de un apóstol de la poesía se tratase. Dandy y bohemio a un tiempo, estableció, asimismo, contactos con casi todos los poetas de su tiempo, en quiénes influiría poderosamente con su magisterio.
Canción de otoño en primavera es, posiblemente, una de sus composiciones más conocidas. Sus primeros versos –‘Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!’- han sido recitados por los niños de las escuelas de medio mundo. Se trata de una obra en que el nicaragüense evoca sus años pasados a través de las distintas relaciones sentimentales que ha tenido. Cargado de nostalgia, revela un tono más íntimo que en otras obras y, consecuentemente, el léxico es también más sencillo. De este modo, el poema se desliza suavemente, como una leve melodía.
Curiosamente, el Modernismo fue considerado en sus inicios de forma despectiva, como un movimiento de bohemios y excéntricos. Seria la fuerza de un incomparable talento como el de Darío la que acabaría imponiendo su estilo que, como decíamos al inicio, supuso un inagotable caudal de aires renovadores para la lírica hispanoamericana.
Podéis leer el poema aquí.
Fotos: Rubén Darío: Jack Brave en Flickr | Casa natal: Tomás en Flickr

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
muy iteresante creo que deberia saber mas sobre el tema porque en 1983 Rubén Dario tuvo una aventura con e
alguien
en 1983 estaba muerto…
cierto estaba muerto debes confundirte de año