En la trayectoria creativa de todo poeta se aprecian variaciones. Es inevitable que se vea influido por las corrientes literarias de cada momento y éstas le hacen evolucionar. Pero, por debajo de estos cambios, subyacen unas constantes inalterables que constituyen la esencia de su lírica.

El poeta César Vallejo
Por ejemplo, a lo largo de toda la obra de Rubén Darío observamos una permanente insatisfacción vital y una extraordinaria belleza en las formas. En Pedro Salinas, un constante canto al amor o en Juan Ramón Jiménez una agotadora búsqueda de la esencialidad de la palabra.
En este sentido, si hubiera que señalar una constante en la obra del peruano César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892-1938), ésta sería indudablemente el dolor. Efectivamente, el sufrimiento –tanto propio como ajeno- se halla presente en todos y cada uno de los versos que escribió. Y, junto a ello, una permanente inquietud renovadora de las formas líricas que no se contradice en absoluto con su independencia.
Pero, como ocurre con todo principiante, su primer libro –Los heraldos negros (1918), título harto significativo de lo que venimos exponiendo- aún debe bastante al Modernismo. No obstante, trata de superar esta tendencia con un lenguaje más parco, menos abundante en ornamentación, y a veces de extraordinaria hondura. La tristeza preside todo el conjunto.
Tras él, llegaría Trilce (1922), uno de los libros de poemas más audaces que se hayan escrito en castellano. Dentro de la lírica de vanguardia, rompe con las técnicas tradicionales tanto desde la perspectiva de las formas como del contenido. Pero por debajo de ello seguimos encontrando una profunda tristeza que se acompaña de una amarga protesta.
No obstante, su obra cumbre aún estaba por llegar. Se trata de Poemas humanos, publicada tras su muerte. Calificado por la crítica como “uno de los libros más importantes que se han escrito sobre el dolor humano”, aúna amargas confesiones personales con una fuerte inquietud social. Todo ello envuelto en formas no menos audaces.

Casa natal de Vallejo en Santiago de Chuco
Al primero de los libros citados, Los heraldos negros, pertenece el poema Bordas de hielo, una breve composición en la que el autor, con la excusa del vapor que ve pasar todos los días, muestra su tristeza porque un día dejará de hacerlo. Se habrá ido, excesivamente castigado por la vida.
Este tono dolorido se acompaña con imágenes audaces, como las de la primera estrofa –”tu labio es un brevísimo pañuelo rojo que ondea ¡en un adiós de sangre!”- y un lenguaje en apariencia sencillo pero rigurosamente trabajado y escogido que utiliza de modo simbólico la terminología marina.
Podéis leer el poema aquí.
Fuente: Centro Cultural Universidad Católica de Perú.
Fotos: César Vallejo: JohnManuel en Wikimedia | Casa natal de Vallejo: Carlos Adampol en Flickr.

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
Encontre unos videos excelentes que son perfectos si uno quiere meterse en la vida completa de vallejo y enterarse de las Narracion de su muerte de la mano de su Sobrino en Vida:
http://www.youtube.com/watch?v=TnKO2ebpGQc …Vida
http://www.youtube.com/watch?v=92nRwAZHHBE …Obra
El video es buenisimo porque explica TODO solo el audio que mmmm. Veanlo, Recomiendenlos comentenlos
bonitome gusto la parte del dolor y el sufrimmiento muy lindo pero yo pedi un maldito poema porque royas no sle