En mayo de 1880, Émile Zola, patriarca del Naturalismo, y cinco amigos más se encerraron en una villa de Médan para discutir sus distintos puntos de vista sobre la técnica de novelar. Fruto de ello fue una antología de relatos breves, ‘Las veladas de Médan’, todos ambientados en la Guerra Franco-Prusiana de 1870, y precedidos de un prólogo que exaltaba las tesis naturalistas frente al romanticismo social que venía cultivándose.

Guy de Maupassant
Pero, además, esa reunión sirvió para dar a conocer a un joven narrador de excelentes cualidades: Guy de Maupassant, quién participó en la antología con ‘Bola de sebo’ y que, desde entonces, desarrollaría una frenética actividad creadora.
Maupassant (Dieppe, 1850-1893) es, probablemente, el discípulo de Zola dotado de mayor calidad literaria, hasta el punto de que perfecciona el Naturalismo desarrollado por éste. Contaba además con la ventaja de que -si el maestro recorría los bajos fondos, libreta en mano, anotando lo que veía-, su discípulo era parte activa de aquellos ambientes de alcohol, mujeres y drogas: participaba en ellos a diario. Probablemente, ello le costó la salud y la cordura, pues, tras un intento de suicidio, murió loco en una clínica mental de Passy.
Para entonces, ya había escrito veinticinco volúmenes narrativos, que incluyen relatos breves y extensos y conforman una historia clínica y social de la Francia de su época –lo que los franceses muestran con orgullo y también lo que no quieren reconocer-, a través de sus clases sociales.
Pero ‘Bola de sebo’ (1880) es el relato que lo lanzó a la fama. Ambientada, como decíamos, en la Guerra Franco-Prusiana -aquella humillante derrota para los franceses-, constituye una feroz sátira social de la hipócrita sociedad de su país.
Varias personas huyen en una diligencia de la ocupación prusiana, dotadas de un salvoconducto. Entre ellas, se halla una cortesana, Isabel Rousset, conocida como ‘Bola de sebo’. Durante el primer día de viaje, a pesar de que todos la desprecian, ella comparte su comida con los demás. Hacen alto en una posada, donde un oficial germano les impide seguir, salvo que la prostituta acceda a pasar la noche con él. Ésta se niega hasta que es convencida por todos sus compañeros de viaje.

Napoleón III y Bismarck reunidos durante la Guerra Franco-Prusiana
Al día siguiente, continúan viaje. Todos desprecian a ‘Bola de sebo’ aún más si cabe, a pesar de que, gracias a ella, han podido continuar. Sacan su comida y, aunque la cortesana no ha podido preparar nada debido a su agitada noche, todos se niegan a compartir sus provisiones con ella.
Como vemos, Maupassant ejecuta una feroz crítica de la hipocresía de estos viajeros, que el primer día han comido gracias a la prostituta e igualmente han podido continuar su fuga gracias a ella, pero que se niegan a darle algo de sus alimentos. Y, como quiera que, entre los viajeros se encuentran elementos representativos de todas las clases de la sociedad –comerciantes, aristócratas, monjas y un demócrata radical-, la crítica social no puede ser más feroz.
El estilo, acorde con las técnicas naturalistas, es directo y distante. El autor se muestra como observador imparcial, aunque no deja de proporcionar al relato un trasfondo irónico.
Fotos: Guy de Maupassant: Gabor en Wikipedia | Napoleón III y Bismarck: Immanuel Giel en Wikipedia

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.
Crudo como su vida misma. Sin duda uno de esos libros que una vez leído ya nunca más podrás olvidar.