Baltasar Gracián, faro y guÃa del hombre virtuoso
El periodo histórico que conocemos como Barroco y que viene a coincidir con el siglo XVII fue una etapa de pesimismo vital. Frente al Renacimiento, que conferÃa al hombre el papel de eje del Universo y exaltaba el goce de la vida, el Barroco es un nuevo periodo de crisis y, sobre todo, de desorientación, cuya concepción del mundo y del ser humano es negativa.
Portada de la obra
Por ello, no es de extrañar que uno de los géneros que mayor auge cobraron fuese la prosa doctrinal de intención didáctica, cuyo objetivo primordial es facilitar al hombre una guÃa de conducta en este mundo hostil, generalmente a través de la religión.
Revestida de distintos moldes literarios –puede presentarse en forma de novela, de ensayo o incluso poética-, constituye uno de los cauces expresivos del conceptismo propio del Barroco, el cual se basa en la preponderancia del contenido sobre las galas retóricas, en la expresión de ideas mediante una prosa desnuda que halla en la antitesis, la contradicción y el ingenio intelectual sus principales aliados estilÃsticos.
Uno de sus mejores cultivadores fue el aragonés Baltasar Gracián (Belmonte de Calatayud, 1601-1658). Jesuita dedicado a la predicación, tarea habitual entre los clérigos de la época hasta el punto de que algunos adquirieron tal fama que se acudÃa a escucharlos desde lugares lejanos –probablemente Paravicino sea el más popular de ellos-, toda su creación literaria se preocupa de enseñar normas de conducta vital a sus conciudadanos. TÃtulos como El polÃtico, El discreto u Oráculo manual y arte de prudencia dan buena prueba de ello.
Pero la mejor y más conocida obra de Gracián es El criticón, publicada en tres partes entre 1651 y 1657. Adoptando como forma la novela, se trata de una alegorÃa que muestra un código de conducta cristiano para vivir virtuosamente.
El mundano y racional Critilo naufraga en la isla de Santa Elena, donde es acogido por el joven Andrenio, criado en la selva y, por tanto, prototipo de lo que más tarde Rousseau llamarÃa ‘el buen salvaje’. Ambos parten en busca de Felisinda, amada de Critilo, en una peregrinación simbólica en la que se van encontrando con la Razón, el Interés, la Fortuna o la HipocresÃa, y de todos aprenden algo.

Casa solariega de los Gracián
De acuerdo con los deseos del autor, contrastan la figura del ingenuo Andrenio y la del experimentado Critilo, que representan dos formas de afrontar el mundo, una inocente y la otra más escéptica y pesimista. Y es que, siguiendo la concepción barroca de la vida, la narración trasluce una visión desengañada del hombre y de la sociedad.
Al margen de su intención, se ha relacionado la obra con la novela bizantina o de aventuras e incluso con la picaresca, por el recorrido vital de los protagonistas, pero la tesis más aceptada es la que la identifica con una epopeya alegórica sobre la vida del hombre. Sea como fuere, se trata de un texto plagado de significados y que puede interpretarse de distintas formas, pero, sobre todo, de una narración extraordinariamente escrita.
Podéis leer la obra aquÃ.
Fotos: Portada de la obra: Escarlati en Wikimedia | Casa de los Gracián: Apudepa en Flickr
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