Hernán Casciari es uno de los bloggers más conocido en el mundo de las letras hispanas. Lo descubrí casi de casualidad, leyendo un artículo sobre los premios que otorga la emisora alemana Deutsche Welle. Estos premios, denominados The bobs son el equivalente Internet (perdón por la ridícula comparación pero es necesaria para entender la importancia -quizás superficial- de estos premios) de las estatuillas de Hollywood llamadas Oscar. Lo cierto es que, desde 2004, ya se han instalado como los grandes galardones del mundo Internet, seleccionando y eligiendo a los mejores sitios en sus diferentes categorías: diseño, publicidad, animación, navigación y otros. Bueno, en el 2005 el blog de Hernán Casciari “Diario de una mujer gorda” fue elegido como el mejor blog de lengua española y la noticia comenzó a repandirse rápidamente.

Ahora bien, el Diario de una mujer gorda no fue la única invensión literaria de este argentino radicado en Cataluña. Podemos citar por ejemplo su otro blog “Juan Dámaso, vidente”, un sitio en el que Juan Dámaso Miranda propone vaticinios (acertados o no) sobre el futuro. Cada entrada es un vaticinio y al vencimiento de la fecha propuesta por el vidente realiza una actualización en el post en el que escribe si su visión se ha cumplido o no. Así se presenta el personaje creado por Casciari:
Mi nombre es Juan Dámaso Miranda, y como algunos sabéis, tengo un don. En esta página (que no tiene más pretensión que dejar constancia de mis videncias) os digo lo que ocurrirá. Si ocurre lo que predigo, gano yo. Si no ocurre, pues gana la banca.
Si bien este blog alcanzó una importante popularidad (sus textos alcanzaban los 1500 comentarios), la creación que terminó por dar a conocer a este escritor fue su blogonovela premiada por la Deutsche Welle. El éxito fue tal que la editorial Plaza & Janés decidió publicar la versión impresa de su blog bajo el título de Más respeto, que soy tu madre.


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En lo que concierne al gentilicio tarasco, existen dos teorías sobre su origen. Fray bernandino de Sahagún acerca el término tarasco al nombre del dios Taras, uno de las divinidades que adoraban los michoques. La ortografía de la palabra Taras varía bastante. Encontramos: Tharas, Thares, Tharés-upeme o Turésvpeme. Desde el punto de vista etimológico, el vocablo hace referencia a la divinidad original, primera. En lengua purépecha (lengua de los tarascos) “tarhe” significa “antiguo, viejo”.
Como acabamos de verlo con estos ejemplos, estas nociones están estrechamente vinculadas a la noción de autenticidad. Una obra es considerada como una obra con múltiples instancias cuando ella puede ser reproducida en múltiples ocurrencias sin perder su autenticidad. Lo contrario ocurre con la pintura, ya que cualquier copia, cualquier ocurrencia de un original deriva en una falsificación. Sin embargo, según Roger Puivet, en el arte de masa, el hecho de estar en presencia de una pintura original ya no tiene más importancia. Los museos, con la venta de reproducciones y las imágenes publicadas en los libros de arte o en Internet, centran la acción en la “puesta en tipo” o “tipificación” de la obra, de manera a asegurar su difusión y su perennidad. Así, las pinturas propuestas en los museos funcionan como tipos, como objetos primeros que estuvieron al origen de toda una serie de ocurrencias. La visita a esos establecimientos se transforma entonces en una suerte de peregrinaje en el que los visitantes buscan ese objeto-prototipo mientras que compran, al regresar, múltiples ocurrencias del mismo. En esta perspectiva, el rol de la pintura podría ser comparado al del libro, cuando los admiradores de un determinado escritor se apuran a comprar o contemplar el manuscrito original de su autor fetiche.

