Arsène Lupin, el ladrón aristocrático
Algunos personajes literarios han tenido tanto éxito que su fama ha desbordado a sus propios creadores. Son criaturas de novela –frecuentemente también llevados al cine- con las que todos hemos disfrutado, ya sea como lectores, ya como espectadores. Sin embargo, en muchos casos, el escritor que los creó ha quedado en un segundo plano dentro del mundo de la Literatura, sin pasar de una gris nombradÃa.
Uno de estos casos es el de Arsène Lupin, el ladrón de guante blanco creado por el galo Maurice Leblanc (Ruán 1864-1941) y que constituye en Francia un caso similar de popularidad al de Sherlock Holmes en Gran Bretaña, con el que, por cierto y a pesar de hallarse en el lado opuesto de la Ley, posee muchas similitudes.
Como éste, Lupin posee abundantes conocimientos teóricos: ha estudiado Derecho y Medicina y se defiende en latÃn y griego. Por si ello fuera poco, sabe de prestidigitación, practica las artes marciales y el boxeo y tiene una extraordinaria capacidad deductiva. Además, es un hombre elegante y seductor, que se maneja extraordinariamente bien en los salones aristocráticos. Incluso posee una vertiente juguetona que le hace provocar a la policÃa con sus golpes, ya que nunca son capaces de inculparlo. Jean Paul Sartre lo bautizó como “Cyrano de los bajos fondos” y otros le han llamado “Robin Hood moderno”.
Según parece, Leblanc se inspiró para su nombre en un consejero municipal de ParÃs llamado Arsène Lopin -lo cual nos muestra que la corrupción polÃtica no es exclusiva del presente, aunque sea flaco consuelo- pero, ante el enfado de éste, lo cambió por Lupin. Otras fuentes, menos perversas, señalan como modelo del personaje al anarquista Marius Jacob, cuyo proceso judicial fue muy seguido en la Francia de 1905.
En cualquier caso, las aventuras de Lupin son un reflejo de la sociedad de la Belle Epoque. Ya desde el momento de su aparición, alcanzó enorme popularidad entre los lectores galos y proporcionó a Leblanc pingües beneficios económicos. Sin embargo, el escritor siempre quiso ser como Flaubert, un retratista de almas, y jamás llevó bien que su fama se debiese a este personaje. De hecho, llegó a obsesionarse con él hasta el punto de firmar como Arsène Lupin en algún restaurante. En cualquier caso, la nieta de Leblanc ha convertido la casa familiar de verano en un museo interactivo sobre la creación de su abuelo. Se halla en el pueblo normando de Etretat y a la entrada se advierte a los visitantes que guarden bien sus carteras, “pues nunca se sabe”.
Fuente: Arsène-Lupin.
Foto: Smlp.co.uk.
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