A fines del siglo XIX, Rusia era aún un país casi feudal. La servidumbre había sido abolida en fecha tan tardía como 1861 y la miseria y el analfabetismo estaban muy extendidos. Por otra parte, una burocracia férrea –que tan bien describiera Dostoievski- hacía la vida del estado casi imposible y la policía zarista velaba por el poder absoluto del máximo dirigente.
Por todo ello, cuesta trabajo comprender que en esa sociedad surgiera una literatura tan brillante. En un breve periodo de tiempo coinciden autores de la talla del citado Dostoievski, Tolstoi, Turgueniev o Antón Chéjov, que elevan a las letras rusas a la cima de las universales, con obras que combinan la técnica realista con unos contenidos en que lo espiritual ocupa un lugar relevante.

Art Theatre, en Moscú, donde Chéjov -en el recuadro- estrenó sus obras
Antón Chéjov (Taganrog, 1860-1904) vivió en su infancia algo que parece consustancial al literato: la ruina económica. Es como si ésta agudizara el ingenio de los escritores –un día debería hacerse la nómina de los grandes creadores que pasaron penurias de dinero-. La falta de recursos le impulsó a colaborar con distintas publicaciones y, así, forjar un excepcional talento literario.
Pese a todo, logró terminar la carrera de Medicina y comenzar a ejercerla, aunque no debía tener excesiva vocación o, al menos, la tenía mayor por la literatura, pues continuó escribiendo.
Fue un extraordinario autor de relatos breves y cuentos, cuyos argumentos son extraídos de la sociedad rusa, en lo que no se diferencia de otros narradores del momento. La realidad es que ésta era tan absurda que superaba a cualquier ficción y, para comprobarlo, basta leer el titulado El gordo y el flaco.
Pero Chéjov fue, así mismo, un extraordinario dramaturgo que revolucionó el teatro universal. Y buena muestra de ello es El jardín de los cerezos, estrenada en 1903 y que constituye, junto a La gaviota, Tío Vania y Las tres hermanas, el corpus principal de su obra dramática.

Plaza Roja de Moscú, ciudad unida a Chéjov
En El jardín de los cerezos, Chéjov muestra la decadencia económica de la aristocracia rusa. Una nueva burguesía se estaba imponiendo e instaurando su espíritu práctico. Ranévskaia y Gáev se ven en la obligación de vender su finca, donde han vivido toda su vida, a Lopajin -exponente de la nueva clase social y descendiente de siervos- quién desea construir allí un centro vacacional. Y, al final, se escuchan los hachazos que van talando los cerezos del jardín.
Chéjov funde los elementos satíricos hacia la vieja clase con los líricos en un mismo contexto, lo cual impide poder interpretar la obra en un solo sentido. Y es que los dramas del ruso se caracterizan por la diversidad de tramas y, sobre todo, por presentar el conflicto del hombre consigo mismo y con las poderosas fuerzas que dominan al ser humano y a la sociedad.
Podeis leer la obra aquí.
Fotos: Art Theatre: Pablo Sánchez en Flickr | Plaza Roja de Moscú: Grikah en Flickr

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1 Comentario en “Antón Chéjov y la decadencia de la Rusia zarista”
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