El Romanticismo inglés es, sobre todo, lírico, ya que sus mejores frutos se dieron en la poesía. Pero, más aún, es una actitud que tiene mucho de pose, la del poeta romántico por excelencia: rebelde, de conducta escandalosa para la sociedad y amigo de la causa de la libertad de los dominados frente a sus conquistadores.

Retrato de John Keats
Tres nombres fundamentales presiden la literatura de la época: Lord Byron, Percy Bysshe Shelley y John Keats. Ellos marcan la pauta de la conducta citada que, como decíamos, tiene mucho de pose estudiada y bastante menos de realidad, ya que se preocuparon muy mucho de difundir sus actos escandalosos –sexualidad desbocada, relaciones incestuosas, hazañas bélicas-. Habría que profundizar más en su vida para saber lo que en ello hay de cierto y lo que es mero egocentrismo.
Curiosamente, el más romántico de los tres por su obra es el que menos se ajusta al estereotipo del poeta de la época -quizá la tuberculosis que padeció toda su vida sea la culpable de ello-: Keats es, además, el de mayor calidad lírica.
John Keats (Londres, 1795-1821), a diferencia de sus dos compañeros, no era de origen aristocrático (su padre era propietario de una caballeriza) y quedó huérfano a los diez años. A pesar de ello, recibió una cuidada educación y se graduó en Farmacia, profesión que jamás ejerció seriamente.
El poeta y editor Leigh Hunt le introdujo en los círculos poéticos románticos y publicó sus primeras composiciones. Fue amigo de Byron y Shelley, pero jamás participó de sus correrías por media Europa. Muy al contrario, vivió consagrado a la poesía y tan sólo escandalizó a la pacata sociedad victoriana cuando se enamoró de Fanny Brawne.
Muerto con tan sólo veintiséis años, legó una breve obra poética pero de extraordinaria calidad. Algunas obras, como ‘Endymion’, ‘La hermosa dama sin piedad’ o ‘Lamia’, poco comprendidas en su época, se encuentran hoy entre las grandes composiciones líricas de la Literatura inglesa.

Isla de Wight, donde Keats pasó escribiendo una fructífera temporada
Keats es, además, un poeta muy cercano. Sus temas –el amor, la belleza en la Naturaleza y el arte, la fugacidad de la vida o el deseo de morir- carecen de cualquier artificio filosófico. Al contrario, se hallan enfocados desde un punto de vista humanísimo.
Formalmente estetizante, en el sentido de búsqueda de la belleza, ello no hace su poesía fría o lejana al lector. Sus temas son demasiados consustanciales al ser humano como para resultar distantes. Otro rasgo destaca en ella: la concreción descriptiva, que hace que podamos captar a la perfección lo que nos está presentando.
Fotos: John Keats: Dcoetze enWikipedia | Isla de Wight: Ulayiti en Wikimedia

Coincidiendo con el centenario de la publicación de la novela, una iniciativa española reeditará la obra de Bram Stoker junto con un documental y contenido extra. Llegará el próximo 20 de abril de 2012.